Los astrónomos hablan de la utilidad que tienen estrellas muertas para descubrir agujeros negros
Los astrónomos usan las estrellas muertas como una red gigante de detectores de ondas gravitacionales.
Cada año que pasa los astrónomos disponen de mejores herramientas para aumentar su conocimiento respecto a los astros. Mientras más exploramos el cosmos, más idea tenemos de cómo está formado. Y lo mejor de todo, no hace falta que las estrellas “estén vivas” para poder usarlas para nuestro beneficio y las ganas de adquirir conocimientos.
Un equipo internacional de astrónomos ha detectado una débil señal de ondas gravitacionales que reverberan a través del universo. Esta débil señal ha sido localizada gracias a la utilización de las estrellas muertas como una red gigante de detectores de este tipo de ondas. ¿Para qué sirve esto? Nada menos que para medir los impulsos de antiguos agujeros negros.
Las ondas gravitacionales permiten localizar agujeros negros en el espacio
Ahora bien, y para que no haya confusiones, ¿qué son las ondas gravitacionales? Son ondas en el espacio-tiempo causadas por objetos masivos que se aceleran. Esto se traduce en que si hay un cuerpo espacial que se está acelerando es debido a que su alrededor es por seguro que hay un agujero negro.
Aunque esto pueda parecer algo innovador, la verdad es que ya el famoso científico Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales en su teoría general de la relatividad en la que planteó la hipótesis de que “cuando una onda gravitacional atraviesa el espacio, hace que este se encoja y luego se expanda de manera periódica”.
La hipótesis de Einstein en lo relativo a los agujeros negros no pudo ser probada hasta 2015. Ese año, un interferómetro láser conocido como LIGO recogió una señal producida de un par de agujeros negros fusionados que había viajado 1.300 millones de años luz hasta llegar a nuestro planeta. Así lo han contado en Phys en una reciente entrada publicada por el experto y astrónomo Chris Impey.
La señal que recogió LIGO en 2015 no eran otra cosa que ondas gravitacionales. Chris Impey cuenta que estas ondas se producen cuando dos agujeros negros de 10 a 100 veces la masa del sol se fusionan en un objeto que gira más rápidamente. Al fusionarse, aparecen las ondas que oscilan cientos de veces por segundo.
The colliding neutron stars we detected in August 2017 had actually collided 130 million years earlier. The light and gravitational waves detected by our satellites, @LIGO, @ego_virgo, and @ESA_Integral had traveled together since the time Iguanodon roamed Earth. #DinosaurDay pic.twitter.com/yDqi8UN045
— NASA Universe (@NASAUniverse) June 1, 2023
En un ejemplo muy acertado, Impey compara los agujeros negros como un diapasón, cuanto más pequeño sea el evento, más rápido vibrará el diapasón y más alto será su tono. En concreto LIGO detecta las ondas gravitacionales que “suenan” en un rango audible.
Sabiendo esto, nos atrevemos a decir que la futura mejora se encuentra en ir afinando el "oído cósmico" a estas ondas para hallar más agujeros negros de menor tamaño. Incluso quizá formándose.
Desde la primera prueba realizada con LIGO en 2015, el descubrimiento de agujeros negros en galaxias lejanas se ha intensificado. Hace menos de un año, el 4 de noviembre del año 2022, fue descubierto un agujero negro supermasivo en el mismísimo corazón de la constelación de Ofiuco. Esto fue posible gracias a la sonda espacial europea Gaia y al equipo del profesor El-Badry de Havard.
No hay ni que comentar que en la actualidad todavía queda mucho por aprender del espacio. Ahora mismo la NASA y otras agencias especiales del mundo se encuentran en una carrera por abrir el horizonte de la exploración con humanos. El conocer la existencia de los agujeros negros y su funcionamiento es vital para que en el futuro las tripulaciones de las naves sepan a lo que se enfrentan.