Los robots blandos más inteligentes se abren camino gracias a este nuevo sistema motor artificial

Los investigadores crearon un sistema simplificado en el que los motores interactúan únicamente mediante un breve contacto mecánico dentro de una geometría cuidadosamente diseñada

Los robots blandos más inteligentes se abren camino gracias a este nuevo sistema motor artificial
Pequeños motores eléctricos combinados | Imagen de la Universidad de Bristol
Publicado en Robótica

Investigadores de la Universidad de Bristol han creado una red de motores mecánicos sencillos que reproduce la forma en que los músculos humanos responden al aumento de la carga. Construido con pequeños motores eléctricos, piezas impresas en 3D y componentes acrílicos, el sistema imita la acción coordinada de la actomiosina, la maquinaria modular responsable de la contracción muscular.

La red, aunque simple, reproduce una característica clave de los músculos reales: la capacidad de reclutar «motores» adicionales a medida que aumenta la demanda. Este avance ofrece una nueva perspectiva sobre el comportamiento colectivo en los sistemas biológicos y podría allanar el camino para el desarrollo de músculos artificiales más eficientes y adaptables en la robótica de próxima generación y en las máquinas bioinspiradas.

Para el estudio liderado por la Universidad de Bristol, y publicado en la revista Journal of the Royal Society Interface, los investigadores crearon un sistema simplificado en el que los motores interactúan únicamente mediante un breve contacto mecánico dentro de una geometría cuidadosamente diseñada. Para poner a prueba la teoría, construyeron un modelo experimental de sobremesa utilizando pequeños motores eléctricos dispuestos como proteínas musculares reales.

El hallazgo podría influir en futuras investigaciones tanto en biología como en ingeniería

Durante el experimento, el dispositivo se «autoorganizó» en ondas de movimiento coordinadas que se desplazaban entre sí y se adaptó automáticamente a medida que aumentaba la carga mecánica, al igual que los músculos humanos. La demostración física se construyó utilizando pequeños motores eléctricos combinados con componentes de plástico personalizados impresos en 3D y acrílico cortado con láser.

Para sorpresa de los investigadores, el sistema reprodujo los comportamientos colectivos similares observados en la mecánica de los músculos reales. El Dr. Hermes Bloomfield-Gadêlha, líder del equipo de investigación y profesor titular de Matemáticas Aplicadas y Modelado de Datos en la Universidad de Bristol, explicó:

"Los motores no se comunican directamente entre sí. Cada uno ejerce presión sobre una estructura central compartida, lo que modifica la percepción de los demás. Con el tiempo, esta retroalimentación hace que adopten patrones coordinados de forma autónoma, algo similar a la sincronización de las remadas de los remeros o a la sincronización clásica de los relojes de péndulo".

Los resultados sugieren que la coordinación similar a la muscular puede surgir no solo de procesos bioquímicos, sino también de la arquictectura física subyacente del sistema. Este hallazgo podría influir en futuras investigaciones tanto en biología como en ingeniería. En robótica blanda, estos principios podrían ayudar a los ingenieros a diseñar músculos artificiales adaptativos que se organicen de forma natural, en lugar de depender de sistemas de control complejos.

"Desde el punto de vista de la ingeniería, nos interesa saber si estas ideas podrían ayudar a diseñar músculos artificiales o sistemas robóticos blandos que se adapten automáticamente", añadió el Dr. Bloomfield-Gadêlha. Desde una perspectiva biológica, esto también plantea interrogantes sobre cuánto del comportamiento muscular depende de la química motora y cuánto de la organización del sistema.

El proyecto fue desarrollado en el Laboratorio de Polímatas y Robótica Blanda de Bristol, con el Dr. Benjamin Warmington llevando a cabo el trabajo como parte de su investigación doctoral, combinando el modelado matemático con la construcción física, bajo la supervisión del profesor Jonathan Rossiter y el Dr. Hermes Bloomfield-Gadêlha.

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