Los baños públicos de Pompeya eran más sucios de lo que se pensaba, o eso dice este estudio

La imagen idealizada de las termas romanas se desmorona en Pompeya, donde un nuevo estudio revela que sus baños públicos eran un foco de insalubridad y suciedad en el que solo se aseaba el primer bañista del día

Los baños públicos de Pompeya eran más sucios de lo que se pensaba, o eso dice este estudio
Uno de las tantas bañeras que existen en los baños de la antigua ciudad de Pompeya (Pompeii Archaeological Park)
Publicado en Ciencia

La construcción de un acueducto en el siglo I d.C. fue mucho más que una proeza de ingeniería para Pompeya. Supuso, en realidad, una auténtica revolución sanitaria que transformó por completo la vida cotidiana de sus habitantes. Esta obra monumental puso fin a una época en la que los célebres baños públicos de la ciudad romana eran, contra todo pronóstico, focos de insalubridad y riesgo. Estas condiciones de higiene deficientes eran comunes en el mundo antiguo y a menudo sentaban las bases para crisis de salud pública, como lo demuestra el estudio sobre los orígenes de la primera gran pandemia de la humanidad.

De hecho, el gran problema de las termas pompeyanas residía en una gestión del agua sorprendentemente precaria. Durante un largo periodo, desde el 130 a.C. hasta bien entrado el siglo I, el suministro dependía en exclusiva de pozos locales, una limitación que impedía la renovación constante del agua en las piscinas.

El veredicto químico de las tuberías

En la práctica, esta situación convertía el baño en una experiencia poco apetecible para la mayoría. Salvo el primer visitante del día, el resto se sumergía en un líquido estancado, una mezcla turbia de sudor, orina y los restos de aceite de oliva con el que los romanos se lavaban, una realidad que documenta el medio Ancient Origins. El agua, en el mejor de los escenarios, se cambiaba una sola vez al día.

Asimismo, la confirmación de estas pésimas condiciones higiénicas ha llegado a través del análisis de los depósitos de carbonato, el sarro acumulado durante siglos en el sistema de canalizaciones de la ciudad. Estos sedimentos han actuado como un preciso registro del pasado, ofreciendo un testimonio químico irrefutable de la contaminación que padecían las aguas. Este tipo de análisis son clave para desvelar detalles del mundo antiguo, de forma similar a como se ha utilizado el ADN para descubrir los secretos de los antiguos egipcios y su forma de vida.

Además, el estudio de las tuberías sacó a la luz otra amenaza latente para la salud de los pompeyanos. Las canalizaciones que abastecían las termas presentaban altos niveles de contaminación por plomo, un peligro añadido que se sumaba a la suciedad del agua. Solo la llegada del acueducto logró finalmente limpiar las termas y acercarlas a la imagen idealizada que ha llegado hasta nuestros días.

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