El mundo en el que vives está lleno de diferentes estímulos que llegan a tu cerebro a través de los órganos de los sentidos. Como ya te contamos hace no mucho tiempo, estos deben ser organizados adecuadamente para que tu experiencia de la realidad no sea un total desastre.

Tu cerebro posee multitud de áreas diferentes

Cuando toda esta información -que puede ser auditiva, visual, olfativa, gustativa o táctil- es procesada, produce la activación de distintas áreas de tu cerebro. Como refleja Neil R. Carlson en su conocido Fundamentos de psicología fisiológica, los estímulos visuales se procesan en el lóbulo occipital, en la parte trasera de tu cerebro, y los auditivos en la corteza auditiva primaria, que se encuentra en los lóbulos temporales o laterales.

Cada uno de los órganos de tus sentidos envía la información a través de los nervios, llegando esta hasta su zona correspondiente. Allí será procesada, y tras ello, tú serás consciente de esa vivencia. Por lo tanto, todo debe ocurrir a una velocidad tremenda.

Todo sucede en milésimas de segundo

No sólo existen áreas sensoriales, sino que tu cerebro cuenta con multitud de zonas distintas, que llevan a cabo tareas muy diferentes. Existe un pequeño grupo de esas zonas que conocemos como circuito cerebral de recompensa, y del cual hablaremos hoy.

Tu cerebro lleva a cabo muchas tareas distintas, todas con un objetivo. Muy Interesante

El centro que te hace sentir bien

Como podemos leer en Vix, estas zonas de tu cerebro son las encargadas de hacer que te sientas bien. Gracias a la liberación por parte de la neuronas de sustancias como la oxitocina y la dopamina, la excitación de estas áreas provoca sensación de bienestar.

Estos circuitos se activan provocándote bienestar

Si has prestado atención a las primeras líneas de este artículo, sabrás que para que una zona cerebral se active, necesita de un estímulo o de una serie de estos. Entonces, ¿cuáles son los estímulos que activan estos circuitos del placer de tu cerebro?

Hemos mencionado antes que estas zonas se conocen como circuitos cerebrales de recompensa, y no es ninguna casualidad. Durante el comienzo de la existencia de nuestra especie, este circuito se encargaba de que los individuos repitiesen acciones que resultaban beneficiosas y contribuían a su supervivencia.

Gracias a ellos, la especie humana prosperó

Por ejemplo, si nuestros antepasados ingerían un alimento rico en grasas, estas áreas se activaban, propiciando una sensación de bienestar. ¿Por qué las grasas? Muy sencillo. Ya que podían pasar días sin comer, las reservas de grasa les protegerían tanto del frío como de la desnutrición.

De hecho, y como podemos leer en la obra de Neil R. Carlson mencionada anteriormente, es por esto por lo que nos atrae la comida con mucha grasa, son resquicios del pasado, que han quedado grabados en el código genético de nuestra especie. Han viajado durante miles de años y han llegado hasta ti.

Donde las drogas actúan

Un punto realmente importante y que debes tener en cuenta es que los centros del bienestar son la base de las adicciones. Las drogas excitan estas áreas provocando intensas sensaciones. Cuando los efectos de estas decaen, nuestro cerebro pide más, propiciando la aparición de las adicciones. Además, si tu cerebro se acostumbra y luego deja de recibir estos estímulos, comenzará el complicado síndrome de abstinencia.

Son la base de todas las adicciones

¿Cómo funciona? Debido a la dependencia que hemos creado, el organismo empieza a sufrir. Nuestro cerebro ya no sabe vivir sin esa sustancia, y nos tortura para poder conseguir aquello que tanto desea. Esta es la base de una adicción, por esto es tan complicado deshacerse no sólo de las drogas duras, sino también del tabaco, del alcohol, o incluso de la comida basura.

¿Y qué pasa con la música?

Diversas investigaciones a lo largo del tiempo han demostrado que la música también juega un papel muy importante en este tema. Es más, como podemos leer en El País, la música activa las mismas zonas que las drogas o el sexo.

Puede ser tan potente como una droga

Además, escuchar la música que te gusta hace que tus neuronas comiencen a generar dopamina, que es el principal neurotransmisor del bienestar. Por lo tanto, tu canción favorita puede excitar tu cerebro con la misma fuerza que la comida o incluso que las drogas, y esto da lugar a algunos curiosos fenómenos.

Te ayuda a recordar hechos más fácilmente

De repente, escuchas una canción que hace mucho tiempo que no oías, y esta te lleva de golpe a un lugar pasado, a una sensación, a un recuerdo. Seguro que te ha pasado alguna vez, y los circuitos de recompensa son los responsables de ello.

Las emociones y la música te ayudan a recordar

Como hemos comentado anteriormente, su principal función es la de procurar que la conducta que ha provocado bienestar se repita. Por esto, los hechos que ocurren alrededor de esa conducta quedan profundamente grabados en la memoria. De esta manera, será más fácil que el sujeto se vea envuelto en la misma situación. Esta es la explicación a por qué algunas canciones aparecen asociadas a tus recuerdos.

Sin embargo, la dopamina generada por el sistema de recompensa no es lo único que puede hacer que uno de tus recuerdos quede grabado a fuego. Las emociones que experimentas también tienen un papel importante. Y es que la música puede hacerte sentir una gran variedad de emociones, y eso es algo que sabes de sobra. Pues bien, como apuntan en Ciencia Today, todos esos sentimientos son capaces de mejorar la consolidación de los recuerdos.

Una máquina casi perfecta

Es lo que nos separa del resto de especies animales

El cerebro humano es una máquina casi perfecta. Gracias a él nuestros antepasados pudieron saber a dónde ir, a dónde volver, y qué hacer. Es todo lo que somos y lo único que nos separa de las demás especies animales de nuestro planeta

Su compleja estructura y funciones han permitido que nuestra especie llegue a donde hoy está. Si este no hubiera evolucionado de la manera en la que lo ha hecho, muy probablemente no estarías leyendo estas líneas, por lo que le debes mucho más de lo que crees.