China compite con su avión de quinta generación frente al polémico F-35 de Estados Unidos
China desafía la hegemonía aérea de Estados Unidos con el nuevo J-35A, su caza de quinta generación destinado al mercado internacional. Este avión furtivo, más veloz que el F-35, se posiciona como la gran alternativa estratégica
China sacude el tablero de la defensa global. El J-35A, su nuevo caza de quinta generación, desafía frontalmente la hegemonía del F-35 estadounidense en un despliegue de músculo tecnológico sin precedentes. En España, los analistas de inteligencia y mandos militares observan con cautela este movimiento, conscientes de que la carrera por el sigilo y la superioridad aérea define hoy el equilibrio de fuerzas. El régimen de Pekín no solo busca blindar su espacio aéreo, sino irrumpir como un proveedor estratégico para naciones que han quedado fuera del exclusivo círculo de confianza de Washington. Como respuesta a la amenaza creciente en el Pacífico, Estados Unidos despliega el avión de combate más peligroso que está en Guam y tiene una importante misión de contención estratégica frente al avance chino.
El desarrollo del aparato, liderado por Shenyang Aircraft Corporation, rompe con la doctrina del J-20, el otro vector avanzado chino que permanece bajo estricto uso doméstico. A diferencia de su predecesor, el J-35A nace con una clara ambición comercial a través de la firma CATIC. China ya ha comenzado a promocionar activamente su aeronave en foros internacionales como el Singapore Airshow, posicionándola como la única alternativa real para estados que buscan tecnología furtiva sin las restricciones políticas de los contratos norteamericanos. Esta coyuntura es vital en casos diplomáticos complejos, como cuando analistas tiran de las orejas a Donald Trump y le dicen que debe enviar F-35 a Turquía para evitar que busquen proveedores alternativos como Pekín.
El avión de quinta generación de China que puede competir con el F-35
En el terreno puramente técnico, las comparativas con el estándar occidental son inevitables. Timothy Heath, analista de la Rand Corporation, señala que el modelo chino podría aventajar al F-35 en términos de velocidad punta y maniobrabilidad en combate cerrado. No obstante, el estándar del Pentágono mantiene todavía una brecha cualitativa crítica en la fusión de sensores y en la capacidad para operar en redes de mando y control integradas. A esto se suma el hándicap del soporte postventa, donde expertos del King’s College London advierten que el mantenimiento chino carece aún de la madurez de los programas de la OTAN. En medio de esta batalla técnica, surgen voces críticas sobre el modelo occidental, cuestionando qué es el F-35, el avión tan odiado que iba a ser el mejor de la historia pero que para muchos es el peor debido a sus problemas de desarrollo.
Más allá del rendimiento en vuelo, el factor económico juega a favor de las aspiraciones de Xi Jinping. Investigadores del Hudson Institute destacan que el J-35 se posiciona como una opción estratégica para países que desean reducir su dependencia de las cadenas de suministro occidentales. Pekín ofrece, además, planes de financiación flexibles que abren la puerta de la quinta generación a estados con presupuestos ajustados o que enfrentan vetos diplomáticos por parte de la Casa Blanca.
Esta irrupción presiona un mercado que hasta ahora era un monopolio de aliados como Japón, Australia o Corea del Sur. En el contexto nacional, el despliegue de la variante de despegue vertical por parte de las marinas regionales es un espejo en el que se mira la Armada española para garantizar el futuro de su aviación embarcada. China ya no solo compite con Estados Unidos, sino que desafía el orden industrial global, demostrando que el dominio del cielo ya no es un patrimonio reservado en exclusiva a las potencias de Occidente.