Las nuevas tecnologías (¿alguna vez dejaremos de llamarlas nuevas?) suelen despertar unos sentimientos antagónicos. Vamos, que o las amas, o las odias. Así, es frecuente encontrar gente capaz de expresarse mejor por internet que en persona y el caso opuesto: individuos rara avis que en pleno siglo XXI no solo no tienen perfil de Twitter o Facebook sino que siguen comunicándose con SMS y pasando de WhatsApp.

Aun así, la ascendencia de WhatsApp en nuestra sociedad es innegable: lo usamos para decirle a nuestra pareja que no se olvide de comprar papel higiénico, para quedar con el fontanero, preparar un regalo sorpresa para la abuela… y también para las desgracias.

De hecho, según confirma Telesur, WhatsApp fue la principal herramienta de comunicación durante el pasado terremoto de México. Respecto a otras apps, Twitter fue la red social que generó más volumen de información con tags como #FuerzaMéxico, #FuerteMéxico, #19s, #TuAyudaSíLlega, #Sismo, y Facebook fue la plataforma mayoritaria para compartir vídeos, noticias y contenidos generados por los propios usuarios.

Y es que las redes sociales y WhatsApp nos permiten compartir información en tiempo real entre nuestros seres queridos para informar de nuestra situación y vivencias, y con el nivel tan alto de alfabetización social, no hay otro modo más rápido y eficiente de llegar a buena parte de la sociedad.

Incluso sirve para luchar contra el terrorismo. Además, la nueva funcionalidad de WhatsApp nos permite compartir nuestra ubicación en tiempo real, algo ideal en caso de rescate o para informar de que estamos fuera de peligro.

Este es el rastro de destrucción Huracán Irma a su paso por las islas del Caribe. RTVE

Pero esto también tiene un lado oscuro: la generación y expansión de bulos y noticias falsas. Lo hemos visto en México, pero también en los huracanes que han tenido lugar en el Caribe o los incendios de Portugal, Galicia y Asturias.

¿Qué pasa cuando inicias o mueves un bulo en internet?

Y es que sin ir más lejos, durante los fuegos provocados que asolaron el noroeste del estado español, corrieron como la pólvora rumores sobre cortes de luz y agua, explosiones, desplazamientos de bomberos desde Portugal para sofocar los fuegos gallegos e incluso, encender a la masa social con una inexistente ley De Montes que permitiría rectificar terreno calcinado. Por cierto, una ley que, como explica El Pais, no existe como tal.

Todo lo que hagas en internet podría tener consecuencias

Aunque en muchos casos se trata de noticias catastrofistas buscando magnificar aun más la tragedia y provienen de la exageración y el desconocimiento, otros son bulos orientados a difamar organizaciones o gobiernos concretos, porque ya se sabe la máxima que dice "difama, que algo queda".

Todo esto viene provocado por un sentir tan erróneo como ignorante: el pensar que en la vida 2.0 no hay consecuencias. Algo que en algún momento ha sido cierto, pero que ya se ha visto que cada vez más se va a legislar en internet. Sin ir más lejos, en España ya ha habido causas legales contra personas que atacaban a otras en redes sociales o hacían apología de la violencia o del terrorismo, como cuenta El Mundo.

Así que sí, la ley está tomando cartas en el asunto para que tanto los ataques como los bulos dañinos tengan repercusiones legales. Pero no solo es un tema de justicia: en Facebook se está intentando luchar contra las noticias falsas mediante algoritmos que los detecten y suspensiones de perfiles en base a ello, como detalla El País.

¿Y qué pasa con WhatsApp?

Para bien o para mal, WhatsApp es otra historia. Su función no es de red social, sino de app de mensajería, por lo que la confidencialidad se le presupone, así como un encriptado que la hace una de las aplicaciones de comunicación más seguras que existen. Pero eso no significa que tengas total libertad para difamar, mentir, acosar… en absoluto.

En primer lugar, debería ser un tema ético el respeto a otras personas y más en una situación de catástrofe natural, en la que la desinformación y desesperación es generalizada. Es bastante miserable difundir bulos entre personas que están desoladas, confundidas y que lo han perdido todo… Y no, no hablamos solo de cosas materiales.

No hay que confundir la libertad de expresión con la difamación

Hemos hablado antes de Facebook y Twitter, y sus medidas y repercusiones legales que puede suceder ante algo que en la vida real sería un delito. ¿Y en WhatsApp? Pues hemos visto estafas de WhatsApp que son investigadas por las autoridades, pero que no te quepa duda que todo lo que digas en WhatsApp no cae en saco roto.

La impunidad es la misma que en la vida real. Sin ir más lejos, como explican en El País, si tú le dices a tu jefe algo a través de WhatsApp, este podrá usarlo para despedirte.

Pues exactamente lo mismo sucede con un bulo pernicioso: puede ser investigado y que no te quepa duda que tarde o temprano se puede dar con su origen. La Voz de Galicia se hace eco de un bulo que alertaba de terroristas en Galicia que terminó con la iniciadora del rumor detenida.

La difamación es un delito que tiene consecuencias y cada vez más van a ser perseguidas a través de las apps. Como explica ABC, en Alemania ya se está planteando que el difundir noticias falsas sea un delito constitutivo de prisión en función de su gravedad.