Hay ocasiones en las que no podemos evitar sentirnos tristes. Es ley de vida, y nuestro estado de ánimo va cambiando a lo largo del tiempo, creando un baile de emociones, que pueden ser muchas y muy diferentes.

Sin embargo, uno de los puntos más importantes es qué hacemos para cambiar, o simplemente sobrellevar, esos estados emocionales. Puedes luchar contra tu tristeza, intentar hacer alguna actividad alegre, o simplemente comer. Seguro que alguna vez has experimentado un ataque de hambre cuando estabas triste, ¿por qué ocurre?

Una cuestión de neurotransmisores

Tener ganas de acabar con ese paquete de galletas o atacar sin miramientos a un bizcocho de chocolate tiene una explicación científica, que tiene que ver con unas importantes sustancias de las que ya hemos hablado en alguna ocasión, las llamadas "hormonas de la felicidad".

Uno de esos neurotransmisores tiene el control de tu estado de ánimo

Nos referimos a neurotransmisores, que son la base de comunicación entre las miles de millones de células nerviosas que componen tu cerebro, y que pueden modificar desde tu estado de ánimo hasta la forma en la que ves el mundo.

En este caso, y como leemos en Vix, es la serotonina la que nos importa. Esta sustancia es tan importante que una disminución de sus niveles puede propiciar la aparición de enfermedades, como la depresión. ¿Y qué tiene que ver la comida en todo esto?

Aquí es donde entra el juego el triptófano, aminoácido esencial a partir del cual tu organismo crea la serotonina. Este compuesto a base de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno no aparece en nuestro cuerpo así porque sí, sino que tiene que ser tomado del exterior. ¿Cómo? A través de la comida, por supuesto.

Azúcar, aunque no es el único camino

El hecho de que los alimentos sean predominantemente dulces también tiene un motivo. Cuando los niveles de azúcar en tu sangre aumentan, también lo hace la insulina, hormona encargada de tratar toda esa glucosa. Se trata de una cadena de reacciones metabólicas, ya que la presencia de la insulina propiciará el paso del triptófano hacia el cerebro, a través de la barrera hematoencefálica, y aumentando la cantidad de serotonina.

Tu cuerpo sabe lo que quiere, y si pide algo, existe un motivo

Como puedes ver, nuestro organismo es tan inteligente que sabe perfectamente lo que necesita y cuándo lo necesita. Sin embargo, no es buena idea atiborrarse a alimentos tremendamente azucarados cada vez que nos sintamos mal, por lo que te daremos algunos consejos.

Existe otro camino, que pasaría por aumentar directamente los niveles de triptófano y no recurrir a intermediarios como la insulina. Por lo tanto, sólo necesitamos saber qué alimentos son ricos en ese aminoácido esencial. Como apuntan desde Mujer Hoy, tenemos a nuestra disposición una gran variedad de alimentos que contienen la ansiada sustancia, desde carnes hasta frutos secos.

Los cereales integrales, las legumbres, los frutos secos, las alcachofas, los berros, las carnes magras de pollo y pavo, el salmón, el plátano, la piña y el chocolate son buenos ejemplos de lo que podríamos considerar "alimentos de la felicidad". Algunos de ellos, como el chocolate, llevan además azúcar, por lo que su efecto se ve multiplicado. Como dijimos anteriormente, el triptófano no puede ser generado por tu organismo, por lo que tienes que adquirirlo siempre del exterior, tenlo en cuenta.

Esenciales y difíciles de conseguir

Sin embargo, el triptófano no es la única sustancia que sólo puede llegarnos desde el exterior, sino que existen otros 8 aminoácidos esenciales que necesitamos para vivir. Como leemos en MedlinePlus, la histidina, la isoleucina, la leucina, la lisina, la metionina, la fenilalanina, la treonina y la valina son igualmente importantes.

Hasta lo más trivial puede explicarse con la ciencia

Por lo tanto, ten muy presentes las dos conclusiones a las que podemos llegar tras lo visto. Por un lado, muchas de las conductas que llevamos a cabo aparentemente sin motivo tienen una explicación científica. Por el otro, una alimentación variada es muy importante, ya que necesitamos sustancias que nuestro cuerpo no es capaz de producir.