Son muchísimos los títulos que, a lo largo de la historia de los videojuegos, han usado la música, el baile, y los instrumentos, como principal atractivo para los consumidores.

Desde las desternillantes aventuras de Ulala en el alocado Space Channel 5, hasta el más cañero de la sala de estar aporreando su plástica batería a lo loco, hemos vivido un sinfín de buenos momentos que parecen lejanos y sin fecha de retorno.

Otra forma de jugar fue posible

Si hablamos de videojuegos, la primera idea que se nos viene a la cabeza puede ser un plataformas como el archiconocido Super Mario Bros. Sin embargo, es muy probable que nadie piense, en frío, que la "Idea" o arquetipo de videojuego sea un Parappa the Rapper.

Fueron juegos como Parappa the Rapper, Space Channel 5 o Bust a Groove los que iniciaron, a finales de los años 90, un nuevo género en los videojuegos: los "videojuegos musicales" (musical games).

La novedad radicaba en poner al jugador en la piel del artista

Estos juegos se basaban en la habilidad manual (o de su tren inferior si disponía del accesorio o jugaba en la recreativa) del jugador para lograr seguir el ritmo de las canciones mientras que, en pantalla, se originaban batallas de baile, efectos visuales o, se contaban desternillantes historias.

En este último caso, quizás los dos juegos que más se recuerdan sean los que ya hemos mencionado. Tanto Parappa como Space Channel 5 aunaban una mecánica de juego sencilla y efectiva, unos gráficos resultones y, su punto fuerte, unas historias tan inverosímiles y tan graciosas que nada tenían que envidiar a los antiguos Monkey Island.

Sólo tenemos que ver a la dicharachera reportera intergaláctica Ulala siempre dispuesta a truncar los planes de malvados alienígenas con el simple sacudir de sus caderas, impulsados por nuestra maña con los botones del mando claro.

Este tipo de juegos fue especializándose cada vez más, y gracias a nuevas tecnologías como la de los mandos Move de PlayStation, el Wiimote de Nintendo, o el más preciso Kinect de Microsoft, dieron un salto cualitativo, ofreciendo mejores juegos en lo tocante al realismo de los bailes, pero que no tienen ni la gracia, ni el salero de los primeros.

Cuando ser una estrella de la música en tu salón es posible

Los juegos más basados en seguir un ritmo o patrón musical dieron paso a otros que buscaban una experiencia similar, pero con un toque extra: que el jugador sintiera ser el propio artista.

Hablamos de juegos cono Rock Band o Singstar que tantas alegrías nos han dado en el salón de nuestra casa, cuando nos disponíamos a cantar The Winner Takes It All de ABBA, o hacernos un buen solo de guitarra en Sweet Child O’ Mine.

Estos juegos pretendían llevar la experiencia de los karaokes o de las bandas musicales de los locales de marcha a nuestra propia casa, y su grán éxito comercial desencadenó una lluvia constante de accesorios y packs de contenido adicionales.

Ya no era necesario quedar con los amigos en un local para cantar hasta las tantas, o ir a clases de guitarra o batería para ser el nuevo Jimmy Hendrix, lo podíamos hacer inmediata y fácilmente desde nuestro salón.

Guitarras, batería y micrófono son los accesorios que podemos adquirir para Rock Band 4. FS Gamer

Uno de los principales atractivos de estos juegos (además de los accesorios de los juegos de bandas que estaban realmente bien) fue su vena social.

El tremendo éxito fue casi inmediato, el ocaso, también

Pocos juegos han conseguido reunir a más gente frente a un televisor que el Rock Band o el Sing Star, llegando incluso a hacerse concursos en ciertas ciudades con suculentos premios para el que lograra llevarse el trofeo a casa.

Esta característica ha sido una de las razones principales del tremendo éxito que han cosechado estos juegos. Sólo Singstar ha llegado a vender más de 18 millones de copias en todo el mundo, por durante unos años ha llegado a ser una de las franquicias con más tirón en ventas.

La banda se desbanda

Es cierto que el éxito de estos juegos, aunque no fue corto, tampoco fue duradero. Su auge, en los últimos coletazos de la era PlayStation 2, se mantuvo al inicio de la siguiente generación, para estancarse mucho antes de la llegada de la PS4 y Xbox One.

El género tiene difícil su vuelta al ruedo, aunque sería fantástico que lo hiciera

A día de hoy, en pleno 2017, este género está más muerto que vivo y nada indica que vaya a resurgir de sus cenizas. De todas formas es algo que nunca se puede asegurar ya que las modas, aunque puedan ser pasajeras, son cíclicas. ¿Acaso pensábamos que volverían los pantalones de campana?

Esta caída en picado del género puede deberse a la falta de nuevos alicientes o novedades en la concepción de los títulos, pues la dinámica de juego era poco variada y demasiado plana.

Cabe mencionar que la industria intenta impactar cada vez más al consumidor. En los últimos años se prima el sacar al usuario de su zona de confort sobre el sentarlo en una silla.

Además, el auge de la realidad virtual, a priori, no juega a favor del género musical ya que, como ha ocurrido a lo largo de la historia, los juegos de acción y aventura tienen preferencia.

Esperemos que esta muerte actual del género no sea por siempre jamás, y que podamos volver a disfrutar de juegos tan frescos y originales como aquellos primeros títulos en los que el baile era una excusa para el más desternillante humor.

¿Surgirá el género musical de sus cenizas para volvernos a sorprender con rocambolescas historias y así no parar de reír?