Los dinosaurios en miniatura existieron y estos fósiles de hace 70 millones de años son la prueba final

Un equipo internacional ha desenterrado en el norte de España los fósiles de Foskeia pelendonum, un diminuto dinosaurio de singular anatomía. Su hallazgo redefine el árbol genealógico y sugiere patrones migratorios prehistóricos

Los dinosaurios en miniatura existieron y estos fósiles de hace 70 millones de años son la prueba final
Reconstrucción de paleoarte de Foskeia pelendonum (Martina Charnell)
Publicado en Ciencia

El árbol genealógico de los grandes reptiles acaba de sufrir una sacudida inesperada que conecta directamente nuestra península con las antípodas. Lo que parecía imposible se ha confirmado científicamente: el norte de España albergaba una especie hermana del Muttaburrasaurus, un célebre ejemplar australiano, lo que sugiere la existencia de patrones de migración global muchísimo más complejos e intrincados de lo que la ciencia había imaginado hasta la fecha.

En este sentido, el hallazgo no es una simple curiosidad local, sino que resuelve un misterio cronológico de enorme magnitud para la paleontología. Esta nueva criatura aparece para rellenar un vacío evolutivo de setenta millones de años en el registro de los dinosaurios ornitópodos, abriendo un abanico de nuevas preguntas sobre cómo evolucionaron estos animales.

Un metabolismo similar al de las aves

Por otra parte, a diferencia de lo que podría pensarse al observar el tamaño de los huesos, no estamos ante una cría de Iguanodon, sino frente a una especie totalmente distinta. Los análisis microscópicos han sido tajantes: los fósiles pertenecen a adultos sexualmente maduros, a pesar de contar con una estructura corporal extraordinariamente ligera, minúscula y grácil.

Asimismo, los investigadores han quedado absolutamente fascinados con la morfología de su cráneo, catalogado por los expertos como "hiper-derivado". Esta singularidad anatómica confirma que estamos ante una entidad única, cuyos restos corresponden a un mínimo de cinco individuos diferentes que han permitido reconstruir este puzle biológico.

De igual manera, la biología interna de este animal desafía la imagen lenta y pesada que a menudo tenemos de la fauna prehistórica. Tal y como recoge el medio especializado Papers in Palaeontology, los estudios histológicos revelan que este pequeño herbívoro poseía una tasa metabólica muy elevada, comparable a la de aves y mamíferos modernos, lo que le otorgaba una ventaja vital. El estudio de la biología antigua no deja de sorprender, similar a cómo organismos preservados en el permafrost contienen la clave para desbloquear un gran misterio de la genética.

Además, su capacidad de adaptación al medio era asombrosa, llegando a modificar su postura física durante el crecimiento para conservar esa agilidad característica. Sus dientes especializados le permitían prosperar en bosques densos, un rasgo evolutivo que ha servido para revitalizar la hipótesis taxonómica conocida entre los expertos como "Phytodinosauria". Finalmente, es de justicia destacar el bonito homenaje histórico que encierra su nombre científico oficial: Foskeia pelendonum. Mientras el género combina términos griegos para aludir a la luz y al forrajeo, el apellido rinde tributo a la tribu celtíbera de los Pelendones, los antiguos habitantes de la región donde el paleontólogo Fidel Torcida Fernández-Baldor inició este descubrimiento, avalado ahora.

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