Todos sabemos que es imposible hacerte cosquillas a ti mismo, pero ahora la ciencia ha desvelado por qué

El secreto en las cosquillas propias puede estar dentro del cerebro.

Todos sabemos que es imposible hacerte cosquillas a ti mismo, pero ahora la ciencia ha desvelado por qué
Las cosquillas pueden convertirse en un suplicio para algunas personas. Unsplash
Publicado en Ciencia

Las reacciones a las cosquillas, si eres de fácil provocación, ya sabes que pueden ser realmente intensas. Se ha realizado muchos estudios alrededor de esta respuesta física del cuerpo humano, pero una nueva investigación nos sugiere el motivo oculto por el que resulta extremadamente complicado poder hacerse cosquillas uno mismo.

Si alguna vez te has planteado este hecho, a continuación te desvelamos sus claves. Por cierto, no es la única incógnita que tiene el ser humano. Ya en su día, en Urban Tecno, te mostramos las 7 preguntas filosóficas que nunca tendrán respuesta y éstas también dan para pensar largo y tendido.

Cosquillas: fácil de provocar en otros, pero imposibles de replicar en nosotros

Recientemente, un grupo de científicos han publicado un artículo en The Royal Society, en el que investigan las causas por las que una persona no puede hacerse cosquillas. Lo primero que habría que aclarar es el mecanismo que desemboca en que alguien pueda provocar un efecto en otra persona a través de este contacto. Según Konstantina Kilteni, neurocientífica del Instituto Karolinska en Solna, ya en el año 1897 se describieron como las zonas a las que más afectan las cosquillas a las axilas, cuello y barbilla. En el estudio que se está llevando a cabo, una de las grandes sorpresas ha sido descubrir que las cosquillas cambian la expresión facil y la respiración a los 300 milisegundos de ser provocadas y que las risas tardan en llegar hasta los 500 milisegundos.

Después de una primera fase donde las personas que iban a ser 'cosquilleadas' no veían a su pareja, se pasó a una fase donde recibirían el estímulo y, al mismo tiempo, se intentarían estimular en el lado opuesto. La sorpresa llegó al comprobar que los estímulos propios no tenían ningún efecto y que los externos disminuían en la sensación. La teoría que se lleva desarrollando años tiene que ver con el propio cerebro. Las cosquillas parece que son una respuesta de este órgano frente a un error de predicción, un estímulo inesperado. Dado que si uno mismo se toca no existe el elemento inesperado, es por ello que las cosquillas propias son casi imposibles de replicar.

Parece que el nivel de sensación de cosquillas está determinado por la capacidad de jugar de cada individuo, con lo que el estudio puede ir mejorando en sus distintos enfoques. Sin embargo, Michael Brecht, líder del equipo de investigación, sugiere una nueva teoría. Cuando una persona se toca a sí misma, el cerebro envía una señal a todo el cuerpo que inhibe la sensibilidad al tacto. Según sus propias palabras, publicadas en el medio digital Ars Technica:

Pensamos que lo que está sucediendo es que el cerebro tiene un truco ahora: según te estás tocando, no escucha.

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