Los estudiantes de hoy en día son auténticos nativos digitales, es decir, son la primera generación que ha crecido rodeada de tecnología como los smartphones, tablets, eReaders, etc. Obviamente lo asumen como algo natural y es difícil encontrar un niño que no sepa manejarse con ellos.

De hecho, dedican tantas horas durante su adolescencia que pasan varias semanas al año pegados al móvil. Con esa dependencia tan brutal, no es de extrañar que nuestro cuerpo se esté modificando para el uso continuado de estos dispositivos.

Profesores, padres y políticos saben de la influencia de la tecnología y por ello intentan ganarse el favor de los más jóvenes con el uso de las redes sociales y promocionando el aprendizaje a través de los medios digitales, invirtiendo en iPads o libros de texto electrónicos. Y es que, si a los chavales les gusta la tecnología, ¿por qué no meterles los reyes visigodos desde la tablet? Igual así entran mejor.

Nuestra forma de comunicarnos cambió totalmente. Pexels

Craso error. Un estudio reciente publicado por Business Insider evidencia que leer en medios digitales o en papel es diferente. Y es que puede que los libros electrónicos sean más ligeros y accesibles, pero el aprendizaje es peor, aunque les gusten más los gadgets.

¿De qué sirve leer rápido si no te enteras de nada?

Los estudiantes dicen que prefieren leer en pantallas y que incluso se cansan menos, pero su rendimiento no dice lo mismo. Por ejemplo, asimilan mejor textos largos (que implican más de una página) de forma impresa que haciendo scroll en la pantalla, por su efecto de dispersión. En resumen, que se concentran menos teniendo que saltar. No es casualidad que estés leyendo párrafos cortos en este artículo.

La demostración no pudo ser más flagrante: el mismo texto, visto en pantalla o impreso. Tras su lectura, los sujetos tuvieron que completar tres tareas: describir la idea principal de lo leído, listar los puntos claves y añadir cualquier otro tema que considerasen relevante. Después tuvieron que hablar sobre la experiencia.

No es lo mismo leer el As que las cláusulas de tu hipoteca

Para ellos, la lectura en una pantalla era algo así como la panacea: no solo les gusta más leer en una pantalla, sino que leen más rápido.

Sin embargo, los evaluadores del ejercicio mostraron que la comprensión era abrumadoramente superior en el texto en papel. Más o menos todos se quedaron con la idea general del texto, pero en cuanto había que hablar de los detalles, los que habían leído en una pantalla apenas pudieron retener información concreta.

Con estos resultados, la estrategia a tomar por profesores, padres y políticos sobre el incremento de contenido digital en la aulas debe tener en cuenta varios factores.

Niños en el aula aprendiendo con iPads. Mater Purísima

¿Por qué leemos?

Puedes leer por muchos motivos: por placer, por obligación, para aprender, para informarnos para pasar el rato… Parece algo obvio, pero deberíamos tenerlo en cuenta. No es lo mismo levantarnos por la mañana a leer los titulares de la prensa que preparar unas oposiciones, por ejemplo. Ni es lo mismo leer la cartelera del cine que leer el contrato de la hipoteca.

No hay un medio que sea mejor que otro, dependerá de cuál sea el objetivo

Cada propósito puede tener un medio que se le ajuste mejor. Vamos, que no vale aplicar con rotundidad la máxima de que el papel es siempre mejor para todo.

Sin embargo, para algunas tareas, el medio es irrelevante. Si a un estudiante le das un medio u otro y le dices que se tiene que quedar con la idea principal, da igual papel o pantalla. Pero si se requiere más concentración y comprensión, siempre será mejor un texto impreso. Aunque te gusten más las pantallas.

¿Leer rápido o leer mejor?

En otro experimento, los investigadores fueron capaces de crear un perfil de los estudiantes basados en la forma en la que leían y comprendían los textos. Concretamente, había un grupo bastante atípico que leía más despacio los textos cuando estos estaban en una pantalla que cuando estaban en un libro, y por ello, llegaban a comprenderlo mejor. Vamos, que no se limitaban a la archiconocida lectura diagonal. Lo que demuestra que no solo se trata de un tema de elegir el medio, sino de concentración.

Sí, retirar el papel de las aulas tiene enormes beneficios medioambientales y económicos, pero sin perder el objetivo del aprendizaje. A lo largo de nuestra vida académica, hay una serie de textos a los que volvemos de forma regular, algo que en un medio digital costaría bastante. Por ello, no debería haber miedo en invertir en libros que vamos a utilizar muchas veces: leer, releer, subrayar, tomas notas al margen…

No es que nos olvidemos de los gadgets y volvamos a los 80, sino que no perdamos nivel académico por satisfacer el gusto de los más jóvenes, que a la larga lo agradecerán.