Lo sé, ahora vas a leer un artículo que poco tiene que ver con la tecnología actual y, estoy seguro, que vas a pensar, en más de una ocasión, cómo es posible que pudiésemos sobrevivir hace unas décadas sin todo aquello que nos rodea en la actualidad. Lo siento, creo que la respuesta la encontrarás en los siguientes párrafos. Ya sabes, hay que mantener atento al lector.

Nadie podía con los crucigramas

Obviamente, la tecnología ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años. Esto quiere decir que, quien más y quien menos, hemos tenido que amoldarnos a distintas rutinas y buscar nuevos hábitos, acordes a los tiempos que nos toca vivir. En esta época, donde el ajetreo del trabajo suele detenerse durante unas cuantas semanas, existen muchas maneras de ocupar el tiempo y de utilizar las herramientas digitales para que nuestras vacaciones sean más llevaderas.

Los mapas han sido un imprescindible de los viajes. Unsplash
Los mapas de papel eran tan complicados como gigantes

Por ejemplo, si has alquilado ese apartamento al lado de la playa, me pongo lo más típico posible, que estabas deseando visitar desde hace años, seguramente hayas necesitado utilizar la aplicación de mapas de tu teléfono móvil, ¿verdad? El siglo pasado, sin contar los inicios de los dispositivos GPS para el coche, nos ofrecía la posibilidad de utilizar mapas de proporciones gigantescas, que impedían la visibilidad de la carretera para el mañoso o mañosa copilota. Y claro, como vas en el coche, es obvio que estarás escuchando tu compact disc favorito y una mezcla, hecha en casa, de canciones preferidas en formato casete. Nada que ver con utilizar Spotify, Apple Music o YouTube Music para amenizar esos largos viajes, conectando tu teléfono móvil a través de Bluetooth con los altavoces del coche.

Spotify es un básico en el entretenimiento en el coche. New York Post
Pikachu sustituye a las clásicas barajas de cartas en la piscina

Recuerdo, porque en aquella época el verano significaba libros en las estanterías y bañador todo el día puesto con rumbo a la piscina, que había muchísimas maneras de divertirse en estos complejos deportivos. Yo, cuando tenía un rato libre, era un absoluto enamorado de los crucigramas. Esos puzzles de palabras, que ahora existen en el ámbito digital, se han convertido en productos que acumulan polvo en distintas librerías. Ahora, yo me incluiré en las modas, es más fácil ver chavales y chavalas cazando pokémon, realizando hechizos con Harry Potter o acumulando dulces en Candy Crush.

La comunicación ha mejorado, que no te mientan

Quizás no es necesario estar tan comunicados como lo estamos hoy en día, pero hemos ganado en ubicuidad digital. En la década de los noventa, donde los teléfonos móviles empezaban a asomar la patita, era complicado comunicarse de otra manera que no fuese en persona o a través del teléfono de casa. Nadie se mandaba WhatsApp para quedar al día siguiente, sino que, cuando abandonabas la piscina, ya se decidía lo que se haría el próximo día, con variaciones dependiendo del clima, aunque realmente poco importaba. Ah, claro, los libros. El salto del papel a la tinta electrónica es ya casi una realidad, aunque sigue habiendo amantes de lo tradicional.

Los libros electrónicos siguen triunfando como alternativa. Unsplash
Internet ha mejorado nuestra calidad de vida

Con esta ola de calor que estamos sufriendo, en la fecha de redacción del artículo, estoy seguro que los ventiladores y aparatos de aire acondicionado siguen siendo vitales en tu día a día. Sin embargo, ahora es posible conocer con más detalle el pronóstico del tiempo e, incluso, preguntar a tu asistente virtual qué temperatura tendremos mañana por la tarde. Internet, como no cabía esperar otra cosa, ahora es accesible desde cualquier lugar y momento, con lo que esa discusión por saber si la protagonista de Desayuno con diamantes fue o no Audrey Hepburn, se resuelve en cuestión de segundos. El conocimiento está al alcance de nuestra mano.

Los selfies son el pan nuestro de cada día en piscinas y playas. Unsplash
Sacar fotografías es un gesto que todos realizamos, mucho más en verano

Por último, es obvio que la fotografía ha cambiado gracias a la irrupción de la telefonía móvil. No recuerdo tener ninguna imagen de mi esbelta figura en bañador siendo adolescente, pero os puedo confirmar, en mi aventura de piscina del pasado domingo, que en diez minutos se sacaron cientos de selfies alrededor mío, chicos, chicas y señoras mayores que tienen la piel más morena que una tostada con Nocilla. Las realidades cambian, yo creo que siempre vamos a mejor, pero no puedo evitar sentir nostalgia de una época donde la tecnología más puntera era una cámara de fotos de usar y tirar, con una rueda para poder sacar otra fotografía. ¡Disfrutad el verano más tecnológico!