Todo lo que sabemos sobre los shooters apunta a que la respuesta sería un sí rotundo. Los "juegos de tiros" se caracterizan por su escaso contenido argumental y, también, por fomentar un rápido consumo del propio videojuego.

En los shooters tradicionales no hay tiempo para el reposo, para admirar el paisaje, para tejer una historia. Todo se reduce a una única cuestión: mata-mata y vencerás.

Tiros para devorar, tiros para recrear

En una época en la que los videojuegos aspiran a ser más arte que un mero entretenimiento, parece que este tipo de productos de consumo o "fast-gaming" tienen los días contados.

Aunque hay desarrolladores como Wojciech Pazdur que afirman que los jugones están cansados y aburridos de los shooters triple A y que éstos echan en falta un toque más tradicional enfocado a "disparar, matar y destruir."

Call of Duty una de las sagas más longevas y de mayor éxito dentro de los shooters. Call of Duty

Estas declaraciones, recogidas en un artículo de Álvaro Castellano, ponen de relieve que el "apunta y dispara" va para largo.

Y es que con sagas tan potentes como Call of Duty, Battlefield, Medal of Honor o Far Cry, se hace complicado el desmontar la teoría de Pazdur. Lo que nos lleva a considerar lo siguiente: ¿qué buscamos en un shooter?

Los ingredientes, como la pólvora, importan…

Parece que los ingredientes esenciales que todo jugón busca cuando compra un shooter son las armas (disparar), enemigos (matar) y la victoria en las campañas (destruir).

Sin embargo, está claro que la simple suma de estos factores no tiene, a priori, por qué traducirse en éxito rotundo. Existen claros ejemplos fallidos de esta fórmula como Blackwater o You Are Empty, que a pesar de reunir lo requerido para ser considerados shooters, no llegaron a convencer ni a púlico ni a crítica como expone Joel Castillo en esta recopilación.

Los shooters son un género predecible, repetitivo y aburrido

Por lo tanto, parece que a esta simple fórmula hay que añadirle una buena dosis de acción, un depurado sistema de combate y, sobre todo, unos buenos gráficos.

Serán muchos los que opinen que Battlefield 3 ha sido uno de los mejores shooters de los últimos tiempos. Si atendemos a su más que meritorio apartado gráfico -para la época-, no hay mucha posibilidad de negar que es más que sobresaliente.

De todas formas, es un juego desprovisto del necesario hilo argumental con peso, a través del cual se razone el motivo por el cual nos enzarzamos en tamaño conflicto, y que no sea el típico "hemos de derrotar al enemigo".

…Aunque la mecha se consuma velozmente

Esta falta de argumento es lo que provoca que este género se torne predecible, repetitivo y aburrido. Generalmente, esto repercute en la más bien corta duración de los juegos (con algunas excepciones), y en la baja rejugabilidad de los modos "un jugador" o campaña.

Otra cosa son los modos multijugador que incluyen la mayoría de este tipo de juegos. Su mecánica es simple, pero efectiva, ya que permite realizar una serie de equipos en los que prima la estrategia y la habilidad para lograr la victoria, sea un todos contra todos, sea un todos contra el enemigo, u otras modalidades.

Estos modos permiten una mayor interacción -aunque la historia sea casi inexistente- y un mayor disfrute de las mecánicas y de las destrezas adquiridas en el fragor de las campañas (no olvidemos el fantástico multijugador en Half-Life).

Además, las batallas por equipos, o el "todos contra todos" añaden una alta rejugabilidad a lo que sería, de otra forma, un juego de poco interés una vez completado en su totalidad.

El agotamiento de los "mata-mata" pasa por no desafiar al intelecto del jugador, resultando en una mecánica manida y robótica

Ahora bien, la mecánica de los shooters tradicionales no ha sido modificada desde casi sus orígenes. Siguen teniendo un alto porcentaje de linealidad, sin que existan ramificaciones en la esencia de la historia que perturben nuestro avance.

A todo esto, podemos añadir que un gran número de shooters poseen campañas, mecánicas y modos multijugador casi idénticos, lo que, unido a lo anteriormente expuesto, hacen que la variedad en este género sea muy escasa.

Esta idea se ve reforzada cuando, en los foros, son los propios consumidores del género los que subrayan el agotamiento de los "mata-mata" más prosaicos:

Juegos como Call of Duty, Medal of Honor y Battlefield poseen el mismo tipo de campañas. Te plantean una experiencia lineal sin exploración, sin mundos que tengan un cierto interés, y que no son un desafío para el intelecto del jugador. En su lugar, te saturan con constantes fuegos cruzados y las tan estereotípicas como predecibles pantallas con torretas, llenando los espacios sin acción con una narrativa muy forzada. Después de haber jugado a unos cuantos juegos de este tipo, te das cuenta de lo mecánicos e insulsos que pueden llegar a ser.

El destino augura un cambio de rumbo

Aunque no todo está perdido en el reino de los tiros por doquier. En tiempos recientes, una serie de títulos han revolucionado el mundo de los shooters.

Esta nueva hornada ha sabido combinar lo sobresaliente del caduco género y lo mejor de los RPGs para generar una nueva categoría que, parece, aún tiene mucho por decir y contar.

El juego que mejor describe esta nueva era en los shooters no es otro que el aclamado Destiny, que con sus flamantes 500 millones de dólares en ventas en su primer día, ha sabido romper la maldición de un género que muchos daban por encasillado.

