Son las más largas y finas y permitirán un vuelo de última generación: estas alas revolucionarán la industria de la aviación

La NASA y Boeing están investigando cómo hacer aviones más eficientes sin sacrificar seguridad ni comodidad

Son las más largas y finas y permitirán un vuelo de última generación: estas alas revolucionarán la industria de la aviación
Este es el modelo de ala probado en el túnel de dinámica transónica en el Centro de Investigación Langley de la NASA
Publicado en Tecnología

El avión comercial del futuro podría no parecerse del todo al que hoy despega de cualquier aeropuerto del planeta, ya que sus alas serían más largas y mucho más finas. Esta, que quizás parece una transformación menor, podría ser decisiva para reducir consumo de combustible, emisiones y turbulencias. Sin embargo, existe un increíble reto de ingeniería que hay que superar y del que te vamos a hablar a continuación.

Alas más largas para volar mejor

Dos gigantes de la ingeniería aérea, NASA y Boeing, han unido sus fuerzas en un programa de pruebas destinado a desafiar los límites de lo que es posible hacer con una aeronave y denominado Maduración de Tecnología de Ala Adaptativa Integrada. Lo que se pretende, según el comunicado publicado en la página web de la NASA, es aprovechar las ventajas aerodinámicas de las alas de alta relación de aspecto, pero, ¿qué son en realidad este tipo de alas?

Estamos hablando de alas muy largas y estrechas en comparación con su anchura. Estas alas, que se estiran mucho hacia los lados, reducen la resistencia al avance y, por tanto, el gasto de combustible. Sin embargo, también reaccionan con más intensidad a las ráfagas de viento y a las maniobras. Si nos ponemos en el peor de los casos, podrían generar grandes oscilaciones, un fenómeno conocido como flutter, que, si no se controlan, darían lugar a un peligroso fallo estructural.

Jennifer Pinkerton, ingeniera aeroespacial de la NASA, explica que "el aleteo es una interacción muy violenta". Además, aclara que "parte de las pruebas que realizamos consisten en caracterizar inestabilidades aeroelásticas como el aleteo para conceptos de aeronaves, de modo que en vuelo real, dichas inestabilidades se puedan evitar de forma segura".

El problema es que probar estas ideas en un avión real es imposible, ya que ningún túnel de viento puede albergar un reactor comercial a tamaño completo. Por eso, el equipo recurrió al histórico túnel de dinámica transónica del Centro de Investigación Langley de la NASA, que es una entidad que lleva más de seis décadas al servicio del diseño aeronáutico.

Allí, junto con la empresa NextGen Aeronautics, se ensayó con un modelo a gran escala, que tenía un ala de unos cuatro metros montada en el lateral del túnel. El diseño incorporaba diez superficies de control móviles, casi como si fuesen músculos capaces de modificar el flujo de aire en tiempo real para reducir vibraciones y cargas.

Otra vista al modelo de ala ideado por la NASA y Boeing

Otra vista al modelo de ala ideado por la NASA y Boeing

A través de sensores repartidos por el interior del modelo, se consiguieron medir fuerzas, movimientos y respuestas estructurales con gran precisión. En el pasado, un proyecto conocido como SUGAR, solamente contaba con dos superficies activas. Patrick S. Heaney, investigador de la NASA, asegura que "el modelo SUGAR tenía dos superficies de control activas y, ahora, en este modelo en particular tenemos diez. Estamos aumentando la complejidad y ampliando nuestros objetivos de control".

Los resultados más llamativos se han observado al simular ráfagas de viento, ya que el temblor del ala se redujo de forma muy significativa. Con las pruebas ya concluidas, los ingenieros están analizando los datos y preparando el material para que fabricantes y aerolíneas puedan aplicar estas soluciones en futuros diseños. Si todo sale según lo previsto, en unos años podríamos tener vuelos más suaves y eficientes. Y todo por una revolución que se sitúa en las alas.

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