Humanos y animales según los arqueólogos: los aztecas también enviaban a sus mascotas al templo para ser sacrificados
Lejos de ser un mito de los conquistadores, los zoológicos sagrados aztecas existieron. Un análisis de los restos de jaguares y águilas revela ahora su verdadero y oscuro propósito: la cría de animales para el sacrificio ceremonia
En las entrañas del complejo ceremonial de la antigua Tenochtitlan, la capital del Imperio azteca, la arqueología ha desenterrado una verdad brutal y fascinante a partes iguales. Fosas de sacrificio con los restos de 28 animales de enorme poder simbólico, como jaguares, águilas reales y lobos, han puesto al descubierto una de las prácticas más solemnes y oscuras de la cosmovisión mexica, un sistema que iba mucho más allá de la simple ofrenda. Este descubrimiento se suma a otros hallazgos recientes que revelan la complejidad de las sociedades antiguas, algunas incluso forman parte de la leyenda como la comunidad siluriana que se supone que permanece oculta.
De hecho, el análisis de los huesos de estas criaturas revela una historia paradójica. Lejos de ser ejemplares salvajes capturados para un fin inmediato, los esqueletos presentan traumatismos a largo plazo y fracturas que llegaron a sanar, inequívocas señales de cuidados humanos durante periodos prolongados. La conclusión es contundente: estos animales no cazaban, sino que eran alimentados y atendidos en cautividad.
Una vida en cautividad para una muerte sagrada
En realidad, estos hallazgos dan por fin una base científica a lo que los cronistas españoles, desde Hernán Cortés a Bernardino de Sahagún, describieron en sus escritos como las «Casas de las Fieras». No eran zoológicos para el recreo de la corte de Moctezuma, sino recintos sagrados con un propósito puramente ceremonial: criar animales destinados a ser sacrificados a los dioses. La existencia de estas instalaciones, según informa el medio Archaeology News, era una pieza clave en la maquinaria religiosa azteca.
Gouache Study of Ancient Animal Artifacts. Artist: Karroana (Johanna), Date: 2025. Medium: gouache.
— Archaeology & Art (@archaeologyart) October 19, 2025
Animals were not decorative extras in the ancient world; they were the carriers of function and meaning. A dog can guard a tomb. A frog can call the rains while pouring a… pic.twitter.com/KG9aoBfLka
Asimismo, la profundidad de esta práctica queda patente en los detalles. Algunos de los lobos encontrados, por ejemplo, muestran indicios de haber sido criados desde su nacimiento dentro de los propios muros de la ciudad. Este nivel de planificación demuestra que el cautiverio no era una solución improvisada, sino un proceso metódico y totalmente integrado en la vida ritual de la capital.
Por todo ello, el papel de estas bestias trascendía su propia existencia. Actuaban como poderosos intermediarios entre los mundos, encarnando los tres grandes reinos de la cosmogonía azteca: el cielo, representado por el águila; la tierra, por el jaguar; y el inframundo. Su sacrificio no era un acto de crueldad, sino un mecanismo necesario para mantener el equilibrio cósmico y reafirmar el poder del imperio.
En definitiva, lo que en su día fueron relatos de conquistadores que podían sonar a leyenda, hoy la arqueología moderna lo confirma con pruebas tangibles. Aquellas «Casas de las Fieras» no eran una simple colección de animales exóticos, sino el epicentro de un complejo sistema de creencias donde la vida y la muerte de estas criaturas garantizaban la conexión entre el hombre y sus dioses.