Desde tiempos inmemoriales para algunos, y desde casi ayer para otros, el mundo de las consolas ha permanecido prácticamente inmutable. Bien es cierto que cada cierto tiempo un nuevo y flamante sistema asoma la cabecita. Pero, ¿hemos llegado al fin de las iteraciones consoleras?

Un cirugía poco estética

Las consolas actuales siempre han optado por ofrecernos un sistema cerrado, o lo que es lo mismo, un hardware (que con la excepción reciente de los discos duros) que no es alterable o modificable.

Este sistema cerrado ofrece una clara ventaja frente a un sistema abierto como puede ser el PC, y es su mayor estabilidad y su mayor longevidad. Así pues, si una generación consolera dura 8 años, no necesitaremos actualizar nada en la misma para poder seguir disfrutando de los títulos que nos ofrece.

Los PCs cuentan con la ventaja de disponer de una arquitectura abierta, pudiendo modificar todos sus componentes. Anleyan Computers

Sin embargo, el poseer un hardware más abierto (como es el caso del PC), y a pesar de que abre la puerta a una mayor inestabilidad, cualquier componente que vaya quedando desactualizado podrá actualizarse para disfrutar de los innumerables beneficios que las mejoras tecnológicas ofrecen.

Esta "apertura" puede generar una pérdida de la comodidad que supone el "enchufar y disfrutar", sin necesidad de mayores florituras. Esta particularidad es uno de los mayores atractivos de las consolas para los jugadores más casual, como concuerdan desde Juegos ADN.

Un hardware cerrado es menos competitivo, pero mucho más estable

Parece que estamos ante una época muy propicia para que el concepto de sistema abierto llegue a las consolas: los mínimos y veloces SSD, tarjetas gráficas móviles con igual potencia a las de sobremesa, la demanda de juegos a 4K real, la presión de la realidad virtual, etc.

Y aunque pueda no ser una realidad a tan corto plazo, lo que está claro es que las compañías tienen un gran interés por desarrollar sistemas que puedan actualizarse fácilmente comprando un nuevo o nuevos componentes plug-and-play como apunta Carlos Sánchez en su artículo.

No hay cómo contentarlos a todos

Este interés por la posibilidad de actualizar las consolas puede deberse a varios factores, uno de ellos (y quizás el más importante), es poder competir directamente con el PC y su menos limitada arquitectura.

Compañías como Valve (entre otras) con sus Steam Machines, parecen haber visto el caballo ganador a la primera de turno y se han esforzado en crear "consolas" que ofertan la posibilidad de una cierta modificación.

Éstas cuentan con características del PC (mejores gráficas, mejor RAM…), y de la consola (sistema más estable en base a una sola plataforma como es SteamOS, formato más reducido…).

De todas formas, este mercado de híbridos pc-consoleros no ha despegado como se esperaba, lo que ha podido ser un factor decisivo a la hora de que compañías como Microsoft y Sony se muestren más cautelosas ante un cambio demasiado radical.

Cambiar de procesador gráfico será quitar, poner, y disfrutar

Y es que es posible que el jugador medio prefiera la comodidad actual de gastarse una cierta cantidad cada cierto número de años.

Es apetecible el saber que podrás jugar incansablemente durante un largo período de tiempo, sin tener que gastar más dinero en menos años, aunque eso pudiera aportar un beneficio sobre la experiencia de juego.

Tenemos que tener en cuenta, que las novedades o los nuevos productos siempre tienen un tiempo de adaptación, por lo que no sería raro que estas actualizaciones plug-and-play supusieran más de un quebradero de cabeza para jugones y desarrolladores.

Una consola à la Frankenstein

A pesar de que no es posible saber cómo va a implementarse (ni si lo llegará a hacer) el concepto de "consola abierta" en nuestro día a día del futuro. Lo que está casi asegurado es que las siguientes premisas son francamente plausibles.

Un esqueleto y órganos intercambiables, con restricciones

Si las consolas quieren mantener su superioridad en lo que a estabilidad se refiere, necesitarán que los componentes intercambiables sean fáciles de instalar (plug-and-play), tengan muy poco margen de adaptación y no requieran de accesorios extra para hacerlos funcionar.

Entendemos que los componentes susceptibles de cambios, alteraciones o modificaciones serán, posiblemente, el disco duro, la RAM, el chip o tarjeta gráfica y, (aunque sería mucho más complejo y problemático) el procesador.

