Alerta en el mar de Noruega: el submarino nuclear soviético que sigue emitiendo radiación a 1.600 metros de profundidad

El K-278 Komsomolets yace en el fondo del mar de Noruega desde que un incendio lo mandó a pique a finales de la Guerra Fría y una reciente investigación confirma que su reactor emite niveles de cesio y estroncio

Alerta en el mar de Noruega: el submarino nuclear soviético que sigue emitiendo radiación a 1.600 metros de profundidad
Submarino soviético
Publicado en Ciencia

El fantasma de la Guerra Fría sigue vivo en las profundidades del mar de Noruega. A 1.680 metros bajo la superficie, el submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets continúa liberando material radiactivo más de tres décadas después de su hundimiento. La nave de aleación de titanio se fue a pique en abril de 1989 tras sufrir un devastador incendio a bordo que costó la vida a 42 de sus 69 tripulantes.

Hoy, este sarcófago descansa en posición vertical sobre el lecho marino. El sumergible alberga un reactor nuclear y dos torpedos atómicos que han mantenido en alerta a las autoridades medioambientales durante años. Las inspecciones periódicas vigilan de cerca el deterioro del casco para evitar un desastre ecológico de proporciones incalculables.

Una reciente expedición científica ha arrojado luz sobre el estado actual de los restos mediante vehículos operados por control remoto. Los resultados del análisis, según detalla un informe publicado por el medio especializado Interesting Engineering, confirman los peores temores sobre la integridad del sistema de propulsión. El combustible nuclear del reactor se está corroyendo y expulsa ráfagas intermitentes de contaminación a través de una tubería de ventilación cercana a la torre de mando.

Niveles de radiación extremos

Los datos recogidos por el equipo de la Autoridad Noruega de Seguridad Nuclear y Radiológica muestran un panorama inquietante a nivel local. Las mediciones de cesio-137 alcanzan cifras 800.000 veces superiores a la radiactividad natural, mientras que el estroncio-90 multiplica por 400.000 los valores normales. Las cámaras de los submarinos no tripulados han llegado a captar columnas visibles de agua contaminada que emanan directamente de las grietas del navío.

Pese a estas cifras en el punto exacto de la fuga, la catástrofe global parece descartada por el momento. Las corrientes oceánicas diluyen rápidamente la radiactividad a los pocos metros de distancia del casco. Los científicos han comprobado que la fauna marina que habita sobre los restos presenta niveles de contaminación ligeramente elevados, pero insuficientes para causar daños biológicos significativos.

El éxito del sellado de los torpedos

El otro gran foco de preocupación siempre han sido las armas que el Komsomolets llevaba listas para el combate. Afortunadamente, los trabajos de sellado del compartimento de torpedos realizados en 1994 han resistido el paso del tiempo de forma excepcional. Los análisis de las muestras de agua no muestran ninguna evidencia de fugas de plutonio en el entorno circundante.

Los expertos exigen mantener una vigilancia constante sobre el pecio. El Komsomolets ofrece una oportunidad única para comprender los riesgos de la tecnología nuclear abandonada en el Ártico y anticipar las consecuencias de futuros accidentes marítimos. La comunidad científica respira aliviada al comprobar que el océano logra contener el material radiactivo, aunque el reactor soviético seguirá activo en la oscuridad durante muchos años más.

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