Una base de submarinos nucleares británicos podría utilizar tecnología china: ha empezado el miedo por una brecha de seguridad
La seguridad de la flota de submarinos nucleares del Reino Unido queda en entredicho por la posible construcción en China de sus nuevos remolcadores, una polémica decisión que antepone el ahorro a la soberanía industrial
El malestar en la industria naval británica es profundo. Astilleros con una capacidad más que demostrada para asumir encargos de alta complejidad, como es el caso de Ferguson Marine, han visto cómo se les dejaba al margen de un proyecto estratégico para la defensa del Reino Unido. La razón no es otra que la construcción de los nuevos remolcadores destinados a la base de submarinos nucleares de Faslane, en Escocia.
De hecho, el nudo gordiano de la cuestión reside en una cláusula contractual que ha permitido a la empresa de servicios Serco, adjudicataria de un acuerdo con la Royal Navy valorado en unos 1.180 millones de euros, subcontratar la fabricación de las 24 embarcaciones sin necesidad de un concurso público en territorio británico. Esta circunstancia ha dejado fuera de juego a la industria local.
Una amenaza en el corazón de la defensa nuclear
En este marco, Serco ha derivado el encargo a la compañía holandesa Damen, un gigante de la construcción naval conocido por recurrir a sus astilleros en países como China o Vietnam para abaratar la producción. Se trata de una práctica empresarial habitual que, en este caso, ha hecho saltar todas las alarmas por sus implicaciones, tal y como han publicado en The Daily Records, debido a la externalización a astilleros asiáticos de un contrato de esta naturaleza.
HMS Anson, an Astute class nuclear submarine, has been rolled out of the build hall today in Barrow-in-Furness. pic.twitter.com/yiIwobxM3f
— George Allison (@geoallison) April 19, 2021
Por ello, la polémica ha trascendido lo meramente industrial para instalarse de lleno en el debate político. Voces como la del parlamentario escocés Paul Sweeney ya han denunciado públicamente una peligrosa inversión de prioridades, donde se antepone el ahorro económico a la protección de la soberanía industrial y, sobre todo, a la seguridad del Estado.
El revuelo generado no es para menos. No se trata de unas embarcaciones cualquiera, pues su misión es de una sensibilidad extrema: su cometido será maniobrar los submarinos nucleares británicos y otros buques de guerra en la base de Faslane, el epicentro del programa de disuasión nuclear del país. La posibilidad de que equipos construidos en China operen en un entorno tan crítico ha desatado una preocupación mayúscula.
Esta situación resulta paradójica si se considera que el propio Reino Unido está a la vanguardia en el desarrollo de nueva tecnología naval, donde los submarinos no tripulados operados a distancia ya son una realidad.
En definitiva, la compleja cadena de subcontrataciones ha abierto una brecha de seguridad potencial en uno de los puntos más protegidos del Reino Unido, provocando una considerable tormenta política. El debate ahora se centra en cómo equilibrar la eficiencia económica en los contratos de defensa con la imperiosa necesidad de proteger tanto el tejido industrial estratégico como los secretos militares del país.