Científicos podrían haber descubierto el eslabón clave de la evolución humana y está muy cerca de España
Fósiles hallados en el norte de África apuntan a un antepasado común de los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos
Se han descubierto unos restos fósiles enterrados durante casi 800.000 años en una cantera de Casablanca, en Marruecos, que podrían acercarnos como nunca antes al último antepasado común de los humanos modernos, los denisovanos y los neandertales. Los restos, mandíbulas, dientes y vértebras, que han sido descubiertos parece que sitúan a sus dueños justo en el momento en que el linaje humano empezó a bifurcarse.
Acercándonos al origen de nuestra especie
Los fósiles, según el artículo publicado en la revista científica Nature, tienen una antigüedad estimada de unos 773.000 años. Y esta parece que es una fecha crítica para el árbol genealógico de nuestra especie. Estudios paleogenéticos indican que los Homo sapiens, los neandertales y los denisovanos compartieron ancestros entre hace 765.000 y 550.000 años. Sin embargo, identificar a esa población común ha sido, hasta ahora, una de las grandes asignaturas pendientes de la paleoantropología.
Pero, ¿por qué es importante este hallazgo? La clave parece estar tanto en su edad como en su localización. La mayoría de investigadores coincide en que los orígenes de nuestra especie están en África, donde el Homo sapiens ya estaba presente hace unos 315.000 años. Sin embargo, el período anterior, cuando la línea humana aún no se había separado del todo de la que daría lugar a los neandertales, sigue siendo un terreno oscuro, con muy pocos restos bien datados.

Una mandíbula aparecida en una cantera en Marruecos, que perteneció a un homínido que podría ser el eslabón perdido que tanto hemos buscado
Aquí es donde entra en escena el yacimiento marroquí Grotte à Hominidés, que podría traducirse como Cueva de los Homínidos, que ha desvelado restos de al menos dos individuos, uno adulto y otro infantil, junto a más de 300 herramientas de piedra y fósiles de animales extintos. Para poder datarlos, los investigadores analizaron la orientación de minerales magnéticos en los sedimentos y la compararon con las inversiones conocidas del campo magnético terrestre. Y el resultado encaja con el momento en que nuestra familia evolutiva se estaba dividiendo en ramas distintas.
Este estudio, además, revela una mezcla de rasgos antiguos y modernos. Algunos dientes y vértebras recuerdan al Homo erectus, mientras que otros detalles, como la forma de las raíces de las muelas del juicio, se parecen más a los humanos actuales. Esa combinación es la que se esperaría de una especie situada cerca del linaje humano moderno.
El debate, eso sí, está servido. Hasta ahora, uno de los principales candidatos a antepasado común era el Homo antecessor, conocido por los fósiles de Gran Dolina, en España. Sin embargo, su presencia en Europa choca con la idea de un origen africano para nuestra especie. Ahora, los nuevos restos de Casablanca refuerzan la hipótesis africana, aunque no todos los expertos están convencidos de que representan a nuestro antepasado común.
Y esto no tiene por qué ser malo. Puede que la evolución humana no fuese una línea recta, sino una mezcla de poblaciones que compartían rasgos. Quizás, yacimientos alrededor de Casablanca nos desvelen mejor los secretos tras nuestro linaje y el árbol genealógico empiece a cobrar sentido.