La NASA roza la barrera del sonido con su avión silencioso: el X-59 alcanza los 1.234 km/h en Mojave
La agencia espacial estadounidense completa una fase crítica de pruebas con su aeronave experimental diseñada para suprimir el estruendo sónico. El prototipo roza la velocidad Mach 1 en el desierto de Mojave
El sueño de volar de Nueva York a Londres en apenas tres horas está un paso más cerca de convertirse en realidad. La NASA llevó al límite a su avión experimental X-59, una aeronave que promete revolucionar el transporte de pasajeros al eliminar el ensordecedor ruido que acompaña a los aparatos al romper la barrera del sonido.
Durante una reciente serie de vuelos sobre el desierto de Mojave, en California, el prototipo alcanzó la velocidad de Mach 0,98, lo que equivale a unos 1.234 kilómetros por hora. Este hito marca un punto de inflexión en la campaña de pruebas, un proceso técnico donde los pilotos empujan la máquina más allá de sus límites para definir unos márgenes de operación seguros.
Para comprobar la resistencia estructural y el comportamiento aerodinámico del aparato, los pilotos no se limitaron a volar en línea recta. Según detalla el portal especializado Interesting Engineering, la agencia espacial ejecutó maniobras de alto estrés como la montaña rusa, que consiste en elevar y descender bruscamente el morro del avión para caracterizar la estabilidad del vehículo en condiciones extremas.
A ello se sumó la llamada excitación de aleteo. Esta técnica introduce vibraciones deliberadas en la estructura durante el vuelo para garantizar que los materiales soportan la tensión sin comprometer la seguridad. También se realizaron ejercicios de balanceo, inclinando las alas de un extremo a otro para medir la respuesta de los controles.
El secreto del diseño aerodinámico
El diseño del X-59, construido en colaboración con Lockheed Martin, rompe con la estética tradicional de los cazas militares. La aeronave mide algo más de 30 metros de largo, pero lo que realmente llama la atención es su afilado morro en forma de aguja, que acapara casi un tercio de la longitud total del fuselaje.
Esta peculiar fisonomía constituye la clave del proyecto Quesst. Su función principal es dispersar las ondas de presión para evitar que se fusionen, de modo que transforma el explosivo estampido sónico en un leve y sordo golpe, similar al sonido de un trueno lejano.
El fin de una prohibición histórica
Desde el año 1973, la Administración Federal de Aviación estadounidense mantiene un veto estricto que prohíbe los vuelos supersónicos comerciales sobre tierra firme debido a las molestias ciudadanas y los daños materiales que provocaban las ondas de choque. El legendario Concorde, por ejemplo, solo podía acelerar al máximo cuando sobrevolaba el océano.
El objetivo final de esta misión pasa por recopilar datos sobre la respuesta humana al ruido atenuado. Una vez que el X-59 supere la barrera del sonido y alcance su velocidad crucero prevista, la NASA sobrevolará varias ciudades estadounidenses para encuestar a la población. Si los resultados acompañan, los reguladores internacionales podrían levantar la prohibición vigente desde hace medio siglo.