Ir por la calle a menudo se convierte en toda una complicada misión por culpa de los numerosos excrementos de perro que hay en la misma. Aunque cada vez son más los dueños que van acompañados de bolsitas para recogerlos, muchos siguen sin depositarlas en el lugar correcto, por lo que Brian Harper ha tenido una genial idea al respecto.

Los excrementos dejan de ser un problema para pasar a ser una solución

Deja de pensar en las cacas como un inconveniente y empieza a pensar en ellas como todo un beneficio para el medio ambiente, porque en eso consiste el proyecto de ese inventor británico al que, seguramente, aún no conozcas.

Los excrementos de perro optan a convertirse en una fuente de energía muy interesante, que, por el momento, ya facilita el alumbrado de farolas en Reino Unido. Parece que, en el futuro, podrás olvidarte de lo molesto que resulta pisar una de estas cacas y agradecerás su colaboración para iluminar las calles por las que circulas.

Una idea muy escatológica

La idea de la que te hablamos en este artículo viene desarrollándose desde hace más de 7 años, como deja constancia esta noticia de ABC publicada en 2010. En la misma, era la empresa Park Spark la encargada de realizarla y de probarla en el parque de Cambridge, Massachusetts (EE.UU.).

Al igual que el proyecto de Brian Harper, Park Spark se encargaba de procesar el metano para generar luz y metano. Sin embargo, hay una diferencia muy importante entre ambos trabajos: el de Park Spark no fue capaz de crear la energía suficiente como para darle luz a farolas.

El alumbrado público puede ser el destino de los excrementos de perro. Frenchiemania

Brian Harper es un ciudadano británico que se cansó de encontrar las bolsas con los excrementos tiradas a los lados de las calles, por lo que decidió cambiarlo. La materia orgánica es aprovechada desde hace siglos para producir gas inflamable, y Harper lo ha utilizado para acabar con este problema.

The Guardian es el diario que se ha encargado de reportar el interesante trabajo de este inventor. La idea es bastante sencilla y solo necesita la colaboración de todos para funcionar favoreciendo la conservación del medio ambiente:

Tras pasear al perro se deposita el producto en un compartimento y se gira una manivela. Una serie de microorganismos descompone el contenido en un digestor anaerobio para producir metano con el que alimentar las farolas.

Como ves, el proceso no tiene complicación alguna. Brian Harper pretende que los dueños de los perros dejen de tirar las bolsas con los excrementos en las aceras y pasen a hacerlo en unos pequeños contenedores destinados a la causa.

Excrementos ya valiosos en Reino Unido

Brian Harper lleva ya 3 años desarrollando este curioso proyecto, y su trabajo comienza a tener recompensa. Si este inventor pasea por Malvern Hills, un distrito de Reino Unido, podrá comprobar cómo su esfuerzo ha valido la pena. Los excrementos de perro ya iluminan las calles de esta zona, según informa Cordis.

La colaboración de los ciudadanos es clave en este proceso, ya que dos bolsas de excrementos se traducen en dos horas de luz de una farola de gas, tal y como explica IFLScience. El suelo lo agradecerá y el consumo de electricidad también se reducirá un poco en cada municipio.

Las cacas de perro dejarán de ser un problema en las calles gracias a esta idea. Pakistan Defence

Sabemos que implantar esta forma de crear energía es una tarea lenta y complicada, pero su utilidad está ya confirmada, aunque sea para pequeñas localidades. Y no creas que la combustión de excrementos de perros sirve solo para iluminar las calles, se emplea para diversas funciones más.

En Waterloo, una pequeña ciudad de Ontario (Canadá), las autoridades piden a los dueños de los perros que depositen los excrementos en pequeños contenedores. Después, estos son llevados hasta grandes plantas donde son convertidos en metano y, más tarde, en electricidad.

Ya son numerosos proyectos los que trabajan en crear energía a partir de excrementos

Este trabajo no solo sirve para generar la energía suficiente para 13 hogares en Waterloo, sino que también permite la desaparición de 630 kilos de CO2 de la atmósfera. Ideal, ¿no?

Algo similar sucedió en otra empresa de Reino Unido llamada GENeco, subsidiaria de Wessex Water. Esta misma utilizó excrementos humanos para generar energía para un VW Beetle que había sido modificado anteriormente. El coche tenía una autonomía de unos 300 kilómetros y fue probado con éxito entre diferentes recorridos.

Como ves, los excrementos se han convertido en unos residuos aprovechables para crear energía. Además, permite reducir la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, un dato muy positivo si tenemos en cuenta que la contaminación puede matarte.