Los drones han protagonizado noticias más bien negativas durante las últimas semanas, siendo causantes del cierre temporal de varios aeropuertos como el de Newark, en Estados Unidos. Sin embargo, no es justo que tengamos una mala imagen de estas pequeñas aeronaves que tanto están ayudando en las islas Galápagos.

Esta zona del Océano Pacífico está sufriendo una temporada complicada por culpa de una invasión de ratas que amenaza la existencia de especies de gran valor. Afortunadamente, los drones han resultado ser la solución ideal para acabar cuanto antes con esa peligrosa invasión.

El precio y la rapidez como ventajas de los drones

La presencia de las ratas ha crecido de forma increíble en las islas Galápagos, un inconveniente muy importante si tenemos en cuenta que la zona cuenta con una fauna de especial interés. La situación de la Isla Seymour norte y el islote Mosquera es tal que las autoridades han declarado el estado de emergencia.

Las actividades de monitorización a principios de 2018 revelaron que el norte de la Isla Seymour estaba infestado con ratas marrones y negras. Gracias a la declaración del estado de emergencia, la Dirección del Parque Nacional Galápagos tuvo acceso a una suma de dinero procedente del Fondo para Inversiones Ambientales Sostenibles (FIAS).

Ese dinero fue empleado en la producción de 3.000 kilos de raticida para acabar con la invasión, aunque había que tener especial cuidado al colocarlos en las islas debido a que estas cuentan con unas condiciones climáticas muy especiales.

Los drones son la mejor solución contra la invasión de ratas en las islas Galápagos. Island Conservation

Desde Island Conservation idearon cómo la tecnología podía ser la mejor solución en forma de drones. Las dos especies de ratas que invaden la isla se reproducen con facilidad y se alimentan de los animales y plantas allí presentes, por lo que las medidas contra la invasión tenían que ser rápidas y certeras.

Parte del raticida producido ha sido colocado por la isla de forma manual, dejando el resto para ser extendido por drones creados a través de la impresión en 3D. Anteriormente, en otros proyectos similares se habían utilizado helicópteros para realizar la misma tarea, pero resultaron ser más caros y más lentos que las pequeñas aeronaves.

La lejanía de las islas Galápagos, situadas en una posición remota, provocaba que tanto el helicóptero como su piloto tuviesen que llevados hasta allí en un barco antes de comenzar con la operación. Todos estos aspectos facilitaron que fuesen los drones los elegidos para erradicar la plaga, por lo que comenzaron con la tarea a principios de este 2019.

Drones para acabar con la invasión de ratas

La precisión en la colocación que permiten los drones han sido otro de los pros que han jugado a su favor. Los expertos han podido colocar el raticida justo en las zonas de la Isla Seymour que deseaban, evitando así afectar a otros lugares que no tenían la misma situación.

Solo dos drones han sido necesarios para extender el veneno, ya que tienen la capacidad de transportar 20 kg de raticida durante trayectos de 15 minutos. Ese producto ha sido preparado por Bell Labs, que ha utilizado la fórmula perfecta para que la sustancia sea eficaz pese a las condiciones climatológicas extremas.

Según ha explicado Island Conversation, la idea es volver a colocar el veneno una vez más antes de analizar durante dos años el efecto que este ha tenido en las ratas de la isla. "El uso de drones es mucho más preciso. Además, incrementa la factibilidad y reduce los costos de este tipo de operaciones", ha explicado su director Karl Campbell.

El piquero patiazul era una de las especies en peligro por la invasión de ratas. Island Conservation

La colocación de esta segunda tanda de veneno mediante drones tendrá lugar antes de que se reabra el norte de la Isla Seymour el 8 de febrero tras su clausura en enero. Antes de la reapertura, los responsables colocarán carteles informativos para que los visitantes sepan lo que sucede con la invasión de ratas en la zona.

Hasta que no pasen esos dos años de análisis de las Islas Galápagos, los expertos no podrán afirmar con seguridad que la plaga de estos roedores ha desaparecido completamente. Monitorizando la proliferación de cactus y otras especies, los profesionales podrán saber que el ecosistema se ha recuperado.

Este es uno de los primeros programas en el que los drones se han utilizado para acabar con una especie invasora. Viendo las numerosas ventajas que aporta el uso de estas aeronaves, parece que no será el último y otras organizaciones se animarán a utilizarlos para proteger la naturaleza.