Da igual que seas Michael Bublé o Cèline Dion, hay un hecho al que no escapa el común de los normales: no soportar nuestra propia voz. Te puede gustar tu forma de expresarte, puedes vocalizar bien e incluso tener un tono agradable y nada estridente pero no falla, prueba a grabar un audio de los de WhatsApp y escúchate después. Le horreur.

Qué desagradable, casi a la altura de la insoportable sensación de la dentera, ¿verdad?. Pero, ¿por qué? Si es que al final nos pasamos el día oyéndonos a nosotros mismos. ¿No deberíamos acostumbrarnos a nuestra propia voz? Pues no, pero tranquilo porque tiene una explicación científica.

La buena noticia es que no, los demás no te oímos del mismo modo que te oyes a ti mismo, como explican en Mental Floss. Y es que cuando escuchamos nuestra voz grabada, se oye más aguda, con mayor reverberación y se echa en falta los graves.

El entrenador de técnica vocal Chris Beatty nos da la respuesta de forma breve y concisa:

Al oírnos recibimos un anticipo del sonido que llega por el lado de la cara, directo a los oídos. Además, sentimos una vibración interna en el oído y en la cabeza que asumimos como "nuestro sonido", pero realmente no lo es.

Con un poco más de detalle, la explicación es que cuando hablamos normalmente el sonido sigue dos caminos: el externo y el interno. El primero de ellos es el más conocido: sale de nuestra boca y se traslada hasta nuestros oídos a través el aire.

Allí, atraviesa el canal auditivo externo, pasa por el tímpano y llega a la cóclea. Como tenemos la boca tan cerca de las orejas, este proceso conocido como conducción aérea es casi instantáneo.

¿Cómo suena mi voz: como yo me oigo o en una grabación? Future Music

Pero cuando hablamos, el sonido también se desplaza por el interior de nuestro cuerpo: recorre la estructura ósea del cráneo, reforzando las vibraciones de baja frecuencia y dando ese porte más grave a nuestras palabras. Nosotros nos escuchamos más por la conducción interna, por eso creemos que hablamos mucho más grave de lo que se oye en las grabaciones, según puntualiza ABC.

Tanto en la conducción interna como en la externa, el sonido acaba en el órgano de Corti, dentro del oído interno. Allí, la energía vibratoria de nuestra voz se transforma en energía nerviosa.

Vale, pero esto todavía no responde a nuestra pregunta inicial.

¿Es así nuestra voz en realidad?

Como explica la revista Muy Interesante, los micrófonos obviamente no graban la reverberación de los huesos, sino que solo se quedan con la parte externa del proceso auditivo. Así que cuando oímos una grabación con nuestra voz, nos estamos perdiendo la parte predominante de nuestra voz: la conducción interna.

¿Dónde están mis sexys tonos graves?

La conclusión de todo esto es que en vivo nuestra voz suena más baja, suave y rica en tonos a causa del retumbar extra de nuestra cabeza.
Pero cuando viene desde fuera, nos suena más agua y extraña. No obstante, tampoco es así como suena tu voz para los demás, así que no te pongas nervioso.

Así que si quieres experimentar un poco con la experiencia de tu voz a través de distintos canales, Beatty recomienda que cojamos un par de revistas y las coloquemos detrás de nuestras orejas a modo de antena parabólica (no hagáis esto fuera de casa), como ves en el vídeo.

De este modo, las ondas del sonido que normalmente se desplazan de forma radial, quedarán recogidas en el sector de nuestra cabeza, es decir, hacia el frontal y no los laterales. Con las revistas en tus orejas, cuenta del uno al cinco y verás cómo suena tu voz para las otras personas cuando hablas o incluso cuando cantas. Ahora sí que es momento de avergonzarse.