Las enfermedades mentales constituyen una amplia gama de trastornos que pueden adquirir formas muy diferentes. La depresión es una de ellas, y no debe ser tomada a la ligera, ya que puede desestabilizar por completo la vida de una persona.

Para poder ser diagnosticada, y según el DSM V, manual de los trastornos mentales, los síntomas deben permanecer durante al menos un tiempo, y cumplir ciertos requisitos. Pero, ¿por qué se produce esta enfermedad? Existe una teoría que cuenta con todas, o casi todas, la respuestas.

Un origen químico

Tu cerebro está formado por redes casi infinitas de células que se encuentran conectadas. Y sí, decimos casi infinitas porque el número medio en un adulto alcanza las 100.000.000.000. Todas esas neuronas pueden llevar a cabo tareas muy diferentes, por lo que necesitan comunicarse unas con otras, de manera eficiente.

Son los encargados de que todo el circuito funcione

¿Cómo podríamos conectar a esa ingente cantidad de células? La clave está en los neurotransmisores, sustancias que son generadas por las propias neuronas y proyectadas al espacio sináptico –ese diminuto hueco que queda entre neurona y neurona– para que sean recogidas de nuevo por otras células nerviosas, como si de un mensaje se tratara.

Una inmensa red neuronal, conectada. Moodblue

Sabiendo esto, podemos decirte que una de las teorías más importantes sobre la depresión tiene como principal responsable a una de estas sustancias. Concretamente a la serotonina. Es muy probable que ya conocieras a este neurotransmisor, ya que es uno de los más importantes y juega un papel primordial entre las llamadas "hormonas de la felicidad".

Como sabes, uno de los cometidos de la serotonina es mantener constante nuestro estado de ánimo. Según apuntan desde la BBC, las neuronas encargadas de generar esta sustancia, las llamadas serotoninérgicas, son unas de las más importantes, influyendo también en multitud de procesos metabólicos. Por lo tanto, unos niveles bajos de serotonina en el cerebro pueden ser sinónimo de depresión.

¿Cuáles son sus consecuencias?

Ya sabemos que la disminución de la cantidad de serotonina puede propiciar una depresión, pero, ¿cómo se manifiesta este trastorno? Aunque dependerá de cada persona, y en muchos casos de la información presente en sus genes, podemos destacar algunos aspectos comunes.

Los síntomas de la depresión permanecerán, alterando la vida de quien los sufre

Como leemos en MedlinePlus, existen diferentes tipos de depresión, pero es muy probable que el más importante sea la depresión mayor, que es precisamente en el que nos estamos centrando. Entre los síntomas principales destacan la tristeza, la frustración e incluso la ira, que perjudican la vida diaria y se mantienen durante un periodo de tiempo.

Otras manifestaciones son la inquietud, la irritabilidad, la falta de energía, la pérdida de interés en actividades antes disfrutadas, la pérdida de apetito, la dificultad para concentrarse, los problemas de sueño e incluso los pensamientos de suicidio y muerte. Todos ellos, interferirán el correcto funcionamiento de la vida del enfermo.

Todos estos problemas pueden provocar que las personas lleven a cabo conductas de evasión, que les ayuden a escapar del sufrimiento. Nos encontramos ante un gran problema, ya que el consumo de alcohol y drogas pueden ser una de estas conductas. Sin embargo, no todos tienen por qué optar por esa salida.

¿Cómo podemos tratarla?

Existen diferentes formas de tratar la depresión, aunque podríamos categorizarlas todas en dos grandes grupos, aquellas que utilizan medicación y aquellas que evitan por todos los medios llegar a la medicación.

A veces no es posible llevar a cabo la mejor opción

Las terapias psicológicas intentan realizar un tratamiento a largo plazo, que no dependa de los medicamentos y que proporcione al paciente las herramientas necesarias para poder hacer frente a la depresión, y para no volver a caer en un momento futuro.

Sin embargo, esto no es siempre posible, y teniendo en cuenta el origen químico que parece tener en muchos de los casos, existen ocasiones en las que es necesario recurrir a los medicamentos.