Tecnología propia

Si las compañías que crean las consolas no optan por componentes que sean modificados para su propio beneficio, la carrera de las consolas no tendría ya salida alguna. Es decir, estaríamos ante PCs con un formato diferente.

Entendemos que la competencia con el PC es necesaria, pero también sería necesario que las consolas siguieran manteniendo su identidad, por lo que parece más plausible que ofrezcan componentes desarrollados exclusivamente para ellas que productos estándar (lo último dificultaría aún mas un plug-and-play sin problemas).

Actualizaciones: un mayor gasto para el consumidor

Un desembolso inicial en el sistema, más las subsecuentes actualizaciones (probablemente anuales), harían que el gasto, a lo largo del tiempo, fuese enteramente, muy superior al actual.

El juego 4K y la realidad virtual aún necesitan de consolas más potentes

Esto es, en cierto modo, un beneficio para las compañías, pues de ser una idea que llegue a ver la luz, disfrutarían de unos mayores ingresos por la venta de componentes, lo que actualmente no es tan elevado como podría llegar a serlo.

Precisamente, estos cambios constantes para tener siempre el sistema "a punto", junto con la mayor fragmentación de los juegos disponibles y sus season pass para los DLC, podrían molestar a la comunidad gamer, generando, incluso, un rechazo por el nuevo modelo de comercialización.

¿Más títulos exclusivos?

Si las consolas quieren ofrecer algo realmente diferente a los PCs, y es en este caso donde cuentan con una mayor baza, deberían de ponerse las pilas con el desarrollo de títulos exclusivos que supongan una constante evolución e innovación.

Y más cuando la realidad virtual y el 4K están tomando el asiento delantero, adquiriendo una relevancia bastante temprana dado que aún son tecnologías en su fase inicial de crecimiento.

De no ser así, ¿cuál será realmente el atractivo de poseer ya una consola? ¿no sería mejor tener un PC gaming y, de paso, lo usamos para productividad también?

El principio del fin y un nuevo principio

Muchos medios y analistas concuerdan que, la generación actual de consolas y, probablemente la siguiente, no son aún capaces de rendir lo suficientemente bien como para poder ofrecer, a un precio no desorbitado, juego real en 4K.

Desde OKCD argumentan que lo que está por venir, como puede ser la ya anunciada Xbox One X, aún no tendrá el suficiente músculo para poder plantar cara al gaming exigente en 4K, aunque sí ofrecer resultados solventes.

En un mercado en el que parece que todo tiene que ser ultra-real, con el máximo nivel de detalle y potencia, es complicado que las consolas puedan mantener su tirón durante mucho tiempo, ya que la renovación tecnológica es cada vez más virulenta.

Se fragua el advenimiento de una era consolera multidispositivo

Alberto Martín, de Hipertextual, propone una conversión del paradigma consolero actual en uno radicalmente diferente, en el que compañías como Microsoft, buscarían la fusión de sus dos plataformas (Xbox y PC).

Esta fusión se conseguiría manteniendo tanto la consola como el PC, pero ofreciendo una experiencia igualitaria en las dos, es decir, poder jugar indistintamente desde la consola o desde el PC.

Sería un giro de la consola como sistema cerrado a la más abierta opción de la multiplataforma:

[C]rear una plataforma con diferentes dispositivos compatibles entre sí que van recibiendo, cuando la tecnología lo permite, mejoras de hardware incrementales en forma de nuevos devices; […] todos estos dispositivos y los títulos que les acompañan son compatibles entre sí, retrocompatibles con los nuevos dispositivos que salgan al mercado, y con las características de juego cruzado y compra cruzada.

Entonces, los usuarios podrían beneficiarse de una retrocompatibilidad sin precedentes. Esto aseguraría, al menos, que los lanzamientos para cada nuevo hardware plug-and-play no fuesen tan urgentes, disponiendo de una mayor y mejor transición en las diferentes versiones mejoradas de la consola.

Aún queda por ver lo que el horizonte nos depara. Es temprano para hablar con seguridad de un futuro con consolas modulares con grandes opciones multidispositivo.

Lo que deseamos con más fuerza que nunca es que, de producirse el cambio, éste sea a favor de los jugones, facilitando y mejorando su ya nada insatisfactoria experiencia de juego, ofreciendo también precios ajustados que no asusten a la gran horda de jugadores casual que impulsan la industria.