Es parecido a un sello, pero en realidad se trata de un chip que podría revolucionar el tratamiento de enfermedades neurológicas

Una nueva tecnología abre la puerta a tratamientos más eficaces para la epilepsia, la parálisis o la pérdida de visión

Es parecido a un sello, pero en realidad se trata de un chip que podría revolucionar el tratamiento de enfermedades neurológicas
Este es el aspecto de la interfaz BISC
Publicado en Ciencia

Un equipo internacional de investigadores ha presentado una nueva generación de interfaz cerebro-máquina que podría marcar un antes y un después en la medicina neurológica. Estamos hablando de un sistema que se basa en un implante de silicio tan fino como un cabello humano y que es capaz de comunicarse con el cerebro directamente, de manera inalámbrica y a gran velocidad.

El implante que promete revolucionar la conexión mente-máquina

Recientemente, gracias al artículo publicado en la revista científica Nature Electronics, hemos conocido un dispositivo que responde a las siglas BISC, acrónimo de Sistema de Interfaz Biológica con la Corteza. Y no estamos hablando de una interfaz que necesite de grandes módulos implantados en el cráneo, sino de algo mucho más revolucionario: concentrar toda la electrónica necesaria en un único chip.

El BISC se ha presentado como una lámina flexible de apenas 50 micras de grosor. Esta interfaz se colocaría entre el cerebro y el cráneo, apoyándose con suavidad sobre la superficie del cerebro. Eso sí, que su tamaño no te engañe. Hablamos de un chip que integra más de 65.000 electrodos, que permiten leer y escribir señales neuronales con una resolución muy superior a la de las interfaces actuales.

Además, como se asegura en el comunicado publicado en la página web de la Universidad de Columbia, la comunicación con el exterior se realiza de manera inalámbrica y los datos se transmiten a velocidades de hasta 100 megabits por segundo. Y esta combinación de miniaturización y ancho de banda la que abre nuevas posibilidades para futuros ensayos clínicos.

Los investigadores aseguran que este chip podría utilizarse en personas con epilepsia resistente a fármacos, además de en aquellas con lesiones medulares, esclerosis lateral amiotrófica, ictus o incluso ceguera. Esto es debido a que se puede registrar con precisión la actividad cerebral y se logran estimular áreas concretas de forma controlada. El objetivo sería mejorar el control de las crisis, restaurar funciones motoras o facilitar la comunicación en pacientes con graves limitaciones.

Lo más importante es que el proyecto no se ha quedado en el laboratorio. Cirujanos y neurólogos ya están probando el implante en entornos quirúrgicos reales para evaluar su seguridad y estabilidad. Aseguran que el diseño ultrafino y la ausencia de electrodos que penetren en el tejido cerebral reducen la agresividad de la intervención y el riesgo de rechazo a largo plazo, uno de los grandes retos históricos de este tipo de tecnologías.

El doctor Ken Shepard afirma que "avanzamos hacia un futuro en el que el cerebro y los sistemas de IA puedan interactuar fluidamente, no solo para la investigación, sino también para el beneficio humano". Si añadimos a la ecuación el rápido avance de la inteligencia artificial, este tipo de interfaces no solo cambiarán el tratamiento de enfermedades neurológicas, sino también la manera en que humanos y máquinas interactúan.

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