La época moderna y el desarrollo de la tecnología han traído consigo un elevado número de trastornos psicosociales de difícil tratamiento, pues están arraigados en algo que es muy complejo cambiar: la fuerza del hábito humano.

¿Son los videojuegos realmente adictivos? Creemos que depende del prisma con el que se mire y la voluntad con la que se ofrezca una respuesta a esta pregunta. Por eso nos adentraremos en razonar esta compleja premisa.

La depresión y la baja autoestima, dos enemigos a batir

Son numerosos los estudios y medios que relatan la conexión de la adicción a los videojuegos (y caso todo tipo de adicción a largo plazo) con unos malestares más arraigados en el individuo: la depresión y la baja autoestima.

La adicción tiene consecuencias emocionales y físicas

Según PsychGuides, existen dos tipos fundamentales de adicción a los videojuegos: la adicción a superar los retos que nos puede plantear un videojuego, y la adicción al mundo más "social" de los multijugadores online (MMOs).

Unity Point Health coincide en señalar, que las causas que llevan a diagnosticar una adicción son variadas y, generalmente, tienen una alta relación con las condiciones psicológicas preexistentes del potencial o real adicto:

  1. Individuos propensos a la depresión pueden encontrar en el mundo de los videojuegos una vía de escape a su realidad diaria en la que, generalmente, no se sienten confortables, ya que no pueden o no son capaces de socializar abiertamente con otras personas.

  2. Individuos con una baja autoestima, que les incapacita establecer vínculos emocionales de calidad con su entorno, por lo que pueden buscar refugio en un mundo alternativo en el que ser social no implica dar a conocer el "verdadero yo".

Además, estos dos factores tienden a ir de la mano en los casos más severos, ya que la depresión aguda casi siempre cursa con un alta falta de autoestima, lo que complica establecer relaciones equitativas y justas, beneficiosas para la persona con este tipo de trastorno.

Es, por tanto, lógico pensar que a estas personas les sería más fácil establecer un grupo de amigos con los que no sea necesario interactuar de tú a tú, creando un alter ego o una personalidad alternativa que favorezca este tipo de vínculo emocional.

Efectos que dificultan la vida diaria

Psychology Today da buena cuenta de que la adicción a los videojuegos puede tener consecuencias bastante nefastas en el desarrollo normal de una vida diaria.

En el artículo exploran, sobre todo, la mayor vulnerabilidad de los adolescentes, debido a que atraviesan una época en la que las interacciones sociales son más tormentosas y pueden tener un mayor impacto sobre la psique del individuo.

Relatan una serie de efectos, tanto físicos como emocionales, que pueden derivarse de la adicción a los videojuegos, que coincide plenamente con lo que aportan desde PsychGuides en el artículo mencionado más arriba:

Efectos físicos de la adicción a los videojuegos:

  • Fatiga.
  • Migrañas derivadas de una concentración constante o dolor ocular.
  • Síndrome del túnel carpiano causado por el sobreuso de los mandos o del ratón.
  • Falta de higiene personal.

Efectos emocionales de la adicción a los videojuegos:

  • Irritabilidad y/o desasosiego cuando no es posible jugar.
  • Pensamientos constantes acerca de la sesión de juego online previa, o anticipación excesiva a lo que ocurrirá en la próxima.
  • El uso de la mentira con amigos o familiares acerca del tiempo gastado en la sesión de juego.
  • Aislamiento de otras personas para poder pasar más tiempo jugando.

Como puedes ver, todas estas consecuencias de la adicción a los videojuegos hacen que la persona afectada entre en un círculo vicioso del que es complicado escapar.

La autocrítica y el autoconocimiento, nuestras mejores armas

Los chicos de Xombit Games opinan que, como todas las cosas buenas de la vida, los videojuegos han de jugarse con moderación, no olvidando que tenemos una vida y unas responsabilidades fuera de ellos con las que debemos cumplir.

Esta idea no implica que un día no podamos darnos un buen atracón de horas con nuestro juego predilecto, pero eso no significa ni implica el abandono de nuestros quehaceres y hobbies de los que tanto disfrutamos habitualmente.

Por lo tanto, es primordial contar con un espíritu autocrítico que fomente el que nos hagamos preguntas sobre nosotros mismos y lo que estamos haciendo con nuestra vida. Esta útil herramienta nos ayudará a discernir si lo que hacemos es beneficioso, o comienza a ser un hábito perjudicial para nuestra psique.

La importancia de no frivolizar con lo serio

El espíritu autocrítico sólo es efectivo si somos personas capaces de no frivolizar con nuestros propios vicios, es decir, no ha de restársele importancia a una situación que puede llegar a afectarnos muy negativamente.

En The Guardian postulan que cualquier afición que nos cree un estado de completo bienestar es susceptible de tornarse en una adicción seria si abusamos de la búsqueda de ese estado de gracia sin cesar.

También nos invitan a considerar que no podemos tomar a la ligera términos como el de adicción, ya que estos comportan casos agudos y severos en el que las personas afectadas necesitan ayuda y, según la gravedad del caso, medicación.

Así pues, podemos tener una gran pasión por los videojuegos sin que sea un trastorno para nosotros, es decir, que no afecte a nuestra vida diaria negativamente.

Comencemos por culparnos más por nuestras elecciones

Obviamente, todas aquellas personas que sean ávidos gamers van a estar un paso por delante en la escalera que lleva a la adicción, pues su conocimiento de las sensaciones que un juego provoca y el bienestar que le aporta va a ser diametralmente superior a una persona que no gusta de los videojuegos.

Es por esto que, desde Ashwood Recovery nos instan a evaluarnos periódicamente teniendo en cuenta los siguientes parámetros:

  • ¿Jugamos cada vez más tiempo, llegando a descuidar las comidas, las horas de sueño, deberes, trabajo, etc.?
  • ¿Pensamos demasiado en jugar al realizar otras actividades no relacionadas con eso?
  • ¿Usamos los videojuegos como una vía de escape a nuestros problemas?
  • ¿Mentimos sobre el tiempo real que pasamos frente al ordenador/consola?
  • ¿Nos agobia mucho no poder jugar durante mucho tiempo o si se interrumpe la actividad?

Como hemos mencionado, para poder contestar a estas preguntas con absoluta sinceridad es necesario el ser capaz de verse externamente, y ser muy críticos con nuestra conducta.

También podemos contar con la opinión de un amigo o familiar, o acudir directamente a un especialista, si consideramos que nuestro otrora benigno hábito se ha tornado en una molestia carga.

No culpemos al juego, culpemos nuestra conducta

Está claro que los desarrolladores crean sus juegos con la intención de que queramos jugar a ellos, pero no con el propósito de que nos enganchen tanto que no seamos capaces de funcionar como habitualmente.

Si no eres responsable con lo que haces, podrías caer en la adicción

Luego, parece plausible la necesidad de que todas y todos (incluyendo a los profesionales) desmitifiquemos que los juegos son nocivos o causan adicción per se, centrándonos en que es nuestro uso o abuso de ellos y el porqué del mismo, lo que realmente nos genera un grave conflicto.

Por lo tanto, la adicción no deja de ser un problema individual, relativo a la propia persona y, aunque existan poblaciones o usuarios con una mayor predisponibilidad a la misma, esto no resta un ápice de responsabilidad sobre lo que cada una y cada uno decide hacer con su vida.

Seamos más críticos, fomentemos hábitos saludables y seamos consumidores más responsables, para así poder disfrutar, sin limitaciones, de uno de los mayores placeres de la era tecnológica: los videojuegos.