Las últimas décadas han servido de caldo de cultivo para poder entender la situación en la que nos encontramos en la actualidad. Años y años de apuesta por los plásticos y la inconsciencia de gran parte de la población, ha provocado que, en la actualidad, nos veamos abocados a un cambio drástico en nuestros hábitos de consumo. Ahora bien, ¿hasta qué punto es tan grave la situación?

Desde hace varios años, la contaminación presente en los océanos no ha parado de incrementarse. Al comienzo, los restos de lenta degradación terminaban volviendo a las playas, pero la confluencia de las mareas y las corrientes ha provocado que botellas y todo tipo de envases hayan ido a parar a miles de kilómetros del comienzo de sus respectivas travesías.

El plástico termina desplazándose en el mar miles de kilómetros desde su punto de origen

Multiplicado esto por millones de toneladas de material plástico, ha provocado que hayan comenzado a aparecer auténticas balsas de agua mezclada con botes de plástico. Estos deambulan por los océanos, pero el destino de dichas corrientes los junta, creando auténticas islas de varias decenas de metros en mitad del mar. ¿Esto nos brinda una oportunidad?

Por supuesto que sí. El mejor aliado en estos casos, aunque parezca extraño, son los satélites. Estas unidades presentes en la atmósfera nos permite contar con imágenes que están sucediendo en tiempo real. Utilizar esta solución para acabar con una buena parte de los vertidos que han acabado en el agua puede servir para devolver a dicho ecosistema una parte de lo que fue en su día.

¿Cómo actúa esta tecnología para poder recuperar del mar unos deshechos que pueden llegar a tener una segunda oportunidad gracias a las tareas de reciclaje? Veamos cómo una alternativa de estas características puede jugar un gran papel en el reto que se nos presenta en los próximos años para preservar la calidad del agua.

Una alarma social que está comenzando a hacer mella en la sociedad

Según se puede leer en el portal tecnológico Hoy, se estima que cada año se produce el vertido de hasta 9 millones de toneladas de plástico en todo el mundo, algo que provoca importantes efectos en los múltiples ecosistemas a los que afecta. A ello hay que añadir, además, la gran dificultad que existe en términos de degradación del plástico. Estamos, por tanto, ante una amenaza internacional de primer orden.

Las bolsas de plástico se han convertido en un problema de talla mundial en la contaminación. Libre mercado

Tal y como destaca el citado medio de comunicación, la mayoría de los islotes creados a partir de los deshechos está presente entre las coordenadas 135° a 155°O y 35° a 42°N, un espacio en el que se produce la intersección de varias corrientes marinas de gran calado. La detección de estas manchas son claves para que equipos encargados en la materia consigan neutralizar una buena parte del plástico.

Entre los residuos cabe destacar la presencia de toallitas o botellas de detergente

Aun así, a día de hoy se están generando otros grupos de restos en otras áreas del mundo, algo que no pasa desapercibido para los satélites que cubren dichas distancias. Esto es fundamental para conseguir reducir los niveles de contaminación presentes en el mar, algo que está acabando con parte de la fauna y flora marina. El avistamiento de estos productos desechables, como ves, es esencial.

La disposición de esta herramienta, creada principalmente para otros usos, ha adquirido una mayor relevancia desde que se comenzó a tener constancia de los puntos calientes de concentración de materia orgánica. Al fin y al cabo, la propia naturaleza nos ofrece la opción de devolver un cierto orden al fondo marino. ¿Por qué no aprovecharlo?

Una contaminación procedente de tierra y de las actividades pesqueras

El grueso de la contaminación que afecta a los océanos está constituido por botellas y demás envases que han sido lanzados desde el firme. Sin embargo, es posible y, de hecho, sencillo, encontrar material propio de los barcos de pesca. En este sentido, las redes son ya algo común en las múltiples misiones que se organizan para sacar del agua los residuos.

Las expediciones que se organizan a partir de la obtención de las imágenes proporcionadas por los satélites tienen lugar por varios días. En algunos casos, tal es la cantidad de materia que hay que extraer, que la intervención tiene lugar durante varias semanas, algo que puede servir para constatar la seriedad del problema actual. Detergentes o toallitas es de lo más frecuente a recoger.

Los vertidos terminan apelotonados en extensiones de varias decenas de kilómetros

Si tenemos en cuenta que el grado de degradación se puede contar por cientos de años, cabe destacar que este tipo de políticas son fundamentales para preservar la calidad de los ecosistemas. ¿Hasta cuándo se seguirán vertiendo productos tóxicos y que podrían perdurar muchos años sin sufrir daño alguno? Esta es, sin duda, una cuestión de orden prioritario e internacional.

Pese a que el nivel de concienciación se ha incrementado en los últimos años, todavía es muy pronto para saber si la sociedad ha entendido que nos estamos jugando el futuro del Planeta. Mientras tanto, es necesario hacer referencia a este tipo de programas de recuperación del entorno.