Destiny combina las mecánicas más tradicionales de un FPS (First Person Shooter o disparos en primera persona) con elementos más propios de un videojuego de aventura (exploración) o de un juego de rol (habilidades, clases, equipamientos).

Todo esto está aderezado con una sublime ambientación y suficiente historia, a las que es muy difícil restarles importancia, ya que sí tienen un peso en el desarrollo de la propia aventura.

Destiny no ha supuesto una revolución, sino un cambio de molde

Bien es cierto que Destiny no cuenta con un hilo argumental a lo Final Fantasy, pero sí que nos pone en antecedentes suficientes como para entender lo que busca el personaje que creamos, y el trasfondo de la titánica batalla que se nos viene encima.

A pesar de que críticas como la de Jorge Cano insisten en que el argumento es parco y la narración deficiente, lo cierto es que no existe al jugarlo una sensación de vacío o desinformación.

Quizás se acuse una ligera desconexión con el jugador, ya que la trama parece más un preludio a lo que está por acontecer, en lugar de situarnos en la propia acción.

En este caso, podríamos tildar a Destiny de ser demasiado proléptico, o de concentrarse en construir lo que sucederá y no termina de llegar, en lugar de incidir más en el momento de la acción y su por qué.

Rumbo a otras dimensiones

A pesar de que Destiny ha sido un bombazo en toda regla y ha roto algún que otro récord, lo cierto es que ya existían otros videojuegos que habían modificado el rumbo de los shooters.

Estos juegos son de difícil clasificación, puesto que se les puede considerar híbridos entre el género de disparos y el género de rol/aventura. Cuentan, además, con un eje argumental sublime y que afecta enormemente al desarrollo de la historia que jugamos. ¿Se os ocurre alguno?

¿No? Pues os daremos tres títulos: Mass Effect, Bioshock y Uncharted. ¿Qué os parece, sorprendidos? Seguro que ni lo más mínimo, y así debería de ser.

Tres grandes del género. De izquierda a derecha: Bioshock, Mass Effect y Uncharted. Taringa, NRC

No podemos negar el alto componente de disparos en ninguno de los tres juegos que hemos mencionado, pues es la forma esencial de sobrevivir en cada uno de ellos, a pesar de que sean títulos muy diferentes entre sí.

El amalgama de géneros es cada vez más compleja, y menos evidente

La diferencia primordial con los shooters tradicionales radica en el gran peso que el argumento desempeña en nuestras misiones y en el fluir de la trama. Estos tres juegos no se podrían concebir si la acción no estuviese supeditada a la historia, justo lo opuesto a juegos como Call of Duty.

Por tanto, entendemos, que el futuro de los juegos de disparos pasa por una etapa de hibridación de géneros, transformándolos en algo más profundo y con un mayor dinamismo, en el que no sólo los combates fascinan, sino también la historia.

Así pues, ¿se dejarán a un lado títulos con un sabor más tradicional, dado que ya son sagas muy arraigadas en el mundo gamer?

Y dimensiones que generan nuevas dimensiones

Es una pregunta de difícil respuesta. Como apunta Daniel Krupa en su artículo, parece que la falta de imaginación hace que los juegos de simple desarrollo y de fácil comercialización campen a sus anchas.

Éstos generan un buen rendimiento económico, y no suponen un gran gasto para las compañías que los crean, siendo ideales para llenar los "huecos" que pueblan la industria cuando no se materializan "ideas frescas".

Pero parece que, como sugieren los datos de las ventas, y del interés del consumidor medio que recoge Krupa, los shooters más tradicionales en primera persona, han comenzado un lento proceso cara a la extinción, siendo devorados por nuevas sagas con un sabor más complejo. Un clarísimo ejemplo sería la vuelta de tuerca de la saga Far Cry con su Far Cry: Primal.

Todo este complejo efecto dominó ha desencadenado una reacción diametralmente opuesta a la que dio luz a los shooters de corte clásico. Así pues el amalgama de géneros es cada vez más compleja y, la superposición de cada una de las capas que la componen, es menos evidente.

Los estudios terminan consiguiendo juegos muchísimo más complejos a todos los niveles, tratando de igualar la calidad de la historia a la calidad gráfica del título, sin por ello olvidar la importancia de una buena jugabilidad.

¿Será Anthem la salvación que tanto necesitan los shooters?

Obviamente, el salto tecnológico que se ha experimentado recientemente en la industria del videojuego, ha sido extremadamente relevante pues, sin él, no sería posible que un título como el nuevo Uncharted: El desenlace del ladrón viese la luz del día, ni tampoco la de la noche.

Entonces, el afán de los desarrolladores por mejorar sus títulos, la suma en calidad visual y argumental de la nueva generación de shooters, y la flamante homegeneización de la hibridación de géneros, van a generar, potencialmente, una nueva clase de juegos__ de disparos.

Puede que haya un claro candidato a ocupar ese lugar en la nueva era de los shooters, aunque está por ver si realmente supone una completa revolución, un salto cualitativo, o un mero paso cuantitativo en el Hall of Fame de los "mata-mata". Su nombre es Anthem.

¿Será Anthem el mesiánico título que salvará a los shooters del ocaso al que están destinados y los transfigurará a un nuevo género para mayor esplendor y gloria? La respuesta, muy pronto, queridos lectores.