El hombre visitó la Luna hace décadas, aunque muchos aún no lo crean. La conquista del espacio, quizás un término demasiado ambicioso para un raza nacida del azar de vapores de estrellas, es el mayor anhelo de nuestro especie. La pregunta que habría que hacerse es si será nuestro satélite el primer objeto de la Vía Láctea que reciba nuestra visita en forma de ocupación planetaria. ¿Y por qué no hemos vuelto aún a la Luna?

Llegar de nuevo a la Luna sigue siendo un gran reto

Las complicaciones a la hora de abordar un posible aterrizaje y puesta en marcha de una nueva civilización, lunática por el satélite no porque vayamos a enviar a las personas más locas de nuestro planeta, se presentan en muchos sentidos. El viaje no sería el mayor de los problemas. ¿Quieres saber a que nos podríamos enfrentar?

Los mayores retos de la llegada a la Luna

El primer problema que habría que resolver una vez puesto el pie en la Luna, a cámara lenta como Neil Armstrong hizo en su día, sería el de la temperatura. Dependiendo de la zona en la que incida el sol, podríamos hablar de temperaturas rozando la congelación extrema o un calor digno de un horno. Cuando las temperaturas se elevan, según datos de la web dedicada Space, pueden llegar a alcanzar los
123 grados centígrados, un verdadero infierno. Por el contrario, cuando la oscuridad se hace presente, el descenso de las mismas puede ocasionar que el termómetro marque la increíble cifra de 153 grados bajo cero.

El Sol es una de las razones por las que existimos. Unsplash
El Sol nos brinda calor y luz, pero su radiación puede ser mortal fuera de la Tierra

La radiación, debida a la exposición a los rayos cósmicos y partículas enviadas por el astro rey, sería el segundo gran reto que nos tendríamos que plantear cómo resolver. La mayor exposición es debida a una atmósfera menos protegida. Imagina una fina capa de papel rodeando la Luna en comparación con una pared de hormigón que recubra la Tierra. Los rayos cósmicos, de acuerdo a la página web Astronomy Magacine, han provocado que los corazones de los astronautas de la nave Apollo 11 sean más frágiles.

Cueva como protección

Seguramente la realidad es mucho más complicada de explicar, pero como ni yo tengo los conocimientos científicos necesarios ni tú quieres un rollo demasiado técnico, lo explicaré de manera más simple. Gracias a la JAXA, la Japan Aeroespace Exploration Agency o Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, tenemos confirmación de la existencia de una inmensa y profunda cueva en el interior del satélite vecino.

La luna podría ser nuestro primer asentamiento fuera de la Tierra. Unsplash

En un artículo publicado por The Guardian, se hace mención a una cueva de 50 kilómetros de largo por 100 metros de ancho que podría ser utilizada para evitar los dos principales problemas de nuestro viaje, antes mencionados. ¿Cómo han podido conocer estos datos desde tan lejos?

El satélite responsable tiene como nombre SELENE

La respuesta la encontramos en el SELENE, el explorador diseñado en el país del Sol naciente que ha permitido, gracias a sus sistemas de radar incorporados, rastrear la superficie de la Luna. En un principio, lo que se encontró fue una entrada de 50 metros de ancho por 50 metros de profundidad que más tarde fue estudiada.

El satélite SELENE ha sido el artífice del descubrimiento. Space Japan

La propia JAXA se hacía eco de este descubrimiento después de haber examinado el agujero en la superficie a través de ondas de radio. Los túneles ocultos, según The Washington Post, podrían estar formados por lava y, debido a su protección frente a los impactos de asteroides, haber preservado la composición inicial del satélite, algo vital para conocer más acerca de su formación y elementos primigenios.

Un viaje histórico

La vuelta del hombre a la Luna, sin fecha definida por la cantidad de misiones de exploración a lo largo y ancho de nuestro Sistema Solar, sería, probablemente, una de las noticias más importantes de nuestro siglo. Cada vez parece más claro que la supervivencia, en un futuro no demasiado lejano, de nuestra especie pasa por la conquista de otros mundos, donde empezar de nuevo una civilización sin los resentimientos y estragos causados a nuestro pobre y enfermo planeta.

Nuestro planeta debería ser dejado atrás si queremos seguir existiendo como especie

Veremos qué descubrimientos se siguen realizando en torno a la Luna u otros posibles planetas y satélites colonizables, pero no imagino a nadie que no haya fantaseado con viajes interestelares en busca de mundos vírgenes. De momento seguiremos soñando, no vaya a ser que mientras fantaseamos con teorías, nuestro planeta quede irremediablemente condenado a una muerte lenta.