Me resulta extraño, ahora que he investigado un poco acerca del asunto que trata esta noticia, cómo gobiernos y compañías privadas no utilizan más el ámbito carcelario para realizar distintos proyectos o experimentos sociales. Si estamos acostumbrados a oír hablar de robo de datos, patrones de consumo u otras estadísticas en la población, ¿porqué no oímos historias acerca del control de la privacidad de personas que son fácilmente observables?

Cárceles recopilando datos

Hace pocos días leí una noticia que llamó poderosamente mi atención. Distintas cárceles de Estados Unidos estaban grabando las llamadas telefónicas de los internos, cosa que me imagino que será bastante habitual por otra parte, pero, en esta ocasión, la finalidad era totalmente distinta a lo que puedas estar imaginando. Tal y como informan los compañeros del medio de comunicación The Intercept, hace unos meses un preso de una cárcel de Estados Unidos dió el aviso de que algo extraño estaba sucediendo allí.

Imagen de teléfonos en una prisión. [Washington Monthly](https://washingtonmonthly.com)
¿El mundo del mañana se dirige a un control de nuestras voces?

Al preso en cuestión se le dió la opción de elegir entre leer unas frases a un contestador automático o quedarse sin derecho a utilizar el teléfono. Por raro que le sonase la petición, el hombre accedió, comprobándose después que había sido partícipe de un programa de captación de sonidos, conocidos como huellas de voz, en las que, a través de un software, se extraen voces de presos y se digitalizan. Con esto se quiere construir una base de datos, no de huellas dactilares, como existe y es común en la actualidad, sino de voces, que también es un aspecto muy particular de cada persona. Pone los pelos de punta imaginarse un mundo donde camines por la calle y gobiernos, empresas y personas particulares puedan conocer tu situación simplemente escuchando. Aterrador.