La Agencia Espacial Europea participa en un programa internacional conocido como Red de Avisos Internacional de Asteroides –IAWN por sus siglas en inglés, International Asteriod Warning Network–. Se trata de una unión internacional real creada en 2013 que tiene como fin lo que su propio nombre indica: buscar cuerpos que podrían colisionar con nuestro planeta y, si algún día ocurriese, tratar de ponerle fin.

Dentro de esta organización encontramos no solo agencias espaciales internacionales como la ESA y la NASA, sino también decenas de universidades, satélites, telescopios y todo tipo de tecnología. Todo ello para buscar cuerpos NEO –Near-Earth Object– que pudieran potencialmente colisionar contra la Tierra causando daños graves.

El interés por estudiar los objetos peligrosos surgió en 1994 tras el estudio del cometa LS-9 que cayó sobre Júpiter

El interés de interceptar asteroides potencialmente peligrosos para la Tierra surgió en 1994, cuando el cometa Shoemaker-Levy 9 de 1.8 kilómetros de distancia se estrelló en Júpiter, constituyéndose la primera colisión extraterrestre entre objetos del Sistema Solar. Esto fue todo un fenómeno en la época para los científicos: no solo podríamos averiguar más sobre la constitución de Júpiter, puesto que con la colisión se revelaría material del interior causadas por erupciones de material; además, también podríamos estudiar los efectos de una colisión de un cometa tan grande en planetas como el nuestro.

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Lo bueno es que hemos descubierto que Júpiter hace las veces de aspiradora cósmica: debido a su gigantesca masa atrae asteroides que, de otro modo, podrían acabar estrellándose contra nuestro planeta. «No estaríamos aquí hablando [si el Shoemker-Levy 9 se hubiera estrellado con la Tierra]», determinó Eugene Shoemaker, uno de los dos descubridores del cometa. Pero igualmente se descubrió tanto que debemos estar alerta a este tipo de cuerpos, así como este cometa nos alertó de los peligros de la basura espacial del sistema solar interior.

Qué podríamos hacer si se descubriese un asteroide gigante viniendo hacia nosotros

Primero debemos destacar que las posibilidades de que esto ocurra son realmente bajas. Debido a la diferencia de masa entre la Tierra y Júpiter, este ultimo planeta atrae diez veces más cometas que nosotros. Y aún así, se estima que cometas como el LS-9 solo tienen una incidencia de uno cada 6000 años sobre el planeta gigante, aproximadamente. Según la ESA, un asteroide de este tamaño colisionaría la Tierra cada 300 milones de años, aproximadamente.

Para que la International Asterior Warning Network se alerte debe concurrir una serie de eventos. En primer lugar, la probabilidad de colisión con nuestro planeta debe ser mayor del 1%. Además, el tamaño de este debe ser de más de 50 metros. Los asteroides de este 10 metros o menos colisionan frecuentemente: los más pequeños cada dos semanas y los más grandes para unos pocos miles de años. Pero claro, colisiones con asteroides de este tamaño ocasionarían poco daño. No obstante, lo asteroides realmente peligrosos situados en nuestro sistema solar están identificados: aproximadamente el 90% de ellos son conocidos y no suponen ningún peligro.

El peligro real está en aquellos asteroides de cientos de metros de diámetro, cuya frecuencia es de aproximadamente 10 mil años. Hay muchos de ellos cerca de nosotros y tenemos muy pocos identificados. «Si uno de estos impacta con nosotros podría realmente dañar una ciudad completa o un área poblada. Pero si son descubiertos con la suficiente antelación, el punto de impacto podría ser estimado con un grado de precisión bastante alto, pudiendo tomar acciones para proteger a la población», explica la Agencia Espacial Europea.

¿Y si detectásemos uno?

Ilustración de la misión Hera impactando en Didymos B para desviarlo, tal y como se prevé que ocurra en unos años
La ciencia ficción está cerca: en los próximos años realizaremos el primer experimento para redireccionar un asteroide

Si detectásemos uno de los clasificados como peligrosos hay dos opciones: evacuar poblaciones donde se prevé el impacto, como ya hemos explicado, o alterar el rumbo del mismo. Esta última opción, de hecho, ya está siendo desarrollada, y en los próximos años podríamos estar realizando las primeras pruebas. Se trata de la misión Hera. De hecho, ya se conoce incluso cuál será el primer objetivo de esta misión: el asteroide Didymos, de casi 160 metros de diámetro –orbitando junto a otro de 780 metros– será el escogido para demostrar nuestra futura capacidad de desviar estos cuerpos mediante la nave DART.

La misión consistirá en impactar un satélite de unos 500 kg contra Didymos B con la intención de desviarlo de su camino, y estudiar de esa forma si resultaría en un éxito

Dadas las velocidades a las que se mueven estos cuerpos, solamente hace falta una modificación muy pequeña en su trayectoria para desviarlo completamente. En el caso de Didymos no supone ningún peligro para la Tierra, y tampoco podríamos provocar que colisionase con nosotros en ningún caso, y es por ello que se ha escogido a este asteroide para realizar la prueba.