El talón de Aquiles de la Armada china: el temor de Pekín a que sus cazas caigan al mar

La expansión militar de Pekín afronta un obstáculo crítico que pone en entredicho su hegemonía en el Indo-Pacífico. Pese a contar con la flota más numerosa del mundo, la Marina china carece de la tecnología necesaria

El talón de Aquiles de la Armada china: el temor de Pekín a que sus cazas caigan al mar
Los esfuerzos de recuperación para los aviones de la armada china están todavía bajo secreto
Publicado en Defensa

La Marina del Ejército Popular de Liberación ha alcanzado hitos asombrosos en un tiempo récord. En la actualidad, el gigante asiático presume de poseer la flota más extensa del planeta en términos numéricos. Sin embargo, tras esa imponente fachada de acero y misiles de largo alcance, Pekín oculta una vulnerabilidad que inquieta a sus altos mandos: la incapacidad para rescatar aeronaves siniestradas en las profundidades del océano.

Esta carencia técnica representa un riesgo estratégico de primer nivel. Según recoge un análisis de Interesting Engineering basado en publicaciones de la propia industria naval china, el déficit estructural es evidente. Mientras otras potencias han perfeccionado sus sistemas de salvamento submarino durante décadas, el país asiático todavía depende de una infraestructura rudimentaria para operaciones en mar abierto, especialmente cuando las profundidades superan el umbral de los mil metros.

Una brecha tecnológica entre China y Estados Unidos que debe resolverse

A estas alturas, la realidad técnica resulta tozuda para las ambiciones de Xi Jinping. El despliegue de poder en aguas internacionales se ve lastrado por la falta de medios especializados, lo que podría entregar sus avances tecnológicos más sensibles directamente a manos de sus principales competidores en la región.

La recuperación de un caza de combate que se hunde en el abismo no es una tarea que pueda resolverse con medios convencionales. Requiere vehículos de rescate submarino (DSRV), sonares de barrido lateral de alta resolución y una coordinación milimétrica que la Armada china aún no domina. Hasta la fecha, sus éxitos se han limitado a aguas poco profundas y zonas próximas a la costa, donde cuentan con el respaldo de sistemas terrestres.

En el momento en que la flota se aleja hacia el Pacífico o el Índico, el riesgo de perder el rastro de un aparato accidentado aumenta de forma exponencial. Esta debilidad se hace más patente al compararla con las capacidades de sus rivales. Estados Unidos demostró su pericia en 2022 al recuperar un F-35C que se había estrellado en el Mar de China Meridional a una profundidad de casi 3.800 metros. Aquella operación funcionó como un mensaje directo: Washington puede rescatar sus secretos del fondo del mar, mientras que Pekín se arriesga a que su tecnología acabe en manos de ingenieros extranjeros.

El problema para el Ejecutivo chino no reside únicamente en el coste económico de perder un avión de última generación. El verdadero temor se centra en la seguridad nacional. Si un caza de la serie J cae en aguas disputadas y la Marina no logra extraerlo con celeridad, cualquier potencia con mejores equipos de rescate podría hacerse con los restos.

El espionaje submarino constituye una realidad constante en el tablero internacional. Un avión hundido representa un tesoro de información sobre radares, materiales furtivos y sistemas de armamento. Por este motivo, Pekín ha iniciado una inversión en nuevos buques de apoyo y tecnologías de exploración abisal. No obstante, la curva de aprendizaje es lenta y exige una doctrina de rescate que no se construye de la noche a la mañana. En este punto, el fondo del mar sigue siendo el punto ciego de una Armada que aspira a dominar los océanos, pero que todavía teme la presión de las profundidades.

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