Uno de los imperios más potentes de la historia nació gracias a dos monjes con mochillas llenas de gusanos
El imperio bizantino logró el pico de su economía gracias al regreso de China de dos monjes cargados de gusanos de seda de contrabando.

Allá por el siglo I d.C. una de las industrias más fructíferas e importantes del planeta giraba en torno a la seda. El preciado material era utilizado para la vestimenta y decoración en las altas esferas, y las rutas comerciales que venían del este vistieron a Europa durante muchos años. China y Persia eran las principales productoras, y tenían el monopolio de la producción del material, que se distribuía a través de la Ruta de la Seda. Esta, junto a la de las especias, era una de las operaciones comerciales que más terreno cubrían en aquella época.
Sin embargo, en europa miraban con ojos goloros la rentabilidad de este negocio, particularmente el imperio bizantino. El emperador bizantino Justiniano I siempre buscó estrategias para sacar rentabilidad a rutas alternativas a la China, pero al final se dio cuenta de que si no producía el material directamente en su territorio, las ganancias no iban a compensar la infraestructura invertida.
A miles de kilómetros, en la India, una pareja de monjes pertenecientes a la iglesia nestoriana estaban llevando a cabo labores de evangelización al cristianismo. En el año 551 d.C. ambos monjes avanzaron hacia China, donde pudieron ver con sus propios ojos los métodos para obtener el preciado material a través de los gusanos de seda. Los bizantinos pensaron durante muchos años que la seda se fabricaba en la India, y ante este descubrimiento los dos monjes se pusieron en contacto con el Emperador Justiniano I para ofrecer un trato. Se desconoce lo que el monarca les prometió, pero la moneda de cambio estaba clara: llevar gusanos de seda de contrabando de vuelta a Bizancio.
Con dos monjes cargados de gusanos el imperio bizantino construyó el eje de su economía durante más de 600 años
Los gusanos de seda son animales extremadamente frágiles, y someter a especímenes adultos a semejante viaje de vuelta era misión imposible. Los dos monjes robaron todos los huevos de gusanos de seda y ejemplares jóvenes que pudieron, y los escondieron entre su equipaje y las cañas de bambú que supuestamente habían venido a recoger. Tras una expedición que se estima que duró dos años, los dos monjes llegaron a las puertas de la polis con el regalo más valioso que le podrían haber hecho al imperio.
A partir de entonces el imperio bizantino se convirtió en potencia de producción en toda Europa, con fábricas de seda en Constantinopla, Beirut, Antioquía, Tiro y Tebas. El robo de los gusanos permitió que Bizancio tuviese el monopolio de la seda en Europa, rompiendo el yugo que tenían China y Persia sobre él. El negocio de la seda pasó a convertirse en el eje de su economía hasta su desaparición en el año 1204 d.C. De hecho, la producción de seda ha continuado en el norte de Grecia hasta el día de hoy.