Casi todo el mundo tiene móvil. Además, si repasamos el grueso de la población vemos que es una tendencia que ha llegado para quedarse: mientras que las personas mayores apenas pueden desenvolverse y los adultos de mediana edad saben realizar tareas básicas, conforme vamos descendiendo la franja de edad el manejo del teléfono y el tiempo que pasamos con él aumentan.

Tanto es así que entre la población adolescente se estima que dedican semanas al año solo usando su móvil. De este modo, no es de extrañar que sus efectos en la salud preocupen.

El problema es que los smartphones tal y como los conocemos llevan menos de una década con nosotros: todo comenzó con el iPhone original allá por el 2007.

Estas sospechas sobre los potenciales peligros para la salud extienden también a la señal Wi-Fi, sin embargo no será hasta dentro de unas décadas que podamos ver sus efectos reales en el organismo. Por el momento, ya sabemos que en poco más de un lustro ya han cambiado algunas cosas de nuestro cuerpo.

Allá por el 2009, un profesor de la Universidad de California Berkeley aseguró que no deberíamos llevar nuestros móviles en el bolsillo ni dejarlo en la mesita de noche mientras dormimos… es más, ni siquiera dejarlo cerca, según narra Phone Arena. ¿Paranoia o llevaba algo de razón?

El nombre del profesor es Joel Moskowitz y en su opinión, el departamento de salud de California estaba infravalorando los potenciales peligros de la radiación del móvil, por ello no dudó en demandarles al considerar que no estaba haciendo todo lo posible para proteger a la población.

El año pasado salió la sentencia del juicio dándole la razón, por lo que la administración tuvo que actualizar sus guías sobre emisiones de radiaciones. De hecho, la doctora Karen Smith, portavoz del departamento de salud del estado estadounidense declaró:

Reconocemos que hay mucha gente preocupada por sus móviles y si su uso es peligroso. Una recomendación: cuando duermas, deja tu móvil al menos a una longitud igual a la de tu brazo. Y no lo lleves en el bolsillo ni en el bolso, si es posible no lo lleves contigo.

La pregunta del millón es: Si no podemos llevar el móvil con nosotros, ¿entonces para qué sirve? Aunque bueno, si contamos con esa distancia de seguridad de un brazo de longitud, quizás podamos llevarlo en el coche y luego dejarlo cerca, pero no a nuestro lado.

Más vale pecar de precavidos y mantener nuestro móvil lo más alejado posible de nosotros

Así que para evitar juicios futuros o simplemente proteger ferozmente a la población, esta vez el departamento de salud ha asegurado que hay estudios que demuestran la relación entre el uso o la exposición prolongada del móvil y el aumento de las posibilidades de tener dolor de cabeza, tumores, baja cantidad de esperma, pérdida de audición, alteración de los patrones de sueño, lagunas mentales…

En la propia guía se detalla que no existen pruebas claras y taxativas sobre ello, entre otras cosas porque aún no ha habido tiempo para evaluar sus consecuencias a medio y largo plazo. Por ello, muchos expertos aseguran que se trata de unas guías algo alarmistas y llaman a la calma.

Y es que, guste o no, en ciencia hay un trecho entre la probabilidad y la seguridad, sirva como ejemplo el cáncer y la clasificación estándar la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, donde distingue sustancias de ser probablemente cancerígena de las que son potencialmente cancerígenas, como explican en GreenFacts.

En todo caso, recordemos que algo parecido sucedió con el tabaco, en el que además las grandes tabacaleras lucharon durante décadas para ocultar las nefastas consecuencias de fumar para el organismo echando por tierra incluso estudios científicos, un tema apasionante que llegó a la gran pantalla con la película Thank You for Smoking.

Por ello, más vale prevenir que curar y la información es la mejor manera de estar alerta. Así que ya sabes: preservar tu salud puede estar a la distancia que marca la longitud de tus brazos. Y por supuesto, usa tu móvil con cabeza.