Antes incluso de que empiecen las fiestas navideñas, hay quien ya se prepara para lo que está por llegar. Sabemos que durante estos días más de uno va a pasarse con la comida, y lo que no es comida, y las reuniones familiares y de amigos son las principales responsables. Muchos intentamos llevarlo de la mejor manera posible, con moderación, pero acabamos cayendo.

Las comidas y cenas navideñas pueden pasarnos factura

Pasar de una alimentación más o menos normal, con cantidades adecuadas, a estar varios días comiendo y bebiendo cantidades a veces excesivas, conlleva un perjuicio para nuestra salud. Pero, ¿cuáles son los problemas reales que podemos tener por los atracones en Navidad?

Tu organismo sufre los efectos. Telemundo

Problemas estomacales

No es ninguna sorpresa el hecho de que tu estómago pueda sufrir tras una larga y excesiva cena de Navidad, ya que es el principal receptor de todo aquello que te echas a la boca. Esto se traduce en un conjunto de posibles síntomas.

Una gran demanda que puede provocar desajustes

Como leemos desde Salud Eficaz, tu estómago se ve afectado tanto por la cantidad de comida, como por la velocidad a la que la recibe. Esto puede provocar que la digestión no se lleve a cabo correctamente, provocando reflujo y problemas con los ácidos usados para el proceso. Una gran cantidad de estos, generados ante una inmensa demanda, pueden llegar a dañar las paredes de tu estómago.

Fatiga

Seguro que te ha ocurrido alguna vez. Tras una larga y copiosa comida, has empezado a sentir cansancio, incluso sueño. Apenas tienes fuerzas y lo único que te apetece es tumbarte a descansar. Es cierto que esto es algo habitual, que puede ocurrir incluso sin haberse excedido con la comida, pero cuando llegamos a extremos, podemos encontrar consecuencias.

Tu organismo debe realizar un duro trabajo

El trabajo de tu organismo no se limita a la masticación y transporte de los alimentos, sino que cuando estos llegan a tu estómago, comienzan una serie de variados procesos. El esfuerzo que debe emplear tu cuerpo para digerir, tratar y metabolizar los alimentos puede ser mucho, y si lo maltratas con grandes ingestas, te sentirás cansado y sin energía.

Una sustancia difícil de tratar

El alcohol no es bueno para tu organismo, ni en pequeñas ni en grandes cantidades. Durante las fechas navideñas, muchas personas tienden a beber más, y esta conducta suele repetirse durante todas las fiestas. Este consumo es sufrido por la mayoría de sistemas de tu cuerpo.

Siempre provoca estragos, por lo que ten moderación

Esta sustancia provoca estragos en el sistema circulatorio, en el hígado, en el cerebro, incluso en el sistema reproductivo como ya te contamos. Por lo tanto, modera tu consumo durante las fiestas. Además, ya sabes que el alcohol puede mermar muchas de tus capacidades cognitivas, por lo que usa el sentido común.

La comida también puede afectar a tu cerebro, tal y como leemos en El Español. Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Wisconsin-Madison hace ya algunos años, demostró que los excesos afectan a las fuerzas inmunitarias de nuestro cerebro, pudiendo provocar enfermedades como la diabetes.

Problemas respiratorios

Como apuntan desde Muy Fitness, existen personas que pueden sufrir pequeños trastornos respiratorios tras un atracón. Hablamos de algo más que una simple fatiga respiratoria o unos gases, y todo se debe a la distensión del estómago.

Este último se encontrará terriblemente lleno después de una gran comida, por lo que aumentará su tamaño, afectando al diafragma y los pulmones, que pueden verse oprimidos. ¿El resultado? Momentos de dificultad respiratoria que pueden ser muy incómodos. Estos pueden aparecer inmediatamente tras la ingesta o algunos minutos después, y no existe forma de tratarlos. Por lo tanto, la clave está en no llegar al exceso.

Una y no más

Como has podido comprobar, los atracones navideños pueden acarrear más consecuencias que unos cuantos kilos. Por lo tanto, y como siempre hemos dicho, cuando la alimentación está de por medio la clave está en la moderación. Sí, es una vez al año, por lo que podemos pasarnos un poco, pero la cosa debe quedar ahí. En ningún caso debe convertirse en un hábito.