Casi diariamente se lanzan nuevos satélites a la órbita terrestre. Algunos de ellos, una vez quedan inútiles, son redireccionados hacia el cementerio de satélites situado en el Océano Pacífico o bien se envían hacia una órbita especial donde se acumulan estos satélites que o bien no tienen más energía, o bien están esperando a ser reutilizados; pero otro tantos nunca bajan ni son redireccionados, sino que se quedan en órbita de forma casi permanente. Por ello, estamos comenzando a tener problemas con esta "basura cósmica" que nos orbita.

De hecho, cada vez es más difícil poner cuerpos en órbita precisamente por esto. Ahora mismo hay aproximadamente unos 2000 satélites en órbita funcionando; no obstante, hay otros 3000 que también están en órbita, pero sin vida. Así que sí: hay más basura espacial creada por humanos que satélites en funcionamiento. Pero aún hay más; si contamos todos los cuerpos de más de 10 centímetros que giran en torno a la Tierra podemos llegar a contar hasta 34 000 cuerpos.

Hay más satélites "muertos" en órbita que los que realmente funcionan

En realidad, no debemos preocuparnos por que nos caiga un satélite en la cabeza, puesto la mayoría de ellos, debido a que se trata de reentradas a la atmósfera no calculadas, se quemarán y convertirán en pedazos. Y si no, hay grandes probabilidades de que acabe en el océano; al fin y al cabo, el agua ocupa una superficie de la Tierra hasta en un 70%. A pesar de que no es un problema para nosotros, sí que lo podría ser para los satélites que a día de hoy están allí arriba. Una pequeña colisión podría destrozar literalmente un satélite, ocasionando aún más residuos, provocando finalmente un efecto dominó.

La saturación en el espacio cercano a la Tierra es tan alta que incluso algunos satélites chocan entre sí de forma eventual. Ocurrió por primera vez en 2009, cuando chocó un satélite estadounidense con uno ruso, desprendiéndose en torno a 2000 objetos de más de 14 centímetros. Y este mismo caso hemos tenido un segundo accidente espacial entre dos satélites inutilizados. A esto también tenemos que añadir pruebas como las chinas con las que han enviado misiles para destruir satélites al completo, liberando aún más piezas de estas.

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Japón quiere deshacerse de la basura espacial empujándola con un láser

Pero aquí llega Japón con una posible solución. La idea de JSAT, una agencia aeroespacial privada del país asiático es precisamente empujar esta basura espacial hacia la Tierra mediante un láser disparado desde otro satélite. La idea no es que el láser mueva los satélite inutilizados per se, sino los gases generados por el haz de luz al derretir una pequeña parte del satélite objetivo.

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En teoría, este pequeño movimiento podría ser suficiente como para sacar a estos gigantescos –o no tanto– cuerpos de su órbita, provocando que entren en la atmósfera terrestre y, como comentábamos antes, que se desintegren en el proceso debido a que no se trata de una reentrada controlada.

El satélite estará orbitando en torno a 560 a 970 kilómetros de la Tierra y tendrá un peso estimado de entre 270 y 320 kilogramos. Esto le permitiría alcanzar hasta 170 millones de pequeñas piezas que actualmente están orbitando nuestro planeta. La gran mayoría de estas piezas son pequeños objetos de menos de 10 centímetros. No obstante, no por ello dejan de ser peligrosos.

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Sin embargo, esta no es la primera vez que se plantea una solución a este problema, que cada vez es más importante. Anteriormente ya se había propuesto recoger este tipo de residuos mediante una red, como si de una piscina espacial se tratase. Tampoco es la primera vez que se plantea el uso de satélites para eliminar la basura espacial. Anteriormente tanto Rusia como Australia han planteado métodos que implican su uso para limpiar la atmósfera exterior.

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