Tan solo un pequeño puñado de organizaciones han llegado a la Luna a día de hoy, y todas son gubernamentales: Estados Unidos, Rusia, Japón, China, Europa e incluso la India han enviado aparatos a nuestro satélite natural. Pero hasta ahora, ninguna empresa privada lo ha hecho, ni siquiera SpaceX, la compañía de Elon Musk que quiere establecer una base permanente en Marte –y que ya está enviando astronautas al espacio–.

No obstante, el próximo año podríamos presenciar el momento en que esto ocurra. Se trata de una compañía aeroespacial relativamente pequeña y poco conocida que quiere ponerse en el mapa enviando satélites a la Luna –y en el futuro, aún más allá–. Se trata de Rocket Lab, una compañía de Nueva Zelanda que ya ha enviado pequeños satélites a la órbita terrestre baja, un total de 53 hasta el momento, habiendo supuesto todo un éxito. No obstante, la iniciativa no es propia, sino por contrato con la NASA: esta paga y desarrolla el satélite, pero será la compañía privada quien lance el satélite.

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La empresa ha diseñado un cohete desechable propio de dos etapas: Electron Rocket, capaz de transportar en su interior al Photon spacecraft capaz de transportar cargas útiles de más de 130 kg; de hecho, una de sus próximas misiones –antes de enviar un satélite a la Luna– es poner siete satélites en la órbita terrestre baja de una sola ocasión.

A pesar de que la fundación de la empresa sucedió en 2006, no fue hasta 2016 cuando consiguieron la certificación de vuelo para este cohete, lanzando el primero en 2017 y realizando los primeros encargos comerciales en 2018. Pero el objetivo de Rocket Lab no es ni por asomo similar al de otras compañías aeroespaciales que pretenden explorar el espacio, sino que su misión es exclusivamente lanzar pequeños satélites (CubeSats) a un precio aproximado de 6 millones de dólares.

Un pequeño satélite en la misma órbita que la futura base orbital de la NASA en la Luna

La misión consistirá en lanzar el cohete desde la nueva base de la compañía en Virginia. Una vez se haya desplegado el Photon, este irá ampliando su órbita con respecto a la Tierra para coger impulso durante ocho o diez días hasta llegar el punto deseado desde donde activar sus motores y dirigirse a la Luna.

CAPSTONE pretende captar datos para la futura misión Gateway de la NASA

Una vez en los alrededores de la Luna orbitará idealmente en una órbita de halo alrededor de esta, acerándose a esta a tan solo unos 1600 km en el punto más cercano, y 70 000 km en el punto más lejano; esta es la misma órbita que la NASA prevé usar para el sustituto de la Estación Espacial Internacional, una base permanente que orbitará la Luna y que servirá como punto de salida para eventuales misiones hacia Marte. De hecho, la misión CAPSTONE de Rocket Lach pretende recoger datos para esta futura misión de la NASA.

Pero enviar pequeños satélites a la Luna no es el único objetivo de esta ambiciosa compañía. De hecho, pretenden demostrar que son capaces de usar su vehículo espacial Photon para llegar incluso más lejos de la Luna. Así, una vez el CubeStat se despliegue del vehículo Photon, Rocket Lab planea no desperdiciar al Photon, sino que pretenden aprovechar esa misma misión para demostrar que son capaces de ello: lo enviarán hasta una trayectoria interplanetaria.

A pesar de que el cohete es desechable, la intención que se pueda recuperar la primera etapa y volver a usar

A largo plazo, Rocket Lab pretende ser capaz de enviar pequeños satélites no solo a la Luna, sino también a Marte e incluso Venus. Y, de acuerdo con sus ingenieros, tan solo hace falta realizar pequeñas modificaciones en su cohete para lograrlo. «Una vez que encontremos como llegar hasta la Luna, entonces abriremos las posibilidades a un puñado de lugares [hacia donde enviar cohetes]», explica Amanda Stiles, Jefa del programa lunar de Rocket Lab.

Para ello, una de las claves de Rocket Lab ha sido la fabricación de los cohetes: es capaz de fabricar muchas de las partes del cohete mediante impresoras 3D y en tiempo récord: Su robot de fabricación apodado como ‘Rosie the Robot’ es capaz de fabricar todas las piezas de carbono necesarias para un cohete en apenas 12 horas.

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No obstante, Rocket Lab no es la única compañía privada con este fin: Virgin Orbit –la división aeroespacial del grupo Virgin– pretende también lanzar pequeños satélites, pero en este caso un poco más lejos, a Marte. Proablemente durante esta nueva década en la que vamos a entrar sea muy interesante en cuanto a exploración espacial, y las compañías privadas tendrán mucho más importancia que antes. De hecho, se cree que la nueva carrera espacial sea desarrollada por la industria privada, y no por los estados.