Malas noticias en el Ártico: un sumergible ruso ha encontrado un cementerio nuclear desconocido
Gracias a vehículos submarinos del país del norte del continente, se ha encontrado un vertedero radiactivo desconocido en el mar de Barents
Durante décadas, parece que el fondo del océano Ártico ha estado guardando secretos de la era nuclear soviética. Uno de ellos acaba de salir a la luz durante una reciente expedición científica rusa, que ha conseguido localizar un vertedero de residuos radiactivos que nunca antes había sido documentado y que no se encontraba en los archivos oficiales de la extinta Unión Soviética.
El desconocido cementerio nuclear soviético
El descubrimiento, según la información publicada en la página web del Instituto P.P. Shirshov de Oceanología de la Academia Rusa de Ciencias se produjo a bordo del buque de investigación Akademik Ioffe. La misión en la que estaba embarcado era la evaluación y rehabilitación de zonas del Ártico que albergan objetos sumergidos con combustible nuclear gastado.
El lugar se encuentra en el mar de Barents, en un punto que no aparecía en los mapas ni en los listados oficiales de zonas donde se sabía que había residuos nucleares. Uno de los objetivos principales de la expedición era encontrar el Likhter-4, un barco que fue hundido a propósito en 1988 para usarlo como vertedero submarino y en el que se depositaron 146 contenedores con residuos radiactivos sólidos procedentes de reactores de submarinos nucleares.
Encontrar ese barco ha sido complicado. En varias expediciones anteriores, realizadas en los años 2007, 2023 y 2024, los investigadores no pudieron localizarlo debido al mal tiempo y a que esa es una zona remota y hostil. En esta ocasión, dado que las condiciones del mar fueron mucho mejores, se pudo trabajar con mayor precisión. Para la búsqueda, se utilizaron robots submarinos equipados con instrumentos capaces de medir radiación y desarrollados por el Centro Nacional de Investigación Instituto Kurchatov.
Mientras se analizaba el fondo marino, los científicos descubrieron que el barco no estaba donde decían los archivos, cerca del glaciar Roze, sino que se había quedado atrapado a más de 100 metros de profundidad. Y además de descubrir al Likhter-4, los investigadores también localizaron la barcaza Nikel, convertida en un depósito de unas 580 toneladas de residuos radiactivos sólidos.

Imagen de archivo del submarino K-27
Por último, la expedición también tuvo tiempo de inspeccionar el submarino nuclear K-27, hundido en 1981 y considerado uno de los objetos nucleares más peligrosos de los océanos. Este sumergible está equipado con reactores refrigerados por una aleación de plomo y bismuto, pero, por el momento, las barreras de protección siguen funcionando y no se detectan fugas radiactivas hacia el entorno marino.
Tal y como podrás imaginar, una de las grandes lecciones que los científicos han aprendido en esta reciente expedición es que hay que mantener una exhaustiva vigilancia de este tipo de depósitos nucleares. De hecho, ya se ha seleccionado una zona costera para instalar una estación submarina que monitorice de continuamente a los mencionados restos. Y es que nuestro pasado nuclear parece que nunca llega a desaparecer.