La NASA completa el segundo vuelo de su avión supersónico silencioso que revolucionará la aviación comercial
La agencia espacial estadounidense culmina con éxito el segundo despegue de su aeronave experimental X-59, un prototipo diseñado para romper la barrera del sonido sin generar el habitual estruendo acústico, lo que allana el camino
El anhelo de cruzar continentes en una fracción del tiempo habitual sin alterar la tranquilidad de las ciudades está cada vez más cerca de materializarse. La NASA completó este martes el segundo vuelo de prueba de su avión X-59, una aeronave experimental que aspira a modificar las restrictivas normativas de la aviación supersónica. Este hito marca el inicio de una fase crítica donde los diseños teóricos se enfrentan a la realidad operativa de los cielos.
Las operaciones de despegue y aterrizaje se desarrollaron en las pistas de la Base de la Fuerza Aérea Edwards, un escenario histórico para la aviación estadounidense. El piloto de pruebas Jim Less tomó los mandos del aparato, asumiendo la responsabilidad de elevar las exigencias técnicas. Durante toda la misión, su compañero Nils Larson supervisó cada maniobra desde un caza F/A-18 de seguimiento para garantizar la máxima seguridad.
Aunque la misión tuvo que acortarse de forma imprevista por un problema técnico menor, los ingenieros de la agencia lograron recopilar datos fundamentales para el desarrollo del proyecto. Según detalla el portal especializado Interesting Engineering, este tipo de contratiempos resultan habituales en los programas de investigación, donde cada despegue aporta lecciones vitales para pulir el diseño definitivo.
El fin del estruendo sónico
El principal obstáculo histórico para la viabilidad de los vuelos supersónicos comerciales radicaba en el violento estampido que se produce al superar la velocidad del sonido. Este ruido disruptivo motivó las estrictas prohibiciones vigentes para sobrevolar zonas pobladas. Para sortear este escollo, el programa Quesst de la agencia espacial busca transformar la explosión sónica en un suave latido, un sonido que apenas percibirán las personas en tierra firme.
El prototipo cuenta con unas dimensiones imponentes de casi 30 metros de largo por 9 de ancho. Su diseño aerodinámico vanguardista resulta clave para manipular las ondas de choque del aire y evitar que se fusionen en el temido estampido sónico que condenó a modelos predecesores como el Concorde.
Al límite de la velocidad y la altura
Esta nueva etapa de ensayos inaugura la denominada expansión de la envolvente de vuelo. Se trata de un proceso metódico donde el equipo técnico empujará lentamente el avión hacia cotas más altas y velocidades superiores, comprobando la respuesta de los controles y el rendimiento general en cada fase del proceso.
El objetivo final pasa por alcanzar una velocidad de crucero sostenida de Mach 1.4, lo que equivale a unos 1.488 kilómetros por hora. A este ritmo, las distancias intercontinentales se reducirían drásticamente. Para lograr esta hazaña con las máximas garantías operativas, la aeronave está diseñada para volar a una altitud prevista de 55.000 pies, situándose muy por encima de las rutas comerciales convencionales.
Los técnicos someterán al aparato a decenas de pruebas exhaustivas durante todo el año 2026. El camino hacia la resurrección de los vuelos supersónicos de pasajeros exige un enorme rigor científico, pero cada ensayo acerca a la industria a una nueva era de viajes ultrarrápidos.