Genes milenarios nos cuentan las estrategias de supervivencia humana prehistóricas
La evidencia dietética del estudio indicó desigualdades sociales tempranas, en el acceso a la proteína animal, sugiriendo que algunos individuos consumían consistentemente más productos animales que otros
Un equipo internacional de arqueólogos y científicos han analizado los restos humanos de 60 individuos que abarcan desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce, un período que tuvo importantes puntos de inflexión en la prehistoria centroeuropea, desde la llegada de grupos con ascendencia esteparia hasta el primer uso generalizado del mijo (grupo de cereales ancestrales de grano pequeño, muy nutritivo, rico en fibra, proteínas y libre de gluten).
La investigación, que ha rastreado las dietas de las comunidades prehistóricas del centro-norte de Polonia, muestra cómo las elecciones alimentarias reflejaron la adaptación, la migración e incluso las primeras divisiones a lo largo de casi tres mil años. La comunidad de cerámica cordada llegó al centro-norte de Polonia alrededor del 2800 a. C. Como comunidad metafóricamente suburbana que vivía fuera del centro cultural de Europa Central, desarrolló su propia cultura, según el comunicado de prensa.
El estudio, publicado en Royal Society Open Science, abrió una puerta a la vida cotidiana y a las actividades de estas primeras comunidades, demostrando cómo obtenían y distribuían sus alimentos, lo que apuntaba a desigualdades sociales y mostraba cuán creativos eran los humanos en su capacidad de adaptarse a su entorno.
Las comunidades prehistóricas del centro-norte de Polonia desarrollaron sus propias soluciones
Los arqueólogos asumieron durante mucho tiempo que estos grupos preferían los pastizales abiertos para el pastoreo. En cambio, la evidencia isotópica de huesos humanos sugiere que los primeros habitantes de la Cerámica Cordada pastoreaban a sus animales en bosques o valles fluviales húmedos, paisajes marginales alejados de los suelos fértiles cultivados por las comunidades locales.
Varios siglos después, ese patrón cambió. Su dieta comenzó a asemejarse a la de los agricultores vecinos, lo que indica la adopción gradual de prácticas de pastoreo locales. La comida también se convirtió en un símbolo de identidad con la llegada del mijo, el cual se extendió rápidamente en gran parte de Eurasia hasta convertirse en un alimento básico.
Sin embargo, en el centro-norte de Polonia, su adopción fue desigual. Desde aproximadamente el 1200 a. C., algunas comunidades dependían en gran medida del mijo, mientras que otras lo consumían en cantidades limitadas o nulas. Estas diferencias dietéticas se correspondían con tradiciones funerarias específicas. El patrón sugiere que las comunidades vinculaban estrechamente las elecciones alimentarias con los límites grupales y la pertenencia cultural, no solo con la practicidad agrícola.
La evidencia dietética del estudio indicó desigualdades sociales tempranas. Las variaciones en los valores de isótopos de nitrógeno reflejan diferencias en el acceso a la proteína animal, un recurso alimenticio de mayor valor. Durante la Edad del bronce Temprano, algunos individuos consumían consistentemente más productos animales que otros, lo que sugiere jerarquías emergentes que no son obvias únicamente a partir de los ajuares funerarios.
Estos hallazgos desafían la idea de que las regiones periféricas simplemente copiaron los centros culturales. En cambio, las comunidades prehistóricas del centro-norte de Polonia desarrollaron sus propias soluciones, combinando innovación y adaptación. Al leer los alimentos como un registro histórico, los investigadores están descubriendo cómo las sociedades antiguas navegaron el cambio ambiental, la migración y la identidad, una comida a la vez.