El megalodón no era tan buen nadador como creíamos, pero por una buena razón
Un estudio dice la composición de las escamas de los megalodones nos cuentan a qué velocidad nadaban.
Los tiburones son una especie de peces que todavía tienen muchos secretos para el ser humano. Este es el caso del más emblemático de todos ellos el Otodus Megalodon, un tiburón prehistórico que podía alcanzar los 20 metros de largo y pesar entre 30 y 60 toneladas. Ahora, un estudio reciente publicado en Historical Biology ha aportado nuevos datos sobre esta terrorífica especie.
El estudio se centra en la velocidad que podían alcanzar estos animales cuando nadaban. De manera tradicional se había pensado que los megalodones eran similares a los tiburones rápidos. Es decir, que podían nadar todo el tiempo a altas velocidades, sirviéndoles esta característica para atrapar a sus presas mucho menos rápidas.
El estudio confirma que el megalodón era un velocista de manera ocasional
El citado estudio pone en entredicho esta hipótesis con base en unos hallazgos hechos en Japón. En la década de 1980, un grupo de paleontólogos descubrió un conjunto de 73 dientes de un megalodón. Además de los dientes, el equipo encontró una serie de escamas fósiles. Estas escamas son las que han servido para determinar a qué velocidad nadaban estos gigantescos depredadores hace 3,5 millones de años.
Las escamas, la pieza central del estudio publicado, son del tipo placoides que se diferencian de las escamas óseas. Las placoides están en la actualidad presentes en los grupos de peces elasmobranquios, grupo que incluye tiburones y rayas. Su observación ha determinado que el megalodón carecía de las crestas llamadas quillas. Presentes en tiburones que nadan rápido.
Este hecho ha llevado a afirmar a los expertos que el megalodón era más un velocista ocasional que un corredor de tiempo completo. Esta idea recuerda un poco a los mamíferos como los guepardos o los leones que solo usan su fuerza bruta en el momento culmen de la caza para atrapar a las presas. Una vez terminada la cacería, su velocidad es normal, incluso lenta.
Que en su día a día nadara lento no era una desventaja. Gracias a esta velocidad pausada, el enorme tiburón, primo del Gran Blanco que todavía puebla los mares, podía mantener su sangre caliente y digerir mejor los alimentos y obtener más nutrientes que otras especies.
Los megalodones podían llegar a pesar hasta 65 toneladas y medir 20 metros de largo
Aunque su tamaño era incomparable y estaba en la cima de la cadena alimenticia en los mares del Plioceno, los megalodones se extinguieron hace 3,5 millones de años después de haber estado sobre la faz de la Tierra durante más de 10 millones de años. En esto tuvo mucho que ver la extensión de sus primos más pequeños, pero más eficientes.
Durante los últimos años el megalodón ha sido una de las especies prehistóricas que más interés ha atraído entre la comunidad científica. El descubrimiento de su velocidad natatoria es ahora otro dato que nos ayuda a comprender como vivían y el mundo que habitaban estos animales. No hace mucho que se supo el por qué de su enorme tamaño.
Hoy, en el planeta existen 1.200 especies de tiburones de todas las clases y tamaños. Algunos de ellos como el Gran Blanco comienzan a estar en peligro y entran en la lista de animales marinos en peligro de extinción. Esperemos que este no acompañe a su pariente entre la lista de especies desaparecidas.