La primera visita al dentista de la historia ya tiene fecha: ocurrió hace 2.500 años y la hizo una mujer
Cirujanos de la Edad de Hierro lograron reconstruir la mandíbula de una mujer mediante ligamentos artificiales hace 2.500 años en Siberia. El hallazgo excepcional de estos restos momificados
La medicina actual, a menudo cegada por el brillo de la tecnología de vanguardia, acaba de recibir una lección de humildad desde las gélidas estepas de Siberia. Un hallazgo arqueológico sin precedentes ha revelado que, hace 2.500 años, una joven de apenas 30 años sobrevivió a una reconstrucción de mandíbula de una complejidad técnica que desafía los cánones establecidos sobre la Edad de Hierro. Este hito demuestra que la sofisticación quirúrgica no fue patrimonio exclusivo de las grandes civilizaciones mediterráneas, situando estas prácticas a un nivel de precisión asombroso. Este tipo de hallazgos recuerdan al caso de un cuerpo que llevaba 7.000 años muerto pero que un equipo de científicos revivió para desbloquear un gran secreto histórico.
En España, donde el sistema de cuidados y la tradición médica se consideran pilares fundamentales de la cohesión social, este descubrimiento invita a reflexionar sobre los orígenes más remotos de la asistencia universal. Los restos, pertenecientes a una mujer de la cultura nómada Pazyryk, evidencian una intervención realizada en dos fases tras un traumático accidente ecuestre que destrozó su articulación temporomandibular. Los cirujanos de la antigüedad perforaron canales óseos con una delicadeza extrema para implantar ligamentos artificiales de crin de caballo.
Unos restos de hace 2.500 años que nos revelan una historia desconocida
Según detalla la investigación de la Universidad Estatal de Novosibirsk y la Academia de Ciencias de Rusia, el uso de tomografías computarizadas de última generación ha sido determinante para desvelar este secreto milenario bajo el permafrost. El radiólogo Andrey Letyagin sostiene que estamos ante la primera evidencia documentada de un procedimiento de tal calibre en la historia de la arqueología. El análisis confirma que la paciente sobrevivió a la operación, dado que el tejido óseo llegó a regenerarse alrededor de los orificios. La tecnología aplicada a restos antiguos es crucial, como demostró el estudio de un esqueleto de 1.500 años que ha sido capaz de desvelar y reescribir los orígenes de la primera pandemia.
Evidence of a highly sophisticated surgical procedure performed approximately 2,500 years ago on a woman of the Pazyryk culture.
— Nrken19 (@nrken19) February 17, 2026
Using advanced computed tomography (CT) imaging, scientists identified traces of a complex jaw reconstruction surgery https://t.co/DWydMeW88s
Aunque la mujer recuperó la movilidad para comunicarse, las secuelas fueron inevitables: la incapacidad para masticar del lado derecho provocó un daño severo en su dentadura izquierda por la sobrecompensación de la mordida. Sin embargo, más allá de la pericia técnica, el caso desvela un trasfondo humano y social que rompe prejuicios historiográficos sobre las sociedades nómadas.
A pesar de pertenecer a un estrato social bajo, la paciente fue sepultada en un ataúd de madera, un material de inmenso valor en esa región esteparia. La arqueóloga Natalia Polosmak destaca que en esta sociedad la vida se valoraba de forma intrínseca, independientemente de la riqueza. La destreza manual de los Pazyryk, habituados a la costura de alta precisión, les permitió trasladar esa habilidad a la mesa de operaciones para salvar a un miembro de su comunidad. Este respeto por la existencia contrasta con otros periodos más salvajes donde hace 1,8 millones de años estos humanos vivieron las muertes más terroríficas posibles sin auxilio alguno.
Esta sofisticación médica, equiparable a las habilidades quirúrgicas del antiguo Egipto, confirma que la necesidad de sobrevivir en climas extremos agudizó el ingenio humano hasta límites insospechados. Hace veinticinco siglos, la innovación técnica y la ética del cuidado ya caminaban de la mano, demostrando que la voluntad de preservar la vida es una constante universal que ignora las fronteras del tiempo.