El Ártico se está descongelando a pasos agigantados. Este enero hemos tenido temperaturas de 2,05 grados centígrados por encima de la media del siglo XXI, tanto en tierra como en el agua. De hecho, ha sido el enero más caluroso desde que se comenzaron a tomar registros de temperatura hace 141 años. Tanto el Ártico como la Antártida simplemente se están descongelando, y es inevitable.

El deshielo traerá consigo situaciones drásticas como cambios en los mapas, extinción y/o desaparición de especies y subida del nivel del mar. Pero aún hay otros efectos que no todo el mundo conoce: se liberará metano en grandes cantidades a la atmósfera. Y eso acelerará a su vez el calentamiento del globo terráqueo. El metano es uno de los gases considerados como gases de efecto invernadero, dado que absorven y emiten radiaciones.

El metano es un gas con un efecto mucho mayor que el dióxido de carbono, por ejemplo, de ahí la alarma

Los gases de efecto invernadero son necesarios: sin ellos, nuestro planeta se encontraría a una temperatura de alrededor 18 grados centígrados bajo cero. Pero una proporción alta también es negativa para el correcto funcionamiento de los ecosistemas. El metano es un gas que se produce naturalmente tras la putrefacción de las plantas. El problema es que, a pesar de que las proporciones en las que se encuentra son bajas, su potencia de calentamiento es alta. Tiene 30 veces el potencial de calentamiento global del dióxido de carbono actuándo durante 100 años.

Toneladas de metano serán liberadas al espacio

La NASA ha encontrado, en concreto, más de dos millones de puntos de metano, que serían liberados una vez el hielo se vaya descongelando paulatinamente. El estudio, comenzado en 2017 y publicado el pasado lunes en la revista Geophysical Research Letters, no concluye en cuántos grados centígrados podría aumentar la temperatura media de la Tierra si se liberase todo ese metano contenido, pero tendría consecuencias muy negativas que además provocarían un efecto de retroalimentación.

Burbujas de metano y otros gases de efecto invernadero atrapadas en el hielo

El calentamiento globar libera metano, la liberación de metano aumenta las temperaturas, y se libera aún más metano. Esto es lo que se conoce, en concreto, por retroalimentación climática positiva.

Se ha usado tecnología infrarroja para descubrir fugas de gas, y se ha detectado dos millones de puntos potencialmente peligrosos

Estos dos millones de puntos de metano fueron descubiertos gracias a más de 400 vuelos realizados con equipos con tecnología infrarroja. En total, gracias alrededor de mil millones de observaciones, se curbió un área de unos 52 000 kilómetros cuadrados que fueron analizados, donde se descubrió que el aire tiene 3000 partículas de metano por un millón. Es la primera vez que se usa esta tecnología con este fin. En realidad, fue diseñada para descubrir fugas de metano en plantas de gas, como método de protección. No obstante, ha dado resultados impresionantes buscando metano en el Ártico.

Generalmente estos puntos potencialmente peligrosos de metano han sido encontrados cerca de flujos de agua, lo que los hace aún más peligrosos. El agua que fluye es capaz de cortar el suelo congelado, por lo que el riesgo de que este metano sea liberado a la atmósfera es aún mayor.

Pero, ¿qué hace ahí todo ese metano? El metano ha sido generado de forma orgánica durante miles de años. Es algo natural, y ese no es el problema. Y, en realidad, no solo hay metano, sino también otros gases de efecto invernadero como el CO2, aunque el que mayor importancia tiene por volumen y potencia es el metano. Está situado en el permafrost, la capa de suelo congelada de regiones muy frías como Canadá, Alaska, Siberia, Tíbet, Noruega y otros sitios. Solamente el CO2 enterrado en el permafrost se calcula que es de unos 1700 mil millones de toneladas, unas cuatro veces mayor a la cantidad que hemos liberado a la atmósfera mediante actividades humanas.

Incluso la liberación del metano de forma gradual es algo natural. El permafrost cambia incluso sin que el ser humano intervenga y ello provoca descongelaciones eventuales que hacen liberar metano. Podemos encontrar muchas muestras en Internet: ciertas universidades como la Universidad de Alaska Fairbanks (quien ha realizado el vídeo superior) realizan experimentos en forma de metano. Es decir, la liberación de este gas invernadero en realidad es natural, pero estamos produciendo una aceleración en el ritmo en el que se está expulsando a la atmósfera.

Las conclusiones [del estudio] pueden mejorar la escala de las emisiones en los modelos terrestres del Ártico y reducir potencialmente la disparidad entre el presupuesto de las emisiones terrestres y el de las emisiones atmosféricas

Gracias a la observación de este fenómeno podríamos ser capaces de evitar en cierta medida la liberción de este gas invernadero. Podríamos «reducir potencialmente» el impacto generado por este fenómeno.