El hallazgo en unas bacinillas romanas de hace 1.800 años que desmonta el mito de la higiene imperial

Un equipo de arqueólogos ha analizado los restos fecales petrificados en el interior de orinales de la antigua Roma descubiertos en la actual Bulgaria para desvelar un catálogo de enfermedades intestinales

El hallazgo en unas bacinillas romanas de hace 1.800 años que desmonta el mito de la higiene imperial
Foro romano
Publicado en Ciencia

El Imperio Romano ha pasado a la historia como un referente indiscutible de la civilización, la ingeniería urbana y la limpieza pública. Sus imponentes acueductos, sus lujosas termas y sus complejos sistemas de alcantarillado proyectan la imagen de una sociedad obsesionada con la higiene personal. Sin embargo, el análisis microscópico de los desechos humanos revela una realidad mucho más insalubre que desmonta este mito.

Los restos solidificados en el interior de vasijas utilizadas como retretes han permitido a los científicos diagnosticar los males que atormentaban a los ciudadanos del imperio. Estos recipientes de cerámica funcionaban como orinales de interior y se guardaban en las habitaciones para su uso nocturno. Según detalla el portal especializado Interesting Engineering, el material analizado procede de los antiguos asentamientos de Novae y Marcianopolis, dos enclaves estratégicos ubicados en la actual Bulgaria.

Con el paso de los siglos, la mezcla de orina y materia fecal se ha endurecido hasta formar costras que han preservado a la perfección los microorganismos. A la vista de estos sedimentos, los expertos han constatado la ineficacia de la red sanitaria romana frente a las infecciones parasitarias en los confines orientales del imperio.

Un catálogo de patógenos intestinales

La exhaustiva investigación, liderada por la científica Elena Klenina de la Universidad Adam Mickiewicz junto a expertos de Varsovia, ha sacado a la luz un auténtico ecosistema de bacterias. Los resultados, publicados en la revista académica 'Heritage Science', confirman que los habitantes sufrían graves infecciones entre los siglos II y IV de nuestra era.

El examen de los sedimentos petrificados ha revelado la presencia de huevos de tenia, un conocido gusano plano que se aloja en el tracto digestivo humano. A ello se suman rastros evidentes de Entamoeba histolytica, un peligroso microorganismo que se transmite a través del agua contaminada y que causa cuadros severos de disentería.

El registro más antiguo de Europa

El hallazgo más sorprendente para la comunidad científica ha sido la identificación del parásito Cryptosporidium parvum. Este patógeno provoca enfermedades intestinales que pueden ir desde molestias leves hasta complicaciones clínicas graves. Las muestras extraídas de las bacinillas de Novae representan la evidencia confirmada más antigua de este parásito en la Europa de la época romana.

Hasta la fecha, los investigadores vinculaban este microorganismo con hallazgos en América Central. En este contexto, la contaminación del suministro de agua se perfila como la principal vía de transmisión en los campamentos militares. A pesar de contar con infraestructuras teóricamente avanzadas, los ciudadanos romanos convivían a diario con parásitos que mermaban drásticamente su calidad de vida.

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