A pesar de que el Amazonas es conocido como "uno de los pulmones del planeta" –aunque esto no es del todo cierto– hace años que está en un peligro cada vez más flagrante. Cada vez más sectores están contribuyendo a su deforestación: la industria de la madera, agricultura, de extracción de petróleo mediante fracking y las excavaciones mineras están suponiendo un peligro enorme no solo para el balance de oxígeno generado y CO2 recogido, sino también para la fauna local. La Guayana, uno de las zonas donde más presencia tiene la minería de este preciado material, es un refugio natural de numerosas de especies raras en peligro de extensión.

La minería de oro, de hecho, se está convirtiendo en una de las actividades más peligrosas realizadas en el Amazona: un nuevo estudio determina que, una vez se ha establecido una mina en una zona forestada, no vuelve a establecerse ni vegetación ni árboles en el mismo lugar.

La minería de oro en el Amazonas es unas de las causas más importantes de la destrucción del bosque tropical
Los métodos de minería de oro usados en el Amazonas impiden que la reforestación natural en esa zonas durante muchos años tras la actividad industrial

Al contrario que otros estudios realizados en el Amazonas que analizaban las consecuencias de la minería en los alrededores del río, este nuevo estudio fue realizado en tierra y no mediante imágenes captadas mediante satélites, por lo que los resultado son aún más precisos y, por lo tanto, más devastadores. «La minería de oro genera consecuencias mucho más duraderas en los bosques que otros métodos de deforestación», explica Michelle Kalamandeen, una de las investigadores del estudio, estudiante de postgrado de la Universidad de Cambridge.

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Un nuevo estudio nos muestra cómo está afectando la actividad minera en el Amazonas

El estudio ha analizado zonas en las que la minería no ha estado presente en los últimos años; algunas veces ni siquiera se encontró ningún síntoma de recuperación tras tres o cuatro años. Sin embargo, ni la vegetación ni los árboles han recuperado el lugar. Apenas se ha mostrado signos de recuperación alguna tras casi un lustro sin actividad minera. El mismo estudio determina que solamente por este motivo el Amazonas está dejando de recoger anualmente unas dos millones de toneladas de CO2, a lo que hay que sumar el dióxido de carbono generado por la propia deforestación.

La minería de oro ilegal a pequeña escala también supone un gran problema añadido

Este estudio muestra que los bosques tropicales se ven fuertemente impactados por las actividades mineras, teniendo poca capacidad para regenerarse por sí mismos tras la actividad minera

Uno de los motivos por lo que esto ocurre es por el estado del suelo tras esta actividad industrial: aquellas zonas donde se ha llevado a cabo la minería se acumulan grandes cantidades de mercurio, hasta 250 veces más de lo normal –debido a los procesos de minería, se usa este mineral, así como cianuro, para la extracción de oro–, igual que bajas cantidades de nitrógeno. Sin las cantidades de nutrientes suficientes, es necesaria una reforestación activa por parte de los humanos. Pero no solo la minería reglada es un problema: la minería ilegal también supone gran parte de este- Solo en la Guayana se estima que hay entre 8 y 10 mil mineros ilegales –conocidos como garimpeiros–.

El mercurio se usa en la minería para separar el oro de la tierra, pero es altamente contaminante
Se estima que un tercio del mercurio generado por actividades humanas proviene de la minería ilegal a pequeña escala

Además, hay muchas evidencias que hacen creer a los investigadores que el mercurio se está expandiendo a los alrededores de las zonas donde estuvo presente la minería. Por lo tanto, no solo se afecta directamente al área directamente usada, sino a las colindantes. No obstante, el resultado no es tan devastador en estas zonas: a pesar de que la acumulación de biomasa sigue siendo más baja de lo habitual, sí que había más cantidad que en las zonas directamente minadas.

Al mismo tiempo que se producen desastrosas consecuencias climáticas, el mercurio contamina fuentes de alimentos de indígenas y comunidades locales que viven en torno a estas zonas, afirma Kalamandeen en una publicación. Una vez el mercurio acaba en el río, este acaba impregnando toda la cadena trófica, causando finalmente alteraciones neurológicas y defectos de nacimiento tanto en humanos como en animales.

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Lo "bueno" es que el suelo no se ve tan afectado por las gigantescas cantidades de mercurio encontradas -hasta 250 veces más en proporción–, sino que la principal causa es la falta de nitrógeno, lo que puede ser solucionado mediante la introducción manual de fertilizantes. «Esto muestra que planes de reactivación cuidadosamente establecidos pueden ser críticos con respecto a esto». No obstante, esto no quiere decir que el problema del mercurio sea baladí.