Kingdom Hearts ha sido, y es, una de las sagas más potentes dentro de los RPGs contemporáneos. No sólo porque puso de moda las batallas en tiempo real (en lugar de por turnos), sino también por haber sabido mezclar soberbiamente bien dos ingredientes estrella: Disney y una estética/historia a lo Final Fantasy.

Se antoja raro que Disney, recelosa fidei defensor de sus propios productos, aceptara de muy buen grado la colaboración con Squaresoft (más tarde Square-Enix) para fusionar lo mejor de la animación y de los videojuegos.

Lo que pudo ser un mero coqueteo de Disney con los videojuegos, ha llegado a ser una de las franquicias más apreciadas por su personalidad, jugabilidad, calidad e intriga, aunque, como apunta Bitmob, existía cierto escepticismo.

La oscuridad se cierne sobre Sora y su llave espada. Kingdom Hearts

Un resplandor en la oscuridad

Kingdom Hearts es quizás uno de los productos digitales más interesantes de Disney, pero también uno de los más oscuros (quitando ciertas películas que hicieron el la década de los 80) y argumentalmente más complejos, como explican desde Games Radar.

Esa oscuridad es, a todas luces, lo que hace realmente atractiva a esta saga, pues la dota de una personalidad y un sabor muy propios.

Sora se embarca en su propio autodescubrimiento, una lucha "a contra-psique"

Es de sobra conocido que la psique humana es una de las más sofisticadas, pero más complejas maquinarias que existen. A menudo, puede verse sumida en intrincados episodios de lúgubres pensamientos que nos llevan a desestabilizar nuestro ánimo.

Esta premisa es la que utiliza Kingdom Hearts para desarrollar su compleja historia, y es ahí donde radica su tremenda originalidad.

Sumirse en las tinieblas de la psique, rendirse a su entumecedor poder, es lo que lleva a Sora (protagonista principal de la saga) a luchar contra su propia ruina, en forma de los siempre presentes sincorazón (heartless).

Cuanto más te acerques a la luz, mayor será tu sombra

Y así es, cuanto mayor es la claridad con la que visualizamos el mundo y a nosotros mismos, más claro vemos aquello que nos afecta y aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

Podríamos alegar que Kingdom Hearts sigue una métrica argumental muy en línea con el bildungsroman o novela de aprendizaje en la que el héroe se embarca en un viaje u odisea que lo llevará a descubrir lo bueno y lo malo de sí mismo.

Las simbología de las llaves y de los corazones juega un papel esencial en Kingdom Hearts.

Y esto es exactamente lo que le ocurre a Sora (y también a otros personajes en la saga). El viaje que emprende el protagonista no es otro que el de llegar a conocer su verdadero yo interior (luz), pero para ello ha de atravesar una serie de conflictos y enfrentamientos que le harán madurar (oscuridad).

Queriendo o no, lo cierto es que Square-Enix ha creado una saga con un alta carga psicológica.

Temas como el primer amor, o el miedo al autodescubrimiento, son ejes centrales que generan un conflicto de tal magnitud, que desencadena la lucha por encontrar la estabilidad y cordura que representa la luz.

El siguiente vídeo, la canción Luz, uno de los temas principales de la saga, resume bien la turbulenta y complicada papeleta que Sora ha de resolver en su periplo.

Cuando la magia se vuelve llave y el corazón es un reino

En relación con lo dicho hasta ahora, existen dos elementos representativos de la saga que tienen un papel fundamental: las llaves-espada, o keyblades, y los corazones.

Las llaves-espada son las armas que utilizan el/los protagonistas para derrotar al ejército de sincorazones que inundan los "disneyanos" mundos que recorremos, y la única forma efectiva de derrotarlos por completo.

Sora con su keyblade o llave-espada, arma que utilizará para enfrentarse al ejército de los sincorazón. Pinterest

La llave es sinónimo de posibilidad y también de elección. Con ella podemos abrir y cerrar cosas, pero también podemos no abrir nada, e incluso abrir sólo ciertos objetos.

Esta premisa nos permite razonar que la posibilidad de que Sora posea una llave-espada, y escoja realizar la apertura y posterior sellado de las puertas al mundo de la oscuridad, es un símil con su proceso de evolución como personaje: surge un conflicto (apertura), analiza el conflicto (sincorazón), se enfrenta al conflicto (llave-espada) y solventa el mismo (cierre).

Lo que nos lleva al segundo símbolo en la historia: el o los corazones. Cada uno de los reinos que Sora visita es un corazón, o mejor dicho, partes de un corazón.

Lo que está por venir en el nuevo Kingdom Hearts 3 promete ahondar en el conflicto interno de nuestro querido Sora

Cada una de estas partes tiene asociado un argumento concreto y la resolución del conflicto de la trama, nos dirige a la consecución de una nueva habilidad (crecimiento del personaje) y a obtener una nueva llave-espada (nuevas habilidades para enfrentarse al proceso de crecimiento, a la oscuridad).

Además cada una de estas partes o mundos tiene una puerta propia, que es la que debemos sellar, para que la oscuridad deje de acometer estragos.

Así, nuestra propuesta (que no tan nuestra, seguro se os habría pasado por la mente) es que estas partes son las que componen el propio corazón de Sora y que, finalmente, es el propio corazón de Sora el que quedará "sellado" y libre de oscuridad en su interior.

En corazón cerrado, no entran sombras, ¿o sí?

Aunque se supone que Kingdom Hearts es una saga cuya historia siempre está en construcción, la realidad es que cada uno de los juegos siempre tiene un final cerrado, aunque el argumento siempre deje una puerta entreabierta para las historias anteriores, o posteriores en el tiempo.

Sora siempre consigue (si superamos el juego, claro está) cerrar todas esas partes del "corazón" que comentábamos, aunque, como es obvio, como en el avance de la vida, nuevos obstáculos y preocupaciones vuelven a colarse al interior, en forma de una abrumadora legión de seres de la oscuridad.

¿Será Kingdom Hearts 3 el juego que incline la balanza hacia un mundo de plenitud lumínica, o nos traerá más sombras que nos asombren? De momento, os dejamos con un sabroso adelanto de lo que puede ser, o será.