Comes por los ojos, compras por los ojos y ¡juegas por los ojos! La industria no deja de bombardearte con títulos que tienen un apartado gráfico impresionante, pero cuyas historias o jugabilidad son bastante mediocres, o malas. ¿Realmente es tan importante que un videojuego luzca espectacular, pero no tenga ninguna chicha?

Los gráficos han de ocupar un lugar mucho más secundario

Los gráficos son importantes, desde luego, y son una de las razones del atractivo de muchos títulos. Sin embargo, un juego plano y sin contenido termina siempre por aburrir, por cansar al jugador, y la industria necesita más historias que también se coman con los ojos.

Espejito, espejito, ¿cuál es el juego más bonito?

Los gamers parecen reproducir la actitud de la malvada madrastra de Blancanieves cuando preguntan al espejo qué videojuego es el que mejores gráficos tiene.

Aunque dudamos de que esas personas tengan la misma maldad que la madrastra, lo cierto es que perpetúan una cierta superioridad comercial de los juegos con gráficos bestiales.

Como apuntan desde Xataka, la razón primera por la cual un usuario compra un videojuego es la de una excelente calidad gráfica.

Con este dato, no sorprende que los shooters (que cuentan con nula historia o argumento) sean los videojuegos más vendidos en el panorama de esta industria.

Como también indican desde Xataka, la historia o argumento es la tercera razón del éxito de un título, por lo que está relegada a un plano más secundario. Así pues, un juego como Call of Duty puede ser un bombazo a pesar de no tener, ni siquiera, una trama per se.

Esto, aunque pueda parecer lo contrario, no es ningún avance sino un completo atraso para una industria que tiene sus bases en el desarrollo de ideas puramente imaginativas.

Los videojuegos, a diferencia de cualquier otro medio, pueden aspirar a contar historias interesantes, permitiéndonos ser el motor de las mismas, ya que podemos controlar y sumergirnos en la trama, literalmente.

Lo ideal es un título con una historia y gráficos espectaculares

Entonces está claro que la historia debería de ser el elemento con más peso en un videojuego, dejando a los gráficos como una opción más secundaria. Obviamente, títulos como The Witcher 3, Skyrim o el primer Bioshock cumplen sobradamente en los dos aspectos. Ni que decir tiene que títulos como éstos serían los deseables.

En Hipertextual opinan exactamente lo mismo, alegando que el punto central de un videojuego ha de ser su atractivo argumental y no sus beldades gráficas, por muy buenas que sean:

De hecho, la calidad gráfica debe quedar desplazada al segundo lugar de importancia o para algunos incluso el tercero, por debajo de la historia y la jugabilidad. Simplemente es ilógico que un juego sea más valorado por "el efecto y realismo del fuego después de una explosión" antes de por la historia que nos cuenta, la trama y cuánto disfrutamos al desarrollarla.

Sumergirse en océanos de argumentos visuales

Es importante recalcar que un título no ha de ser gráficamente sobresaliente para ser un gran éxito, o para llegar al más duro de los corazones.

Títulos como Undertale, The Wolf Among Us, What Remains of Edith Finch, Bastion o Journey no se caracterizan por una factura gráfica técnica como la del futuro Far Cry 5 o el más actual Mass Effect: Andromeda, pero sí los superan, con mucho, en una cosa: la habilidad para sumergir al jugador en la trama.

Como hemos dicho anteriormente, juegos que combinen gráficos espectaculares con una historia brillante deberían de ser el ejemplo a seguir en la industria, pero no es así.

Suponemos que, como con todo aquello que necesita de un proceso menos mecánico y de uno más creativo, una muy buena historia es más difícil de lograr que unos muy buenos gráficos.

La proeza gráfica suele maquillar un título mediocre

Horizon: Zero Dawn, The Last of Us, The Last Guardian son títulos actuales que juegan en ambas ligas. Poseen un argumento muy interesante, que engancha, que nos anima a seguir jugando y, por otro lado, su apartado gráfico y su dirección artística son simplemente impecables.

La pregunta es: ¿por qué no hay más juegos así? ¿Por qué no conforman la mayoría de los títulos que nos ofrece la industria?

Desde luego, una respuesta sencilla a esta cuestión sería la de un mayor coste de desarrollo. Aunar unos buenos gráficos y una buena historia no es una tarea sencilla, ya que requiere de varios equipos que han de estar en el mismo nivel de madurez creativa.

Eso implica más personas en plantilla, por lo tanto, más sueldos que pagar, y un mayor desembolso que puede, o no, verse perfectamente saldado si el juego tiene mucho éxito, pero que puede ocasionar pérdidas de no ser así.

Probablemente, es por este motivo que la industria prioriza aquellos productos (menor tiempo entre secuelas) con un mayor margen de coste/beneficio como los shooters, dejando otros géneros como los RPGs o los juegos de aventuras que son más costosos de hacer.

Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate

Podríamos argumentar que, en ciertos títulos como Ryse: Son of Rome, los hormonadísimos gráficos intentan maquillar una falta muy substancial de una buena historia y una jugabilidad eficiente.

Este maquillaje gráfico, como todo maquillaje habido y por haber, puede ayudar a paliar las carencias de ciertos juegos, sobre todo si su jugabilidad es aceptable.

Este podría ser el caso de un título como Bound by Flame. Su historia no es para nada brillante, de hecho es una mezcla de varios clichés del género que no aporta nada nuevo. Pero su interesante mecánica de juego y sus llamativos gráficos hacen que lo rancio de su trama no sea tan evidente.

Aunque, como resaltan desde Entertainment Buddha, los jugadores comienzan a acusar un cierto cansancio respecto a los videojuegos que son puro artificio gráfico, o usan su destreza técnica en ese apartado para esconder su mediocre calidad.

Como consumidores somos cada vez más exigentes, y eso es bueno, aunque nuestra exigencia ha de pasar por recuperar el interés en jugar con historias en lugar de jugar con imágenes. Y no se trata de nostalgia, es puro sentido común. Tú, ¿lo tienes?