A veces, cuando leo ciertas noticias acerca de grandes compañías, me parece que o los usuarios somos un tanto palurdos o es que estas empresas se pasan de listas con nosotros. No puede ser que estemos renunciando, en una época de corrupción y falta de valores, a nuestra privacidad por unos míseros euros, o dólares. Cuando acabes de leer la noticia, si te parece, puedes dejarnos tus comentarios en nuestras redes sociales.

Un café a cambio de mis parámetros biométricos

Hace poco tiempo, desde la redacción de este artículo, he podido leer cómo ciertos empleados de Google están desarrollando una táctica de entrenamiento de una nueva tecnología un tanto peculiar. Gracias a la información que hemos podido obtener a través del medio de comunicación digital ZDNet, sabemos que trabajadores de la compañía de Mountain View están circulando por grandes ciudades de Estados Unidos preguntando a la gente si quieren participar en la consecución de un mejor reconocimiento facial para la próxima generación de teléfonos móviles. ¿Te extraña? Esto no es lo único raro.

Google quiere comprar caras por tarjetas regalo. Unsplash
¿De verdad estamos en manos de las grandes corporaciones?

Según las declaraciones de un amigo del redactor de la noticia, estas personas se aproximan a la gente para, durante al menos cinco minutos, tomar distintas fotografías de su cara en distintos ángulos. Las personas firman su consentimiento, evidentemente casi nadie se lee el documento completo, y su recompensa es una tarjeta de regalo, tanto para utilizar en un Starbucks o en Amazon, con un valor de cinco dólares. Tu cara a cambio de un caro, y pocho, café. Está claro que todos tenemos media vida en manos de estas compañías, pero vender tus datos a cambio de, prácticamente, nada es aterrador. La persona que narraba esta experiencia asegura que:

Google, básicamente, ya tiene mi vida entera en sus servidores. Eliminar a Google de mi vida no va a ocurrir desde un punto de vista práctico. Realmente no me preocupa la privacidad de los datos, porque creo que todo es, en realidad, una ilusión.