Mientras que el periodo de gestación de algunos grandes mamíferos como los elefantes llega hasta los 22 meses, los seres humanos nos quedamos en algo más de 9. Sin embargo, durante ese tiempo tienen lugar multitud de cambios diferentes, que llevan a dos diminutas células a convertirse en un individuo.

No hay ninguna duda de que nos encontramos ante uno de los procesos más complejos de la naturaleza, por lo que no es de extrañar que existan cosas que puedan ir mal. Muchas variables pueden entorpecer el crecimiento de un nuevo ser humano, pero hoy nos centraremos en una de ellas. Puede que sea una de las más importantes y es nada más y nada menos que el tiempo.

Llegados antes de lo esperado

Un gran porcentaje de los nacimientos que se producen cada año se llevan a cabo sin inconvenientes, pero existen otros que resultan algo más complicados. Como podemos leer en el libro Neuropsicología Infantil, a través de casos clínicos, escrito por varios autores, un niño prematuro es aquel que nace antes de tiempo, no habiendo completado su proceso de desarrollo. En concreto hablamos de la llegada al mundo antes de la semana 37 de gestación.

Nacer antes de lo debido tiene consecuencias, ¿cómo afectan a los bebés?

Para que puedas hacerte una idea de la cantidad de estos nacimientos, y según las cifras que ha recabado el Instituto Nacional de Estadística (INE), se sitúan entorno al 8%, cercano al 1 de cada 10. Hablamos de España, pero en el resto de países los porcentajes son muy similares.

Si una tarea tan compleja como la formación de un nuevo ser humano queda interrumpida, es de esperar que existan consecuencias, pero ¿de qué tipo? ¿Cuáles son los problemas que puede sufrir un niño nacido con menos de 37 semanas?

Las consecuencias de la inmadurez

Los problemas que sufren estos pequeños son inversamente proporcionales al tiempo que hayan pasado en el vientre de su madre. Estamos hablando de gestaciones inferiores a las 37 semanas, pero existen niños que pueden llegar antes incluso de las 28, situándose en un sector de riesgo extremo. Además, el peso con el que nazcan juega un papel muy importante.

Órganos como el cerebro, el corazón y los pulmones se ven afectados

Como leemos en El Mundo, la inmadurez de muchos de los órganos de estos pequeños puede acarrear serios problemas y secuelas que les acompañarán toda la vida.

Respirar es la primera tarea de un recién nacido, pero también su primer problema. Los pulmones de los pequeños deben arrancar por primera vez y supone una tarea difícil que puede serlo mucho más si estos no están completamente desarrollados. Por este motivo, uno de los primeros peligros es la hipoxia, la falta de oxígeno, que puede afectar rápidamente a órganos tan importantes como el cerebro.

El sistema nervioso de los niños prematuros tampoco ha conseguido desarrollarse completamente. Su cerebro suele ser más pequeño que el de un niño nacido a tiempo y existen estructuras, como la amígdala y el hipocampo, que se ven realmente perjudicadas. Hablamos de zonas muy delicadas ya que juegan un papel primordial en la memoria. De hecho, sin ellas no sabrías ni montar en bicicleta.

Las estructuras de la memoria se encuentran en lo más interno. Psicología y Mente

Como podrás imaginar, otro de los sistemas que pueden causar problemas por su inmadurez es el cardiovascular. Por ello, un bebé prematuro presenta muchas más probabilidades de desarrollar enfermedades que afectan al corazón.

¿Qué hay de su futuro?

Como apuntan desde Muy Interesante, existen estudios que han tratado la relación entre la prematuridad y el desarrollo escolar. Por lo general, parece que estos pequeños tienen más dificultades en algunos aspectos de la escuela, debido a alteraciones atencionales y ejecutivas. Sin embargo, en muchos casos son solucionados con apoyos y todo se desarrolla adecuadamente.

No todos los niños nacidos prematuramente tendrán problemas. Muchos pequeños pasan sin demasiadas complicaciones el periodo de incubación y llegan a casa sanos. Es cierto que en estos casos se tiene que ser precavido, y tener mucho más cuidado con los bebés, pero prematuridad no es sinónimo de enfermedad.