Los aviones de combate y los drones de Estados Unidos podrán colabora en la lucha aérea. El objetivo es arrinconar a China
La Fuerza Aérea de Estados Unidos revoluciona la guerra aérea tras lograr que un caza F-22 Raptor controle en tiempo real a un dron autónomo. Este hito en California consolida el uso de inteligencia artificial
El futuro del combate aéreo ha dejado de ser una quimera de ciencia ficción para convertirse en una realidad técnica que redefine las reglas del juego para las potencias aliadas, incluida España. Un caza de quinta generación F-22 Raptor ha logrado tomar el mando táctico de un dron MQ-20 Avenger en pleno vuelo, demostrando que la integración de aeronaves no tripuladas en misiones complejas es ya plenamente operativa. Mientras el Ejército del Aire y del Espacio estudia cómo evolucionar sus capacidades, este hito marca el camino de la guerra aérea inmediata: un piloto coordinando una «jauría» de drones autónomos desde su cabina. Este despliegue de tecnología punta coincide con el momento en que el caza de combate F-22 Raptor recibe una importante actualización focalizada en contrarrestar las amenazas de los aviones chinos.
Según informes técnicos de General Atomics, las pruebas realizadas en la Base de la Fuerza Aérea Edwards han validado el uso del software de referencia del gobierno estadounidense para el combate autónomo. Durante el ejercicio, el piloto del F-22 actuó como comandante de la misión, enviando órdenes en tiempo real que el dron ejecutó con total independencia. La aeronave no tripulada fue capaz de realizar patrullas aéreas de combate, modificar puntos de referencia y ejecutar simulacros de enfrentamiento contra amenazas basándose exclusivamente en la información captada por sus propios sensores de a bordo.
Los F-22 Raptor y los drones ahora podrán colaborar en combate
La arquitectura técnica que ha permitido este avance, denominada A-GRA, fue validada por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos con el objetivo de ser compatible con distintos proveedores de defensa. David R. Alexander, presidente de la compañía responsable, ha destacado que esta prueba demuestra la capacidad de la autonomía para tomar decisiones independientes bajo la supervisión humana. Estos avances se complementan con el reciente éxito del modelo YFQ-42A, apodado «Dark Merlin», que completó un vuelo de más de cuatro horas para validar la ejecución del software Sidekick, destinado a simplificar la comunicación entre hombre y máquina. La carrera no se detiene en el combate puro, pues la industria sigue innovando y recientemente Boeing enseña su nuevo dron gigante que funciona con luz solar, ampliando el horizonte de las aeronaves no tripuladas.
When Air Superiority Meets Beauty!🔥
— Chauhan (@Platypuss_10) February 13, 2026
Beast F-22 Raptor pic.twitter.com/qfZysFT6YN
Este despliegue se enmarca en el ambicioso programa CCA, una estrategia que busca convertir a los drones en multiplicadores de fuerza para los cazas tripulados. El éxito del MQ-20 supone un aviso para navegantes en el panorama de la defensa europea y española: la superioridad aérea ya no depende solo de la pericia individual del piloto, sino de su capacidad para gestionar sistemas inteligentes en red. La integración en operaciones aliadas es vital, como se demostró cuando los aviones F-18 españoles han tenido una importante misión al escoltar a bombarderos estratégicos, evidenciando la necesidad de interoperabilidad.
España y sus socios continentales se encuentran ante el espejo de una tecnología que delega las tareas de mayor riesgo y fatiga en las máquinas. La carrera por la soberanía tecnológica aérea ha entrado en una fase crítica donde el mando estratégico seguirá siendo humano, pero el brazo ejecutor será, inevitablemente, un algoritmo capaz de maniobrar a velocidades que la biología no puede alcanzar.