La energía solar proveniente del espacio necesitará un receptor en la Tierra y ya sabemos dónde estará
La compañía británica Space Solar impulsa un proyecto para captar luz solar de forma ininterrumpida desde el espacio y enviarla a la Tierra. El plan contempla aprovechar la infraestructura de los parques eólicos marinos
La carrera por la soberanía energética ha encontrado un nuevo escenario a miles de kilómetros de la superficie terrestre. El Reino Unido, condicionado históricamente por la volatilidad meteorológica del Mar del Norte, explora ahora una vía que permitirá cosechar energía solar en el espacio para transmitirla después a la Tierra mediante microondas.
Esta propuesta no pretende sustituir a las renovables actuales, sino convertirse en el complemento necesario para estabilizar la red eléctrica nacional. A diferencia de las placas terrestres, los satélites en órbita geoestacionaria reciben luz solar de manera constante al no verse afectados por los ciclos nocturnos ni por la nubosidad atmosférica. Esta disponibilidad permanente ofrece una fiabilidad similar a la de las centrales nucleares.
En un futuro próximo la energía solar se producirá en el espacio
Según detalla Recharge News, la firma Space Solar ha sellado una alianza estratégica con Northern Marine Group y el Puerto de Aberdeen para analizar la viabilidad técnica de esta tecnología. El eje central del proyecto pasa por utilizar los parques eólicos marinos ya operativos como puntos de recepción de la carga eléctrica.
Al situar las estaciones receptoras junto a los aerogeneradores, el Ejecutivo británico podría aprovechar las conexiones por cable ya instaladas que transportan la energía hasta la costa. Esta sinergia reduciría drásticamente los costes de infraestructura y optimizaría el uso del espacio marítimo en aguas británicas.
El despliegue contempla satélites de escala kilométrica dotados de espejos y paneles ultraligeros. Estos dispositivos convertirían la electricidad en microondas de alta frecuencia para enviarlas de forma inalámbrica a una antena receptora situada en el mar. La estructura funcionaría como una gran red tensada sobre las aguas capaz de transformar las ondas en corriente apta para el consumo.
El sistema garantiza que, cuando el viento amaine, la energía proveniente del espacio tome el relevo de las turbinas. De este modo, se solventa el problema de la intermitencia que lastra a las fuentes tradicionales y se asegura un flujo constante de electrones hacia los hogares.
Las previsiones de los responsables apuntan a que el sistema comercial podría estar plenamente operativo a mediados de la próxima década. El potencial estimado es masivo, con una capacidad de aportación de hasta 180 gigavatios a la red eléctrica del Reino Unido, cifra suficiente para cubrir gran parte de la demanda nacional de forma soberana. El éxito de esta iniciativa situaría a Londres a la vanguardia de la ingeniería moderna. Al transformar el espacio en una central eléctrica permanente, el país busca consolidarse como un referente global en innovación y demostrar que la transición energética no tiene límites físicos.